En tiempos de pandemia

Ciudad Bolívar, la localidad de las deudas históricas que el COVID-19 agravó

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Esta zona, marcada por décadas por la pobreza y el conflicto armado, representa uno de los retos de atención de la alcaldesa, Claudia López.

Uno de los desafíos de la administración de Claudia López en la cuarentena ha sido la entrega de ayudas en las zonas más pobres. Estos retrasos, que la propia alcaldesa reconoció, se presentaron —según ella— por los procesos de verificación de las familias que hacen parte de las bases de datos del Distrito, para evitar lo ocurrido con el programa Nacional, donde hubo denuncias de irregularidades en las asignaciones de los auxilios.

Esas demoras han generado cacerolazos, protestas e intentos de saqueo en localidades como Ciudad Bolívar. No obstante, según el Distrito, esta localidad ha sido la que más ayudas ha recibido en la cuarentena: 236.000 auxilios (mercados, bonos alimentarios y comida caliente), de los 1,8 millones de ayudas que se han repartido. En transferencias monetarias, hasta el momento, 16.014 familias han recibido la ayuda, solo superada por Bosa (16.848).

Sin embargo, el panorama es más complejo. Esta localidad, al suroccidente de la ciudad, es la quinta más poblada (762.000 habitantes) e integra, junto a Usme, uno de los cinturones de pobreza de la capital. Allí, cerca de la mitad de su población es estrato uno. El resto se divide entre los estratos dos (35 %) y tres (15 %). Según el Sisbén, actualizado a diciembre, allí están 13 de los 100 barrios más pobres de la capital.

Otra de las preocupaciones del Distrito y de la Subcomisión de Vigilancia y Control del Concejo al COVID-19 es que sus barrios, colindantes con Bosa y Soacha, presentan altos índices de densidad poblacional, lo cual aumenta el riesgo de contagio del virus. Los barrios con este peligro son La Estancia, María Cano, Galicia, Ismael Perdomo, Santa Viviana, Las Brisas, Potosí y El Recuerdo. En este último, la semana pasada, un policía hirió gravemente a un joven que protestaba por la falta de ayudas del Distrito.

Ciudad Bolívar, en donde hasta ayer registraba 92 casos por COVID-19 y tres fallecidos, alberga la mayor cantidad de víctimas del conflicto: 32.000 personas provenientes de Casanare, Meta, Antioquia y Chocó. Lily (nombre cambiado por seguridad) llegó desplazada en 2010, desde Buenaventura, y vive cerca de Arborizadora Alta, uno de los focos de las protestas y bloqueos de estas semanas.

“Antes de la cuarentena estaba desempleada, pero le ayudaba a un amigo en una peluquería en Kennedy. Sobrevivimos con lo que me daban unos vecinos, que les llegó una platica. A mi casa apenas llegó un mercado el lunes ”. Ella vive con su hermano y su esposo. Cuando inició el confinamiento, él acababa de conseguir trabajo en un taller de mecánica, en Bosa, y se veía esperanzado, pues supo que uno de los primeros sectores que se reactivarían sería el de mantenimiento de vehículos.

No obstante, todo se agrava cuando se observan los datos de empleo de la localidad. Según la Cámara de Comercio, las localidades con las tasas de desempleo más altas son Usme (13,5 %), Ciudad Bolívar (12,6 %) y Santa Fe (12,1 %). La misma agremiación dice que la localidad tiene una tasa de ocupación del 54 %, dos puntos por debajo del promedio de Bogotá y la cuarta más baja de las localidades.

Una mirada al pasado

Las tierras de Ciudad Bolívar, que fueron propiedad del Virrey Solís durante la Colonia y luego tomadas por herederos de funcionarios del virreinato y grande hacendados, empezaron a ser habitadas en 1950, según información de esa Alcaldía Local. En ese momento, uno de estos terratenientes, “Eliodoro Criollo, construyó hornos para la fabricación de ladrillos y dejó que algunas familias se asentaran en sus tierras a cambio de que trabajaran como obreros de su ladrillera. El trato era que por cada 1.000 ladrillos, él les daba a cambio una cantidad de ladrillos y un lote para que pudieran construir sus viviendas, generando así la aparición de los primeros barrios que ocuparon esas tierras, ”, según la casa de justicia de Ciudad Bolívar.

A raíz del crecimiento caótico de la ciudad y la llegada de campesinos desplazados por La Violencia, nacieron los primeros barrios de invasión de Ciudad Bolívar, que con las décadas se fueron formalizando: Meissen, San Francisco, Buenos Aires y Lucero Bajo, Ismael Perdomo, Barranquillita, San José. Una segunda etapa de urbanización comenzó los ochenta en la parte alta de las montañas, dando origen a los barrios Naciones Unidas, Cordillera, Alpes, Juan José Rendón y Juan Pablo II. A través de un programa financiado por el BID,  nacieron los barrios Sierra Morena, Arborizadora Alta y Baja, asentamientos que generaron polos de concentración de sectores marginados”, según la Alcaldía Local.

Marcada por el conflicto

A medida que Ciudad Bolívar creció, en la segunda mitad del siglo XX, como parte del municipio de Bosa, las Farc empezaron a presentarse, en su plan de expansión hacia la capital. Este ingreso a las urbes se concretó en 1982, en la séptima conferencia de las Farc. Un año después, el Concejo de Bogotá acordó expandir la ciudad hacia Ciudad Bolívar, creando la localidad como un “proyecto urbano, social e interinstitucional, que involucre a todas las entidades del Distrito”. A partir de 1991, el Frente Urbano Antonio Nariño de esta guerrilla se había consolidado.

Sin embargo, a partir de 1998 se empezaron a ver los primeros hombres de las Autodefensas, el proyecto paramilitar que había surgido un año antes, en un escenario de auge del narcotráfico y el comercio de las esmeraldas, según la Defensoría del Pueblo. El Bloque Capital de las Auc fue activado por Miguel Arroyave y Jesús López, alias mi Sangre, teniendo como base de operaciones la cárcel La Modelo, Corabastos, el San Andresito de la 38 y un café aledaño a la Hacienda Santa Bárbara (allí mataron a alias Don Efra). El paramilitarismo se presentó en la pasada década en Ciudad Bolívar por medio de escuadrones de la muerte, que realizaban las mal llamadas “limpiezas sociales”, en las que mataron a líderes de izquierda, periodistas y líderes comunales, entre otros.

El crimen no descansa

Tras su desarme, la herencia paramilitar y guerrillera que quedó en la localidad sostiene un escenario similar al que se vivía hace 20 años, pues hay pandillas y grupos criminales como las Águilas Negras, los Rastrojos, enlaces del Clan del Golfo, disidencias de las Farc y Los Paisas. Este último tiene que ver con personas que pertenecen a las bandas de los Pachelly y el Mesa, que operan en el Valle de Aburrá y más precisamente en Bello (Antioquia). Estas organizaciones, a su vez, tienen contactos con enlaces de carteles mexicanos en Bogotá y el Bajo Cauca antioqueño. Así mismo, los organismos de inteligencia militar advierten la presencia de células urbanas del Eln.

“La tercerización de funciones para mantener el control territorial del narcotráfico de grupos ilegales posdesmovilización de las Auc, en Ciudad Bolívar, Bosa y Kennedy, ha traído mayores vulnerabilidades e importantes afectaciones sobre la garantía de los derechos de sus habitantes, debido a que este control ha significado un aumento en los casos de amenazas, extorsiones, desplazamientos intraurbanos y homicidios sobre la población joven, que se ve inmersa en estas dinámicas a través de la instrumentalización forzada que de ellos hacen con el fin de aumentar la venta de estupefacientes y el control en el territorio”, ha dicho la Defensoría en sus reportes de los últimos dos años.

“A esto, hay que agregarle que varios reincorporados están comprometidos. Esta confluencia de actores armados genera riesgos de reclutamiento, uso y utilización de niños y jóvenes, desplazamientos intraurbanos, homicidios selectivos, amenazas sobre líderes comunales y políticos de partidos en oposición, defensores de derechos humanos, riesgos sobre población socialmente estigmatizada, exguerrilleros y exparas y, en general, a toda la comunidad”, señaló un líder comunitario, que trabaja con el Distrito y pidió anonimato por motivos de seguridad.

Una fuente de seguridad ciudadana de Policía de Bogotá le dijo a este diario que “el crimen no descansa y siempre está buscando formas de lucrarse o ganar terreno, incluso en este contexto de pandemia”. Por ejemplo, según la fuente, este escenario puede ser aprovechados por los líderes de bandas de microtráfico para “ayudar” a la comunidad con préstamos de dinero o regalos de mercados y generar mayor aceptación en algunos barrios e ir ganando zonas en las que operan otros grupos criminales. “Por esto es clave que las ayudas del Estado lleguen a estos lugares, en donde el crimen organizado se puede aprovechar del hambre”, puntualizó el uniformado.

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