Carrera 7ª peatonal se liberó de vendedores ambulantes

En el Concejo de Bogotá destacaron el hecho y celebraron el orden y el control en ese lugar.

Archivo El Espectador

“El orden y el control funcionan. Lo que se vive en la carrera Séptima, entre calles 10 y 13, lo demuestra. Recorrimos una a una las cuadras de este sector por donde era imposible caminar por la presencia masiva de vendedores ambulantes y esta nueva vía es otra. Si no ha ido en los últimos días de este nuevo año, los invitamos a que hagan esta visita”, con estas palabras la concejal Lucía Bastidas celebró que ese corredor vial se haya liberado de la presencia de comerciantes informales.

La cabildante hizo un recorrido por la calle 10, hasta la 13 y aseguró que ya no hay ventas ambulantes, pero sí muchos peatones, que gracias al rescate del espacio público pueden caminar con tranquilidad.

“Asombroso: se ven los avisos de los comercios que funcionan a lado y lado de la carrera Séptima. No vimos habitantes de calle recostados en las puertas de los negocios. También desaparecieron las estufas de gas, el olor a grasa, el humo de comida cocinándose a la intemperie sin ninguna medida sanitaria. El contrabando y la piratería también desaparecieron. Nos llamó particularmente la atención el punto de la carrera Séptima a la altura del parque Santander. Allí también se siente una nueva sensación. Hasta este lugar llegó el control de la Policía. Por primera vez en muchos, muchos años, vimos el parque despejado”, indicó Bastidas.

“Estamos de acuerdo en que el Distrito debe encontrar ayudas para que los vendedores ambulantes tengan opciones de ingresos, pero los peatones no pueden seguir en la trastienda de las decisiones. Está bien que recuperen el derecho a caminar, sin el miedo a tropezarse con puestos de ventas de cualquier cosa ubicados sobre el andén y sin la presencia de la Policía. Está bien que los peatones puedan caminar sin miedo a que entre el tumulto de ventas ambulantes que no dejan espacio para caminar los ladrones les metieran la mano a sus pertenencias y se escabulleran entre el desorden. Está bien que los peatones no tengan que estar sometidos al acoso de los vendedores”, agregó.

Bastidas señaló que los policías que se encontraron en el recorrido contaron que no ha sido fácil. “Muchos vendedores los han atacado con objetos contundentes. Hasta con ladrillos han sido agredidos los policías. Les han botado encima productos de los mismos que venden como jugos, salpicón, masato, etc. Y lo más grave, en uno de estos enfrentamientos un policía resultó gravemente herido de una puñalada. Ellos reiteran que no ha sido fácil despejar el espacio público en este sector, pues los ambulantes no aceptan que el espacio público es un derecho para todos y que no pueden ubicarse donde a ellos les provoca, sin ningún control”.

“También presenciamos una requisa practicada por dos jóvenes uniformados. El requisado asumió un tono provocador, intentando que los policías lo agredieran. Vimos y escuchamos como los insultó, los retó, los increpó para que lo golpearan. No fue fácil, pero los uniformados mantuvieron la calma. Se necesita mucha solidaridad ciudadana, mucha colaboración, mucha consciencia de que el interés general debe primar sobre el particular. Los peatones tienen derechos. Pero deben reclamarlos y aprovechar cuando las autoridades les devuelven la tranquilidad para caminar sin ser agredidos, sin ser asaltados, sin ser perturbados. En estos primeros 18 días los vecinos, los propietarios de almacenes, los transeúntes, han recibido con descanso la labor que se ha emprendido de liberar el espacio público del desorden de las ventas ambulantes en la Plaza de Bolívar y en el tramo peatonalizado de la carrera Séptima”, destacó.

El panorama de la carrera séptima es otro a partir de la avenida Jiménez y hasta la calle 24. Allí las estufas improvisadas con pipetas de gas siguen funcionando entre los peatones; el contrabando sigue en el piso en puestos estacionarios. El desorden sigue imperado. Cuando los policías pasan, los vendedores corren y esperan a que pase la ronda, y cuando se van vuelven a ocupar el espacio público. Sin duda necesitamos medidas más estructurales porque el juego del gato y el ratón entre policías y vendedores no garantiza una tranquilidad y una seguridad estable en el centro, concluyó la cabildante.