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hace 8 horas

Caen "ollas", pero crece el consumo

A pesar de la expropiación y la destrucción de inmuebles que fueron expendios de droga, preocupan las nuevas dinámicas de venta y el incremento del consumo en Bogotá.

El presidente Juan Manuel Santos, el alcalde (e) de Bogotá, Rafael Pardo, y el director de la Policía, Rodolfo Palomino, madrugaron para anunciar la expropiación y destrucción de 92 viviendas en el país que servían como “ollas” o expendios de estupefacientes y que eran focos de inseguridad en los barrios. La primera fue en la localidad de Suba, donde demolieron una casa que desde 2008 había sido identificada como expendio y que, pese a los constantes allanamientos, seguía operando. Lo mismo se ordenó para otros inmuebles en esa localidad y en Kennedy y Usme.

A pesar de la acción, que envía un mensaje claro a quienes usan sus casas como expendios, hay una preocupación mayor: el consumo de drogas en Bogotá va en aumento y los “ganchos”, como son conocidos los encargados de su distribución en los barrios, han cambiado en los últimos meses sus dinámicas para mantenerse fuera del alcance de las autoridades mientras buscan nuevos clientes.

De acuerdo con profesionales que han estudiado el microtráfico en la capital del país, detrás de las medidas de ayer hay una cuestión mucho más compleja que requiere acciones que trasciendan las demoliciones de inmuebles. Así lo señala Rubén Darío Ramírez Arbeláez, director del Centro de Estudios y Análisis de Convivencia y Seguridad de la Secretaría Distrital de Gobierno. Según dice, los últimos estudios demuestran que en Bogotá hay un incremento en el consumo, especialmente de bazuco, lo cual ha generado una preocupación creciente entre la ciudadanía, que se refleja en el incremento de denuncias sobre los sitios donde operan los expendios, ayuda clave para la Policía en la lucha que libra contra el microtráfico.

“En los últimos seis meses, los ciudadanos, a través de los gobiernos zonales, en los diálogos con la ciudadanía o a través de la línea 123, han revelado la ubicación de 500 centros de distribución de droga. Sin embargo, vale aclarar que el concepto de ‘olla’ viene cambiando. Ahora están acudiendo a la distribución móvil, por ejemplo, en coches de bebé o llevando la droga a domicilio”, dice Ramírez.

Según cifras del Centro de Estudios, en Bogotá existen 22.000 consumidores de bazuco, de los cuales la mitad son habitantes de la calle y jóvenes que cayeron en la red de los ganchos. Además se tiene que la marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo en Bogotá, con 70.000 personas en situación de abuso o dependencia.

A pesar de la labor de la Fuerza Pública, que avanza en las investigaciones para desarticular las principales bandas dedicadas a la distribución de estupefacientes en la capital, las nuevas dinámicas de los traficantes implican un reto adicional: “Las estrategias se tienen que enfocar en la atención de niños y adolescentes, porque los distribuidores quieren tener más clientes cada día y buscan a los más vulnerables. Sin embargo, para evitar su ubicación se han convertido en expendedores móviles. Aquellos que antes operaban en el Bronx se trasladaron a los barrios, donde están buscando sus nuevos clientes”, dice el director del centro.

Prueba de esta amenaza fue denunciada recientemente el secretario de Educación, Óscar Sánchez, quien reveló que 54 zonas de expendio, donde operan casi 200 pandillas, se encuentran cerca a los colegios del Distrito. Además, debido a esta situación, en los últimos ocho años se ha duplicado el consumo de droga entre los estudiantes de colegios.

Lucha constante

Sobre los resultados de la lucha contra los expendedores, se tiene que el año pasado se desarticularon 22 bandas y en lo corrido de 2014 van cinco. A esto se suman investigaciones contra grupos identificadas como Armagedón, Paraíso, Mechipintados, los Paisas, Plazas, Cuestas, Rastas y los Zorreros.
En Bogotá se han identificado 26 grupos de distribución, que cuentan con pequeños dominios y que están repartidos por todas las localidades de Bogotá, siendo Kennedy, Suba, Engativá, Usaquén, Los Mártires, San Cristóbal y Ciudad Bolívar las más afectadas. De igual forma, estas mismas localidades son las que concentran la mayor cantidad de “ollas” y problemas de consumo.

De acuerdo con Ramírez Arbeláez, la demolición de antiguos expendios puede ser algo disuasivo, aunque evidentemente mediático. Aclara que lo importante detrás de estas acciones es identificar quiénes están multiplicando las “ollas” aprovechándose de la gente de escasos recursos, al igual que la necesidad de respetar el debido proceso a los propietarios que alquilan sus casas de buena fe sin saber que éstas terminan convertidas en sitios de distribución. Sin embargo, la verdadera estrategia debe apuntar a fortalecer la lucha contra los nuevos frentes que cada día abre el microtráfico.

 

 

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