Vecinos del sector denuncian aumento de inseguridad

Canal Comuneros: reviviendo los fantasmas del Bronx

El canal de la calle 6 con carrera 30 es una bomba social a punto de estallar. ONG dicen que quienes controlaban el Bronx ahora instrumentalizan a los habitantes de calle, para cometer delitos. Distrito defiende su trabajo.

En Bogotá, según el último censo, hay 9.538 habitantes de calle, 1.750 de ellos en Los Mártires. / Óscar Guesgüán - Archivo El Espectador

Bajo la glorieta que conecta las troncales de Transmilenio (TM) de la Avenida Caracas y la NQS hay un caño que los habitantes de calle convirtieron en su refugio. El canal Comuneros, ubicado en la calle 6 con carrera 30, se convirtió en una guarida no solo para muchos de los “sintecho”, sino para jíbaros, drogadictos y ladrones del centro, que se hacen pasar por mendigos.

Todo esto, bajo la mirada impotente de los habitantes del sector, que llevan mucho alertando que la zona se convirtió en lo que en su momento fue el Bronx o El Cartucho. El desespero llevó a los residentes de barrios como La Estanzuela, Veraguas, Ricaurte, Santa Isabel y El Progreso a bloquear ayer la operación de TM.

Con pancartas, los vecinos protestaron por la presencia de los nuevos “inquilinos”, pues dicen que gracias a ellos la inseguridad sigue aumentando. Como ejemplo, mencionan los casos de dos jóvenes asesinados en el último mes supuestamente por negarse a darles limosna a habitantes de calle o los permanentes robos en la zona.

Cada vez más peligroso

El canal Comuneros, en efecto, fue el primer sitio al que migraron los expulsados del Bronx. La zona solía ser un sitio en el que se reunían para dormir, guardar pertenencias y consumir sus drogas. Sin embargo, personas cercanas a los habitantes de calle denuncian que detrás del aumento de los delitos está la consolidación de los “sayayines”, quienes controlaban las ollas del centro. Un exhabitante de calle que hoy trabaja en el Idiprón, afirma que los sintecho están quedando, de nuevo, a merced de quienes controlaron el microtráfico.

“El caño es un expendio de drogas al que concurren no solo ‘ñeros’, sino adictos de los barrios vecinos. Los capos del narcomenudeo, antiguos dueños del Bronx y las ollas de San Bernardo, instrumentalizan a los habitantes de calle en la venta droga. También es cierto que los atracadores usan el caño como refugio luego de cometer sus fechorías y por ellos la comunidad estigmatiza a todos los que viven en el caño”, menciona la fuente.

Fray Gabriel Gutiérrez, un sacerdote que lidera la Fundación Callejeros de la Misericordia, denuncia cómo han cambiado las dinámicas en el lugar, al que ya no puede ingresar libremente como lo hacía hace unos meses. Según dice, esta semana fue al canal y lo que encontró lo dejó sorprendido. “Este lugar se ha convertido en una verdadera olla. Es deprimente, las personas están en un infierno. Vi muchos venezolanos y otra gente nueva, y no encontré a muchos de los que conozco. Es un grupo bastante grande”.

Gutiérrez agrega en su denuncia que en el año se han hecho más de cuarenta intervenciones contra los habitantes de calle y aun así el fenómeno continúa. “Los métodos de intervención han sido fallidos. No han entendido que esto no se erradica con violencia, sino con acciones legales y humanitarias. Hay que cambiar el método de intervención y revisar las políticas públicas para atender el fenómeno”.

Los operativos continuarán

El Distrito defiende la labor que ha hecho en el canal y, según funcionarios consultados, los operativos se realizan desde que finalizó la intervención en el Bronx. En la zona, dicen, a pesar de las críticas de la comunidad, hay un trabajo permanente que combina aspectos sociales, de seguridad y de prevención.

Raúl Hernando Esteban, alcalde de Los Mártires, localidad donde está ubicado el canal y que mayor presencia de sintecho tiene, dice que han conformado un grupo interinstitucional con la Policía, la Alcaldía Local de Puente Aranda y las secretarías de Integración Social y Seguridad, en el que prima la identificación de ciudadanos requeridos por las autoridades y la oferta institucional basada en los centros de acogida, a los que solo pueden llevarlos si ellos aceptan.

“En los hogares, los habitantes de calle pueden tener la permanencia que ellos quieran. Días, semanas y hasta meses, si se acogen a los planes de desintoxicación. Los operativos los hacemos semanalmente para limpiar camas, cambuches y sofás. También controlamos la venta de sustancias psicoactivas y la Policía verifica, porque hay algunos delinquiendo”, dice Esteban.

Por su parte, Daniel Mora, subdirector para la adultez de Integración Social, reconoce que hay temor de la comunidad por los homicidios, hurtos y consumo descontrolado, pero dice que el hecho de que estén en el canal complica la acción institucional. “En teoría, la zona es un río y eso dificulta cualquier intervención, porque no es espacio público y es un desafío. La intervención y el trabajo institucional continúan, pero queremos hacerlo más fuerte, con las organizaciones que llevan tiempo trabajando con esta población”.

Como primer resultado de esa articulación con organizaciones como la de fray Gabriel, hoy se realizará una jornada humanitaria en la plazoleta del barrio San Bernardo, contiguo al extinto Bronx, en la que ofrecerán servicios médicos, kits de aseo, duchas y atención psicosocial.

Según datos de Integración Social, en lo corrido del año han atendido a 5.917 habitantes de calle, 2.323 han ingresado a desintoxicación y 618 han culminado con éxito el proceso. También destacan la apertura de tres nuevos centros de atención, que aumentaron en 400 los cupos para esta población vulnerable.

Los funcionarios ratifican que, pese al pedido de las ONG, no se ha contemplado asignar una zona para esta población, pues esto podría revivir lo ocurrido en La L. Así las cosas, la atención a los habitantes de calle continuará como hasta ahora, pero es evidente que ni los vecinos ni las organizaciones sociales están satisfechos con los resultados. La situación en el canal es una bomba social a punto de estallar y, a pesar del trabajo del Distrito, persiste el temor del renacimiento del Bronx.