Combatir la inseguridad en Bogotá: ¿hora de cambiar el enfoque?

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La seguidilla de casos evidencia una creciente sevicia de las bandas criminales, que pasaron de amenazar a asesinar para conseguir un botín. El Distrito reitera con cifras que el tema se ha venido controlando, pero otras voces creen que falta trabajo.

El panorama de seguridad en la capital es complejo. A pesar de que mes a mes el Distrito publica cifras que evidencian una disminución en la mayoría de delitos de alto impacto, la percepción ciudadana es diferente. Esto se debe a que si bien siempre han existido hurtos, hoy los mismos se realizan con una violencia extrema y, al parecer, son perpetrados por bandas más organizadas. La situación preocupa en diferentes sectores y ha revivido propuestas como restringir el parrillero en moto, fortalecer los frentes de seguridad o contrarrestar el porte ilegal de armas, pero todo parece quedar corto ante cada nuevo hurto, tiroteo o asesinato que se registra en la capital. ¿Qué hacer entonces?

El difícil momento que atraviesa la capital se resume en lo ocurrido esta semana. En dos días hubo cinco muertos, producto de tres balaceras en el norte, sur y centro de la ciudad. Además, en la localidad de Ciudad Bolívar se registraron otros dos hurtos que derivaron en la muerte de dos personas más. Sobre los casos, más allá de los registros, hay pocos avances, pues según confirmó el secretario de Seguridad, Hugo Acero, la Fiscalía apenas inició el proceso de investigación.

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De acuerdo con Acero, a pesar de esta seguidilla de casos, como cartera de seguridad, “hay buenos resultados”, que se pueden leer en las cifras. “En términos de hurtos a persona, que incluye celulares y bicicletas, en 2019 ocurrían 350 cada día. Hoy tenemos 224 casos, que siguen siendo muchos, pero trabajamos en disminuirlos”, indica.

Las explicaciones no han sido suficientes para expertos y concejales, y más cuando la alcaldesa Claudia López señala a la migración venezolana como causa principal de esta violencia en los episodios de inseguridad. De hecho, luego de que la mandataria afirmara que “hay una minoría de migrantes profundamente violenta”, desde el Concejo le enviaron una carta rechazando que use la nacionalidad como justificación de la ola de inseguridad. La misiva fue firmada por 23 cabildantes (de 45), incluidos cinco de la bancada de gobierno.

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Para Johan Avendaño, analista en temas de seguridad y políticas públicas, estas declaraciones continuas son un problema de comunicación y se debe soportar con cifras y trazabilidad, para evidenciar la incidencia de victimarios extranjeros frente a victimarios locales. “No se puede ocultar que hay población migrante que está en los círculos delictivos, pero no podemos decir que todo es culpa de ellos. Es más responsable mostrar cifras”.

Además del “regaño” desde el Concejo, también solicitaron al Distrito retomar la restricción al parrillero en moto en toda la ciudad. Concejales como Lucía Bastidas (Alianza Verde) y Álvaro Acevedo (Partido Liberal) consideran que esta puede ser una llave para evitar algunos casos como los de esta semana. “La ola de inseguridad comenzó a cobrar justicia por mano propia y hay pánico generalizado en algunas localidades. Este año nos muestran una leve mejoría en algunos delitos, pero eso no obedece a mejores acciones en seguridad, sino a las cuarentenas. “¿Qué más debemos esperar para que el Distrito acepte que este modus operandi de las bandas se convirtió en un problema que se les salió de las manos y que la restricción al parrillero debe aplicarse de inmediato?”, cuestiona Bastidas.

No obstante, para expertos en seguridad, esa sería una salida inmediata, pero no atacará el fondo. Por el contrario, generaría un choque con los propietarios de motos. Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, considera que restringir el parrillero no da los resultados esperados, pues los delincuentes buscarán otra forma de operar. “Van en dos o más motos, así que en términos generales no se transforma el delito. Es una medida básica, pero hay que revisar otros temas estructurales”.

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Pese a que el experto destaca que Acero, quien antes fue analista de seguridad, dio un gran paso al reconocer que en Bogotá hay grandes bandas delincuenciales (incluso ligadas al narcotráfico), algo que no ocurría en anteriores administraciones, cree que hay cosas que no están funcionando como la inteligencia policial o la relación entre Alcaldía y Policía. “Se han quedado con la expectativa de más policías, pero eso nunca significa más seguridad. Tampoco está funcionando la tecnología, porque hay muchas cámaras, pero no hay un centro de control robusto y eso no da resultado. También son evidentes las tensiones entre instituciones y hay que limar asperezas”.

Otras medidas contundentes que se sugieren son empezar a atacar las causas del delito. Según Avendaño, quien reconoce esfuerzos como los planes por cuadrantes, cree que se están subestimando los hechos reales que están detrás de la delincuencia. Coincide en que hay un gran rezago en temas de tecnología. “Es inexplicable que en pleno siglo XXI no podamos anticiparnos a la ocurrencia de los delitos. Son estructuras sólidas que se comunican a través de medios tecnológicos y no se entiende por qué no se pueden adelantar a la ocurrencia de los hechos”.

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Frente a las críticas, Acero resalta que hacen un gran trabajo en concentrar los esfuerzos en los lugares donde hay más problemas y dice que sí hay un trabajo conjunto con la Policía y la Fiscalía. “Desde finales de 2020 comenzamos a trabajar con los ciudadanos. Fortalecimos 890 frentes de seguridad, además de un acercamiento importante con la instituciones”, concluye.

Por estos días son muchos los capitalinos que se preguntan qué ocurre con la seguridad de la ciudad. Y aunque el tema muchas veces es cíclico, como se vio con la ola de inseguridad a mediados de 2020, cuando finalizó el confinamiento estricto, la mejora de la percepción ciudadana solo se dará cuando se logre contener la violencia en las calles de la ciudad.

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