“Ciudad mural”: el fin del gris en Puente Aranda

La Alcaldía de Bogotá, empresas privadas y 26 grafiteros, nacionales y extranjeros, aunaron fuerzas para pintar 30 murales en el sector. Los voceros de los artistas callejeros en la ciudad no participaron, por diferencias con el Distrito.

En el evento, que tiene lugar en Puente Aranda, participan 19 artistas nacionales y siete extranjeros. Gustavo Torrijos - El Espectador

La zona industrial de Puente Aranda es, desde hace 60 años, un sector adormecido por cuenta de bodegas y bodegas de plásticos, textiles, químicos y gaseosas. En sus aceras, vendedores informales de bebidas calientes y comida; en sus vías, tractomulas que bostezan; sus muros, pelados y brotados por el moho, están plagados de tags y escudos maltrechos de equipos de fútbol.

Los grafiteros cargan baldes de agua hacia los muros —esto para mezclar el vinilo con el que blanquearán la superficie y removerán manchas de pintura del asfalto—. Bocetean en cuadernos, se encaraman en andamios de cinco metros y agitan los aerosoles.

El objetivo: pintar 30 murales, entre las carreras 53 y 54 con avenida de Las Américas, para recuperar del deterioro un sector que no cuenta con bienes de patrimonio cultural y convertirlo en ruta turística de la ciudad. La intención, tras bambalinas: tender puentes entre la Alcaldía, la empresa privada y artistas para crear zonas donde sea permitido hacer grafitis sin persecución. “Es una oportunidad para que el arte permanezca en el tiempo y no se tape, como sucede siempre”, dice Camilo Fidel López, director de la iniciativa, llamada “Ciudad mural”.

Por su parte, María Claudia Ferrer, directora de Arte y Patrimonio de la Secretaría de Cultura, agrega: “Es una oportunidad para fomentar el arte urbano responsable —es decir, con permiso de los dueños de los predios— y rechazar el vandalismo en sitios de patrimonio”.

Es la primera vez en Bogotá que un polo industrial permite hacer grafitis en su zona. Al menos en esta medida: habrá murales en 3.000 metros cuadrados sobre el rol de la mujer y la constante invasión que padecen los cerros orientales. Los encargados son 26 artistas nacionales y extranjeros.

Entre ellos, London Police, de Reino Unido, el hombre que en 1998 le puso color a varias manzanas descascaradas del centro histórico de Ámsterdam (Holanda). También Pez, de Barcelona (España), cuyos peces sonrientes inundaron los muros de cinco ciudades de ese país. Su obra más reciente fue en Bogotá, donde pintó una casa colonial de La Candelaria, para la última edición de la feria de arte Barcú. La cuota de la localidad correrá por cuenta de PDV, el único colectivo de grafiti de Puente Aranda.

Con la intención de establecer zonas seguras para el grafiti en la ciudad, el primer paso lo dieron en este sector, elegido por varios factores: cuenta con murales tan enormes como agrietados y está cerca de las estaciones de Transmilenio NQS y avenida Las Américas, que facilitará las visitas. Al atraer público esperan contrarrestar la percepción de inseguridad que se vive en sus calles poco transitadas.

Para algunos artistas participantes en “Ciudad mural” no resulta paradójico pintar con permiso. “El día que los murales estén editorializados, el grafiti muere. Y eso no sucede en este el festival. Con esto buscamos que el arte crezca y se quite la marca de criminal. También que los industriales construyan afecto con su sector. Cuando una pared está en blanco, hay silencio. Cuando está pintada, hay empatía. Bogotá necesita conversar más”, apunta López, director del festival y grafitero.

Inconformes

Aunque la idea de la administración es unir a diferentes sectores alrededor de esta actividad artística, los ausentes, paradójicamente, son los representantes de la Mesa Distrital de Grafiti, comité creado en la pasada alcaldía (participan además Idartes y la Policía), para elaborar planes que le abran camino al arte callejero en la ciudad.

Debido a que hay fisuras con la actual administración, los representantes de los artistas en este comité decidieron no participar. Bohz, uno de ellos, sostiene que nadie les avisó sobre este evento. “Sentimos que somos un comodín del Distrito para cumplirle la tarea a un juez, que ordenó reglamentar esta práctica por el caso de Diego Felipe Becerra. No tenemos ninguna incidencia real en las actividades ni convocatorias que organiza la administración”, dice el grafitero.

Catalina Rodríguez, gerente de Artes Visuales de Idartes, dice que el comité no se creó para discutir convocatorias con los artistas y que su rol es, exclusivamente, hacer seguimiento de las acciones señaladas en el Decreto 529 de 2015, como garantizar espacios de expresión.

Lo cierto es que, mientras el Distrito espera medir el impacto turístico y de seguridad en Puente Aranda con “Ciudad mural”, para replicar la estrategia en otras localidades, la comunicación con la mesa de grafiteros, voceros de cerca de 5.000 personas dedicadas a este arte en Bogotá, está rota.