Al relleno llega un verdadero tesoro

Con reciclaje, en dos años Bogotá podría comprar a Neymar

Plástico, papel, cartón, vidrio y metales componen el 43 % de lo que llega a Doña Juana. Casi $1.000 millones se entierran a diario. De aprovecharse, en tres años se recogería el dinero para construir los 30 colegios nuevos en la ciudad.

A diario llegan al relleno Doña Juana alrederdor de 6.000 toneladas de residuos. Cristian Garavito / El Espectador

Si se reciclara todo el material aprovechable que botan los bogotanos, en un día se podría generar energía para toda la ciudad, en un mes se reuniría el dinero para construir un colegio nuevo y, en dos años, los $773.800 millones con los que un equipo bogotano podría comprar el pase del futbolista brasileño Neymar. Así de absurdas como suenan son las cifras del material aprovechable que se entierra a diario en la ciudad. (LEA: Los pecados del relleno Doña Juana)

Los datos son dicientes. Sin importar la edad, cada ciudadano produce al día 800 gramos de residuos. (Ver gráfico)  Desde un pañal hasta desperdicios de comida. Son casi 300 kilos al año que, por lo general, van a parar en la misma bolsa. Lo insólito es que al menos la mitad de la basura se puede aprovechar.  (LEA: 20 años de una tragedia que no se supera)

Sumando los residuos de todos los habitantes de Bogotá, según cálculos del operador del relleno, a diario llegan a Doña Juana alrededor de 6.000 toneladas, que es lo que pesan 200 buses de Trasmilenio en hora pico. Según un estudio de la Uaesp, en medio de la basura hay un verdadero tesoro. Contando sólo los productos más atractivos para los recicladores, como metales, plástico, vidrio, cartón y papel, suman el 43 % de lo que llega en los camiones compactadores.  (LEA: El drama de vivir a 200 metros de Doña Juana)

Es decir, a diario se entierran 2.780 toneladas de elementos que, de haber sido separados, se hubieran podido comercializar y, de paso, no se estaría pensando en la necesidad de aumentar la tarifa de aseo. Al convertir estos datos en dinero, según los precios que hoy se paga por cada kilo, a diario se entierran $1.060 millones.  (Galería: Así fue el derrumbe registrado hace 20 años)

La falta de cultura de los hogares a la hora de reciclar tiene a la ciudad más cerca de enfrentar una emergencia. (Ver casos exitosos) Según la CAR, el relleno tiene sus días contados hasta 2022 y, con el crecimiento de la población, su vida útil se está agotando más rápido. No hay alternativas definidas y las que se mencionan en el último estudio hecho por la Universidad Nacional, contratado por el Distrito, aterran: crear otro botadero en el norte, trasladarlo a zona rural de Suba o mandar la basura de los bogotanos a otro municipio. La única que se contempla seriamente y que el alcalde Enrique Peñalosa ha mencionado de manera reiterada es ampliar Doña Juana, lo que implica desatender los justos reclamos de los bogotanos que llevan 30 años padeciendo sus efectos. La alternativa no es lo más conveniente, ni sustentable para la ciudad, según algunos expertos.  (Vea: Así ha cambiado el relleno Doña Juana en 17 años)

Para Cristian Julián Díaz Álvarez, director del departamento de ingeniería ambiental de la Universidad Central, al relleno le están sacando más kilometraje del que tiene, generando graves impactos, como gases de efecto invernadero, lixiviados, deterioro de los suelos y propagación de plagas. “Hay que buscar nuevas alternativas (ver: Energía para un mes). Peñalosa ha dicho que si no es en Doña Juana, hay que sacarle más jugo a Mondoñedo. Sin embargo, no sé qué alcalde va a permitir que Bogotá use sus terrenos urbanizables, de agricultura o de conservación para hacer seguir enterrando basuras”.  (LEA: 631.000 personas esperan indemnización tras el derrumbe en Doña Juana)

Para evitar ese dilema, hay tareas por hacer. Una de ellas es empezar a reciclar y fortalecer a los recicladores, dotándolos de canales adecuados de distribución y la mejora de sus precarios métodos de almacenamiento y transferencia de material aprovechable, para que cada vez sea menos lo que llegue al sitio de disposición.

Si le parece difícil reciclar, puede comenzar por algo: “Las basuras se generan por lógica de consumo, de metabolismo social. Por eso, cuando compre, busque productos con pocos empaques, porque lo que le interesa es el producto y no los empaques. Eso reduce el desperdicio. Hay que aumentar la concientización ciudadana de separación en la fuente, que las personas sepan qué es lo que se puede y se debe separar, y se lo enseñen a sus hijos”, agrega el experto ambiental.

Si se empieza ahora, seguro habrá más tiempo para buscar alternativas antes de tener que cerrar Doña Juana y evitar que el basurero, un día no muy lejano, termine a la vuelta de su hogar.

Energía para un mes

El reciclaje no es la única opción. Aprovechar la basura para producir energía es otra. En Doña Juana se está haciendo a pequeña escala, a través de una planta de biogás que aprovecha el gas metano producido por las basuras. En abril de 2016 se puso en marcha la Central de Generación Eléctrica Doña Juana, para la generación de 1,7 MW/h. Sin embargo, es poco para el potencial que representa toda la materia prima que llega al relleno, que no se puede explotar de forma masiva, porque el operador no es considerado generador de electricidad y, así tenga excedentes de energía, no los puede vender ni transferir.

“Si se quemara tecnificadamente la basura que llega a diario, se podría suplir la demanda de energía de un mes en toda la ciudad. Es una cantidad de combustible desaprovechado, que estamos enterrando. Los plásticos y papeles son excelentes combustibles. ¿Qué hacen países como Japón, Corea del Sur o Singapur? Tienen plantas para el procesamiento de basuras, donde separan lo que se puede quemar en incineradores tecnificados, produciendo energía, que transfieren a la comunidad aledaña. Lo que queda es una fracción mínima de cenizas, que se entierran en rellenos, pero en volúmenes mínimos. No hay lixiviados y se reducen las plagas”, señala el experto ambiental Cristian Julián Díaz Álvarez.

 

Casos exitosos de reaprovechamiento

San Francisco (EE. UU.)

Aprovechamiento: 80%

La ley ordena a todos los restaurantes y negocios a separar sus basuras. Además, a través de una alianza público-privada, la empresa Recology lidera el programa Basura Cero, con el que se obliga a separar las basuras a través de servicios que ofrece la compañía. Los residuos orgánicos son reutilizados como compostaje.

Costo (por hogar): US$15

Holanda

Aprovechamiento: 98%

Bajo la premisa de “evitar la generación de desechos, recuperar las materias primas y producir energía mediante la incineración de los desechos”, se creó una sobretasa por cada tonelada que ingresaba a los rellenos. Se recicla el 80 % de lo que se bota y se incinera el 18 %; sólo el 2 % llega a los rellenos sanitarios.

Oslo (Noruega)

Aprovechamiento: 99%

La basura es fuente de energía en Oslo, por lo que cuando supera la capacidad de procesar sus residuos tiene que importar basuras de otros países para nutrir las plantas que surten electricidad a la ciudad. La planta Klemetsrud procesa al año alrededor de 300.000 toneladas a través de un lector óptico que, dependiendo del color de las bolsas, envía de nuevo los plásticos a reciclaje y los residuos de alimentos para la creación de fertilizantes y biogás que es utilizado como combustible.

Costo (por contenedor de 140 litros): US$40,97

Suecia

Aprovechamiento: 99%

En Suecia, la basura también es utilizada para generar energía. Pero para incentivar el reciclaje se incluyeron altos impuestos a los ciudadanos que no reciclan. Aproximadamente el 50 % de los residuos es reutilizado, mientras el resto va a plantas de tratamiento para producir energía. Hay diferentes camiones recolectores y se implementaron medidas que incentivan el reciclaje.

Costo (básico de aseo): US$120

Mar del Plata (Argentina)

Aprovechamiento: 15%

Implementaron un sistema de recolección, en el que los ciudadanos separa desde la fuente los residuos secos y húmedos. De esta forma se facilita la recolección en la planta de separación de residuos de papel, cartón, plástico y vidrio, que luego venden. Asimismo se construyó una planta de lixiviados y otra de recolección de gas metano, con lo que se reduce el impacto medioambiental del relleno.