¡A la carga!

La decisión del alcalde Gustavo Petro de restringir la movilidad de vehículos de carga en plena época Navideña desata una nueva polémica entre los empresarios y su administración.

Según el Distrito, los vehículos de carga están involucrados en numerosos accidentes de tránsito. / Gabriel Aponte - El Espectador
Según el Distrito, los vehículos de carga están involucrados en numerosos accidentes de tránsito. / Gabriel Aponte - El Espectador

En las últimas semanas los asesores y expertos en movilidad del Distrito andaban de reunión en reunión para resolver un problema que año tras año se complica más en Bogotá: los trancones decembrinos.

Con una flota de carros 12% más grande que el año pasado. Con colegios y universidades en vacaciones. Con los bogotanos saliendo día y noche a hacer sus compras navideñas y a participar de reuniones y novenas, la administración debía tomar decisiones efectivas y contundentes.

A medida que avanzaba diciembre —y con él el trancón— el alcalde debía tomar una decisión. Y de ahí que el pasado lunes la secretaria de Movilidad, Ana Luisa Flechas, ventilara en algunos medios —como es usual en esta administración— la “idea” de extender el Pico y Placa para los vehículos privados de la ciudad.

La propuesta del Distrito no alcanzó si quiera a formar polémica, pues en cuestión de 48 horas el alcalde sorprendía a la ciudad con dos decretos: uno ampliamente difundido y otro firmado discretamente. El primero reducía el número de horas del Pico y Placa para los privados —decisión diametralmente contraria a la propuesta dos días atrás—. El segundo prohibía, entre el 17 de diciembre y el 15 de enero, la circulación de vehículos de carga mayores de siete toneladas en la ciudad, de 6:00 a.m. a 7:30 p.m.

Mientras la mayoría de ciudadanos discutían los mínimos cambios realizados por el primer decreto, el segundo comenzaba a generar una poderosa tormenta en diversos gremios de la ciudad, cuyas actividades comerciales dependen en buena medida del transporte de mercancía o materiales en este tipo de camiones.

En cuestión de 24 horas, tanto los teléfonos de la Alcaldía Mayor como de la Secretaría de Movilidad se vieron inundados de llamadas provenientes de las más diversas y reconocidas empresas del país. Almacenes Éxito, Bavaria, Coca-Cola, así como de gremios como Camacol, Asecarga y Colfecar, reaccionaron duramente contra una medida sorpresiva, que no permitiría abastecer a tiendas y supermercados de productos no perecederos. Tampoco permitiría continuar con las obras de construcción ni abastecer gasolineras.

“Funesta” fue la palabra del presidente de Colfecar, Jaime Sorzano. “En un mes tan álgido en la distribución y el surtido de mercancías en todos los sectores económicos, ponen un obstáculo que evita el normal desarrollo del sector”. Sorzano advirtió que la medida paralizará el transporte de carga en el país (muchos camiones atraviesan Bogotá de una ciudad a otra) y hasta amenazaría el abastecimiento de combustible.

Jairo Herrera, presidente de Asecarga, señaló que la medida borra por un mes este servicio público esencial para el desarrollo de la economía del país, lesiona económicamente a todos los actores de la cadena transportadora de carga, llámense industriales, generadores de carga, mercancía de exportación y zonas francas. También se afectan miles de familias que dependen de que puedan trabajar, más en esta época del año.

Camacol, el gremio constructor, declaró a su vez a través de un fuerte comunicado que la medida los obliga a suspender todas las obras durante un mes y cerca de 200 mil personas que dependen del sector se quedarían sin trabajo.

“Esta ya no es una problemática comercial, se trata de una amenaza a la seguridad alimentaria de una ciudad de 9 millones de habitantes. Con este decreto se verá afectado el suministro de las 12.000 toneladas de comida que todos los días llegan a Corabastos y de todas las plantas de alimentos ubicadas a las afueras de Bogotá que necesitan transitar por las vías para distribuir sus productos”.

“Además, la medida causará un impacto negativo en el desarrollo de la ciudad porque no se podrán entregar ni cemento, ni varilla ni los demás materiales que necesita el sector de la construcción”.

“Uno de los impactos más negativos será el de la distribución futura de bienes, pues los supermercados no podrán abastecerse”.

“Que se derogue la norma. Es la única salida posible. También pediremos que nos sentemos a concertar una política unificada para la temporada de fin de año”.

“¿Para qué queremos temporada navideña si no se pueden abastecer los comercios?”.

Fue tal la reacción, que el alcalde Gustavo Petro se vio obligado a recibir a una comitiva de empresarios privados en su despacho, el viernes en la noche, para discutir lo que, a la luz de muchos, había sido una decisión autoritaria y con falta de planeación.

Tanto en la Alcaldía como en la Secretaría de Movilidad aseguran que después de varios días de discusión la decisión se tomó pensando en descongestionar las calles bogotanas sin lastimar el comercio de la ciudad —que se habría visto afectado si se restringía más la movilidad de los vehículos privados—.

“La decisión fue tomada defendiendo los intereses de la ciudadanía”, le dijo a este diario Ana Luis Flechas, secretaria de Movilidad.

Debajo del polémico decreto subyace un asunto más profundo, que venía siendo discutido en la administración desde hace seis meses: ¿qué hacer con los altos índices de accidentalidad y los trancones generados por vehículos de carga, muchos de los cuales, según investigaciones de la Secretaría de Movilidad, no respetan los horarios de restricción?

El diagnóstico que hace la administración Petro es similar a la que ya ha hecho con otras polémicas del año, como la gestión de la recolección de basuras o la operación de Transmilenio: el Estado ha favorecido y tolerado a los empresarios, constructores y transportadores.

Y como es habitual en un alcalde que ha repetido una y otra vez que es “humilde ante el pueblo y altivo ante los poderosos”, firmó un decreto que afecta un gremio que, según le dijo Flechas a El Espectador, “siempre han tenido acceso a las políticas del Ministerio de Transporte, donde hay una participación nula de la ciudadanía”.

Pero como ya ha ocurrido en el pasado, las decisiones del alcalde fueron aplaudidas en el fondo, pero criticadas en la forma. Tanto para el experto en movilidad de la Universidad Nacional, José Stalin Rojas, como para la académica Paula Arias, le medida ayudaría a descongestionar la ciudad y refleja modelos de las principales ciudades del mundo.

Sin embargo, Rojas lamentó el talante “autocrático y no concertado” de la medida. “Los empresarios tenían planeado el suministro de los productos en esta temporada, les tocará ahora contratar más camiones en la noche por cuenta de una medida de un día para otro, que los pone a contratar y aumentar provisiones, y eso tiene unos sobecostos”, asegura.

Prudente o no, efectiva o no, autocrática o no, lo cierto es que el alcalde volvió a generar un profundo remezón en la ciudad. Remezón que llega nada menos que a dos días de asumir la operación del aseo en Bogotá y que miles de bogotanos comiencen a celebrar una de las navidades más agitadas en la historia del Distrito.