Cada 12 minutos se denuncia un atraco en Bogotá

Mientras la mayoría de delitos tienden a la baja, el atraco sigue en aumento. A las nuevas estrategias de los ladrones se suma un déficit en el pie de fuerza y fallas en la justicia para castigar a los reincidentes. ¿Qué hacer?

Al día 116 ciudadanos son atracados. Archivo El Espectador

Casos como el de una usuaria de Transmilenio que fue herida con arma blanca cuando intentó huir de un asalto, o el de un camarógrafo agredido con un picahielo en similares circunstancias, evidencian la violencia con la que pueden actuar los ladrones. En promedio, cada 12 minutos se denuncia un atraco en la capital. Según cifras de la Policía de Bogotá, al 31 de julio 24.542 personas denunciaron haber sido asaltadas, 2.422 más en comparación con el mismo período de 2016, lo que representa un aumento cercano al 10 %. Sin embargo, la cifra podría ser mayor si se tiene en cuenta que el 54 % de las víctimas prefieren guardar silencio.

Mientras otros delitos disminuyen, ¿a qué se debe que el hurto a personas esté aumentando? En opinión de John Anzola, analista e investigador en políticas públicas de seguridad ciudadana, se debe a la complejidad misma del delito y a las estrategias para hacerle frente. Mientras los homicidios o las lesiones personales son focalizados en puntos críticos, los ladrones constantemente están cambiando de escenario una vez son detectados, lo que dificulta su identificación.

“Si un ladrón empieza a ver que pasa con más frecuencia la policía, se desplaza y empieza a buscar nuevos sitios”, señala Anzola, quien advierte que el nuevo escenario al que se han volcado es el transporte público, en el que ocurre uno de cada cinco robos. “La gente se siente cada vez más insegura en Transmilenio o en el SITP y es porque la delincuencia se está pasando a estos sistemas”, agrega.

La dificultad no solo obedece a que el delito migre o a que los delincuentes ideen nuevas formas de robar. El déficit en el número de uniformados también acentúa el problema. Según la Alcaldía, Bogotá tiene 234 policías por cada 100.000 habitantes, mientras que ciudades como Tunja, Popayán o Bucaramanga tienen 600. A esa cantidad hay que restarles aquellos que están en oficinas, incapacitados o en vacaciones.

En Bogotá solo hay 2.300 policías por turno en el Plan de Vigilancia por Cuadrantes, que son los que atienden delitos comunes. A pesar de que ha mejorado la inversión en seguridad, seguimos con un rezago gigante. Y estos robos, que son sencillos, requieren mayor presencia de la policía”, dice el concejal Daniel Palacios (Centro Democrático), quien reclama mayor presencia policial, no solo en Transmilenio, sino en parques y entornos escolares, a donde también se ha desplazado la delincuencia.

Aunque el Distrito reconoce estos hechos, para Daniel Mejía, secretario de Seguridad, la principal razón para explicar el aumento en el hurto a personas se traslada a otra orilla: la reincidencia criminal y las fallas en la justicia, que permiten que un ladrón capturado quede libre en pocas horas.

Según la Fiscalía, el 55 % de los delincuentes capturados este año (cerca de 3.500) son reincidentes. Al quedar libres salen empoderados y convencidos de que nada les va a pasar. Esta no puede ser la política criminal. Se requiere que los detenidos paguen penas ejemplares. De lo contrario, el mensaje es que el crimen sí paga. Así es difícil la lucha contra la delincuencia”, manifiesta el funcionario.

¿Qué hacer?

Según el investigador John Anzola un primer paso es el autocuidado, es decir, “no dar papaya”, en especial en sistemas de transporte; que la ciudadanía denuncie más, para que haya un registro real, y que las autoridades implementen más tecnología. Aunque demanda una gran inversión, dotar de cámaras de seguridad al transporte público permitiría identificar a los criminales y disuadir su actuar.

“Ponerles cámaras a todos los SITP es complicado, pero sí valdría la pena hacerlo en los articulados de Transmilenio o, al menos, en rutas críticas. Es focalizar la acción”, declara Anzola, quien también insta a evaluar periódicamente las estrategias, dado que las autoridades tienden a “casarse” con sus medidas sin tener en cuenta los cambios de los delincuentes en sus formas de robar.

Por su parte, desde el Concejo proponen que el pie de fuerza disponible se enfoque en las localidades más afectadas por el hurto a personas (Suba, Kennedy o Chapinero) y que unidades de inteligencia de la Policía redoblen esfuerzos para dar con las estructuras detrás del delito, sumado a un plan de choque en Transmilenio.

Finalmente, desde la Secretaría de Seguridad insisten en la necesidad de que la justicia adopte medidas para que los delincuentes no queden libres pocas horas después de ser detenidos. El secretario Mejía aboga por más cárceles, “que tengan verdaderos programas de resocialización y que cumplan con los estándares de derechos humanos, lo que permita poner a buen recaudo a los ladrones”.