Con hornos crematorios a tope, Bogotá iniciará inhumación de cuerpos

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Ante el aumento de muertes por coronavirus, la ciudad se prepara para utilizar los 13 hornos con los que cuenta, que tienen una capacidad para procesar 263 cuerpos diarios. Colombia superó los 10.000 fallecidos por la pandemia.

El pico de la pandemia no solo se está sintiendo en las unidades de cuidados intensivos (UCI) de los hospitales de Bogotá, las cuales llegaron este viernes a una ocupación del 89,1%, sino también en los cementerios públicos de la ciudad. El aumento de víctimas fatales por COVID-19 (solo el jueves se reportaron 141 casos), que hoy tienen los hornos crematorios distritales al borde del colapso, llevó a la administración a poner en marcha el plan de contingencia previsto para la fase más crítica de la emergencia.

En principio, la tarea de cremar los cuerpos la atendían en los seis hornos ubicados en los cementerios distritales, los cuales cuentan con una capacidad para procesar 102 cuerpos (trabajando las 24 horas), y tres contenedores con refrigeración, para almacenar hasta 100 cofres fúnebres cada uno, mientras se adelantaba el proceso. No obstante, ahora no solo tendrán que acudir a los siete hornos privados (con capacidad para procesar 132 cuerpos), sino a una medida que era considerada extrema: sepultar los cuerpos de las víctimas de COVID-19 en el Cementerio Central. La decisión evidencia las dificultades que está atravesando la ciudad.

“Hasta ahora esos parques cementerios y estos hornos habían prestado servicios particulares a los negocios que ellos manejan, pero estando en el momento en que estamos, tuvimos que llamarlos a una reunión para sumar esfuerzos y poder disponer de mayor capacidad y atender la demanda que hoy se nos presenta”, señaló Alejandro Gómez, secretario de Salud de Bogotá.

La medida la completaron con la compra que hará la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) de tres contenedores más para almacenar cadáveres. “Dos de ellos serán para los casos de cadáveres no identificados o sin dolientes, personas que mueren en su casa solas, que nadie los reconoce y nadie sabe quiénes son, que toca pasar por un proceso de Medicina Legal”, explicó Luz Amanda Camacho, directora de la Uaesp, a Noticias Caracol.

Sin embargo, pese a los esfuerzos, todo apunta a que estas medidas no serán suficientes. Por esta razón, la administración tendrá también que aplicar la tercera fase de su plan de contingencia: inhumar los cuerpos de las víctimas en el Cementerio Central.

“El lineamiento del Ministerio de Salud dice que si bien sigue siendo elegible en primer lugar la cremación, es posible hacer una inhumación, lo que significa que el cuerpo se puede disponer ya sea en una bóveda o en una tumba en el piso o en la tierra. Por eso la Secretaría Distrital de Salud dispuso de este mecanismo a partir de esta semana, para responder a la demanda”, agregó el secretario de Salud.

Aunque la administración lo muestra como una probabilidad, el empleado de uno de los cementerios fue claro en señalar que “los cementerios ya están colapsados. Ya la Secretaría de Salud tomó la decisión de hacer inhumación, las cuales empezaron esta semana, porque los cementerios del Distrito no dan abasto”.

Y es que las cifras le dan dimensión a la emergencia. Solo el jueves 30 de julio se confirmaron 141 fallecidos por COVID-19, a los que se sumarían víctimas de homicidios, accidentes o quienes fallecen de forma natural o por otras enfermedades, es decir, la cifra podría superar los 200 cuerpos diarios, según indicó Gómez. Aun así, desde el Distrito entregaron un parte de tranquilidad en medio de la tensión que produce la noticia.

Según estimaciones de la Secretaría de Salud, en la actualidad el Distrito cuenta con 2.329 bóvedas para inhumar cuerpos de personas adultas y 1.624 para cuerpos de menores. Además, se están haciendo procesos de cremación en otros municipios cercanos a Bogotá, como Cota o Girardot, mediante los servicios privados.

El reto no es menor. Los cuerpos de las personas que fallecen por COVID-19 o sospechosas de haberlo padecido deben pasar por estrictos protocolos de bioseguridad, para evitar el contagio de los funcionarios de las funerarias. La norma indica que deben ser envueltos en una doble bolsa específica para cadáveres (de 150 micras de espesor y resistentes a la filtración de líquidos) y ser lavados en hipoclorito de sodio.

Según indicó el Ministerio de Salud, a los cuerpos no se les practica ninguna autopsia y en lugar de eso se guardan en ataúdes para enviarlos a los cementerios públicos o privados, en donde son llevados al horno de inmediato, actividades que aumentan el tiempo de trabajo y el número de personal requerido para realizar la disposición final de los fallecidos.

“En este momento tenemos que decir con toda claridad que tanto la capacidad de cremación como de inhumación con que cuenta la ciudad es suficiente para la demanda que estamos teniendo”, concluyó Gómez. Sin embargo, vale resaltar, la ciudad apenas está cruzando al pico de la pandemia.

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