Califican sesiones extras del Concejo citadas por Petro como un "chorro de babas"

El concejal Antonio Sanguino asegura que si no fuera por los comerciales en los cuales Petro defiende las “virtudes” del endeudamiento se pensaría que convocó a extras para “hundir sus propios proyectos”.

El Espectador

El cabildante Antonio Sanguino calificó las sesiones extras del Concejo de Bogotá citadas por el alcalde Gustavo Petro en el mes de abril como un “chorro de babas”. Señaló que si no fuera por los comerciales de televisión que aún se emiten en las principales cadenas, en los cuales el alcalde Petro pide la derogatoria de la valorización y defiende las “virtudes” de un endeudamiento al tope de la ciudad, se podría pensar que convocó las “extras” con el único propósito de provocar el hundimiento de sus propios proyectos.

“El Gobierno Distrital tiene en la valorización y el cupo de endeudamiento dos temas cruciales en su agenda gubernativa. En el primero, está obligado a desactivar una bomba de tiempo a punto de estallar por cuenta del cobro de dicha contribución que miles de ciudadanos sintieron como injustos, sin que ello signifique sacrificar la cultura tributaria de los bogotanos o propiciar un detrimento patrimonial. Y en el segundo, contar por fin con una razonable y técnicamente justificada autorización de endeudamiento que le permita contratar inaplazables obras de movilidad para la Capital”, dijo Sanguino.

El concejal indicó que si Petro quiere gobernar “se equivocó de cabo a rabo. Y si lo que buscaba era librar otra batalla en su declarada guerra contra el Concejo, me temo que tampoco puede cantar victoria. Porque no resulta sensato que las sesiones extras estuviesen rodeadas de una permanente convocatoria suya, de su movimiento y de empleados del Distrito, a manifestaciones y plantones contra la Corporación que debía aprobarle sus iniciativas”.

En este sentido, agregó que “convertir la lucha contra la corrupción, que no es patrimonio exclusivo del alcalde y del Progresismo, en un instrumento de presión para doblegar al primer poder público de la ciudad y lograr la aprobación de sus propuestas sin modificación alguna, revela una inmensa torpeza. Sobre todo cuando se vio muy escaza movilización ciudadana, y sí mucho funcionario capando sus obligaciones laborales y contractuales por hacerle caso a su jefe”.

Al interior del Concejo, dice Sanguino, “el Gobierno Distrital también jugó erráticamente. Sin secretarios de Gobierno y de Movilidad, la interlocución con el Cabildo entraba debilitada. Y la directora del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), María Fernanda Rojas, y el secretario de Hacienda, Ricardo Bonilla, que hacían sus mejores esfuerzos, deslucían por su nula capacidad de concertación”.

Sanguino puntualizó en que mientras los ponentes de valorización proponían fórmulas para salvarla, convirtiéndola en una de beneficio general que permitiera financiar un paquete de 15 obras viales y proponían un listado de otras 18 obras para ser financiadas por cupo de endeudamiento, “el gobierno prefirió el todo o nada. Incluso, rechazaron la propuesta final de incluir en el proyecto de valorización un artículo que autorizara un cupo por $2.4 billones con destino a la primera línea del Metro, los Metro cables para Ciudad Bolívar y San Cristóbal y la Troncal de Transmilenio de la Avenida Boyacá, como salvavidas frente a un eventual hundimiento del Proyecto del Cupo por falta de tiempo”.