La caída

Entrenado desde niño para ejercer el poder, su mandato iba a ser la plataforma hacia la Presidencia, pero el sueño se truncó.

-Si usted comprando 50 votos puede salvar a la ciudad de caer en manos de alguien capaz de comprar 50 mil votos, ¿lo haría?

- Sí. No lo dudo.

Acaso fue un Samuel Moreno un poco menos arrugado y todavía con algo de gris en la cabeza que luego se volvió totalmente blanca el que, en un debate de candidatos a la Alcaldía de Bogotá, hace cuatro años para esta época, dio la particular respuesta. Un hecho que levantó toda clase de polémica, pero no impidió que a la postre resultara elegido ganador de la contienda con el respaldo de 915.769 ciudadanos, la votación más alta en la historia de las elecciones populares en la capital.

Cuentan que la noche de aquel 28 de octubre de 2007, o acaso haya sido unas noches después, se realizó una cena en casa de María Eugenia Rojas de Moreno, La Capitana, la madre del mandatario electo, la hija del expresidente Gustavo Rojas Pinilla, la fundadora del movimiento Anapo, para celebrar al nuevo alcalde. A la hora del brindis alguien propuso:

- Levantemos las copas por el próximo presidente de Colombia.

Y nadie lo puso en duda. Eso cuentan.

* * *

Samuel Gustavo Moreno Rojas iba a ser presidente de Colombia. Lo dicen quienes manejan los temas políticos. Nieto de expresidente, hijo de excongresista (Samuel Moreno Díaz) y de excandidata presidencial, hermano de exalcalde (de Bucaramanga, Iván Moreno Rojas), desde pequeño fue entrenado para sentarse en la silla de los poderosos.

Llegó al Palacio Liévano luego de cuatro períodos en el Senado, en el momento más estelar de su partido, el Polo Democrático, que venía de alcanzar más de dos millones de votos con la candidatura presidencial de Carlos Gaviria Díaz. En su maleta, la herencia política millonaria del abuelo y al lado el legado que le dejó el mandato local de Luis Eduardo Garzón, también del Polo, quien terminó su Alcaldía con una imagen favorable del 62% y la convicción general de que la izquierda sí es capaz de gobernar.

La luna de miel de la administración, que arrancó el 1º de enero de 2008, duró alrededor de un año. En esos 12 meses el Concejo le aprobó por mayoría a Moreno su Plan de Desarrollo, que se destacó por su propuesta del metro y por la continuación de las principales políticas sociales de Lucho Garzón. Los concejales también le dieron el sí casi unánime al proyecto de acuerdo que le autorizó invertir vigencias futuras en la reparación y el mantenimiento de la malla vial, y la opinión pública le elogió el gabinete en el que resaltaban a Juan Ricardo Ortega (como secretario de Hacienda) y Clara López (como secretaria de Gobierno).

Luego, en los corrillos políticos, comenzaron a escucharse rumores sobre un gobierno a la sombra que administraba los contratos más jugosos. Hasta que un grupo de concejales dijo esta boca es mía y, en una carta pública a Samuel Moreno, hizo referencia a un “cartel que todo lo controla y todo lo decide”. Fue el principio del final.

Todos los medios hablaban de los retrasos en las obras de infraestructura que tenían a la ciudad en un único y permanente trancón. En 2010 se hizo la cesión del contrato que los empresarios Nule tenían en la calle 26. Más tarde se divulgó la grabación de una conversación privada en la que Miguel Nule y el exrepresentante Germán Olano hablaban de comisiones a cambio de contratos millonarios.

Los organismos de control, la Fiscalía y la Corte Suprema de Justicia anunciaron investigaciones en seguida. El escándalo fue bautizado por la prensa como el cartel de la contratación. No hay una cifra definitiva, pero la pérdida de recursos se calcula en $300 mil millones.

En su camino la justicia ha apresado a Iván Moreno, al contralor Miguel Ángel Moralesrussi, a los Nule, a Germán Olano y a varios altos funcionarios que esperan por un juicio. El turno, el viernes pasado, fue para el propio alcalde en la sala 409A del complejo judicial de Paloquemao, en donde a la 1:48 p.m. el juez de garantías Polidoro Bernal anunció que otorgaba la medida de aseguramiento que solicitó la Fiscalía, que le imputó tres cargos.

La escena duró una fracción de segundo: Samuel Gustavo Moreno Rojas miró al techo y su esposa, Cristina González, se llevó las manos a la cara en señal de oración. Ella lloró. Él declaró a los medios: “Podrán matar un sueño de libertad, pero no podrán matar la verdad”. Insistió en su inocencia. En su juicio se sabrá.

Su drama es el de una dinastía, pero también es el de una ciudad que escogió como alcalde a quien su familia creía que iba a ser presidente de la República.

Un alcalde preso que fue absuelto

Las firmas de unos auxilios, que supuestamente había acordado con un grupo de concejales, lo llevaron a prisión. Junto con él cayeron varios cabildantes e incluso dos exsecretarios de Hacienda suyos. La crisis política de entonces es inevitablemente recordada ahora. Juan Martín Caicedo Ferrer fue elegido alcalde de Bogotá en 1990, pero no pudo terminar su mandato por acción de la justicia que, posteriormente, lo absolvió a través de la Corte Suprema de Justicia. Los medios reseñaron en su momento que había suscrito unos documentos en los que, aparentemente, aprobaba $1.600 millones de auxilios a cabildantes. El 25 de marzo de 1992 se convirtió en el primer mandatario local en haber recibido un auto de detención y embargo de bienes. El delito: peculado por apropiación. Él siempre insistió en su inocencia y se sometió con tranquilidad a los procesos en los que fue requerido. La absolución le llegó cuatro años más tarde.