Clara López, por el retorno del Polo

La excandidata presidencial arranca oficialmente su carrera hacia el Palacio Liévano como una fuerte lideresa de izquierda que deberá lidiar con las críticas al pasado reciente de su partido.

Archivo El Espectador

Clara López inscribió este jueves su candidatura a la Alcaldía de Bogotá por el Polo Democrático Alternativo, y oficialmente comienza su carrera por regresar al Palacio Liévano, donde estuvo como mandataria encargada entre junio y diciembre de 2011, después de la suspensión de Samuel Moreno.

Hasta ahora se ha mantenido en los primeros puestos de las encuestas, a pesar de las fuertes críticas de sus competidores por representar al partido del que Moreno hacía parte cuando estalló el escándalo del “carrusel de la contratación”.

Tiene 65 años, es economista de la Universidad de Harvard y abogada de la Universidad de los Andes. En el sector público se ha desempeñado como contralora de Bogotá, auditora general de la República y secretaria de Gobierno de Bogotá en la administración de Moreno. Ha militado en el Nuevo Liberalismo, la Unión Patriótica y el Polo, partido del que es presidenta nacional. Por esta colectividad fue la fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro en las elecciones de 2010 y la candidata a la Presidencia en 2014.

Su carrera por la Alcaldía de Bogotá la emprendió en una coyuntura particular para la izquierda, pues aunque ella hace parte de ese espectro ideológico, es difícil que afinque su estrategia en la promesa de una continuidad sin reparos, sobre todo después del escandaloso gobierno de Moreno (2008-2011), por cuenta del corrupto “carrusel”, y del criticado mandato de Petro (2011-2015), quien sale con una mala imagen que ronda el 60%, según recientes encuestas.

Su discurso ha girado alrededor del mantenimiento de los programas sociales que ha enarbolado la izquierda en Bogotá desde que llegó al poder con Luis Eduardo Garzón (2004-2007), como la alimentación escolar y el aumento de cobertura educativa. Al tiempo, se ha mostrado dispuesta a reaccionar eficientemente ante clamores ciudadanos para que se hallen soluciones a la movilidad y la inseguridad, que no han sido prioridades de los últimos tres gobiernos.

El caballito de batalla sobre el que se vende como buena gerente (una característica que, según sus competidores, también le ha faltado a la izquierda que ha gobernado Bogotá) fue los buenos resultados que alcanzó durante los seis meses que estuvo como alcaldesa designada, cuando remplazó a Moreno en medio de los escándalos de corrupción. Por eso es común escucharla decir: “recibí la ciudad en la peor crisis política y ética de la historia y me dediqué con liderazgo a recuperar la confianza”.

Quienes le disputan la Alcaldía, sin embargo, no creen que sea garantía de cambio. Candidaturas como las de Enrique Peñalosa (Equipo por Bogotá y Cambio Radical) y Francisco Santos (Centro Democrático) están en buena parte basadas en un discurso antiizquierda y antipolista que tiene como referentes la corrupción de Moreno y la ineficiencia e improvisación de Petro.

El mismo Carlos Vicente de Roux, candidato de la Alianza Verde, ha afirmado que el Polo Democrático, y particularmente el entorno de López (en el que figuran políticos curtidos como Jaime Dusán y Carlos Romero, su esposo) “no son garantía de cuidado de los recursos públicos”. Es por eso que a la candidata, en los últimos días, se le ha visto a la defensiva, pidiendo pruebas que demuestren los señalamientos y hablando de campaña sucia.

Estas críticas, no obstante, no opacan la aceptación que tiene entre determinados sectores sociales. No por nada se mantiene en la punta de las encuestas: la de Datexco, conocida este jueves, le da una intención de voto de 20,4% y la ubica en el tercer lugar, aunque con empate técnico con Rafael Pardo y Enrique Peñalosa, que fueron primero y segundo, respectivamente.

Dentro del Polo ganó la consulta interna en la que se escogieron delegados al Congreso Nacional que se celebró en abril pasado, luego de una fuerte disputa con la facción del senador Jorge Enrique Robledo, que hoy está jugado por su candidatura. Fuera del partido, ya recibió el apoyo de la Unión Patriótica, la Alianza Social Independiente y los movimientos indígenas Mais y Aico. Y dentro de la Alianza Verde, como se conoció en las últimas dos semanas, hay una facción que impulsa fuertemente una alianza con ella, que se discutirá más a fondo hacia agosto o septiembre.

Se trata, entonces, de una candidatura fuerte, con una aparente base social que le ha permitido capotear las críticas, aunque cabe esperar que estas se agudicen ahora que la campaña comienza oficialmente.