Conductores del SITP, en la mira por accidentes

Según Transmilenio, 7 de cada 10 accidentes de buses del SITP ocurren por fallas humanas. Los choferes explican que, aunque no compiten en la guerra del centavo, tienen jornadas largas y les apura terminar rápido sus turnos.

El accidente de ayer ocurrió en el barrio Santa Inés de la localidad de San Cristóbal. / Gustavo Torrijos

El despertador de los habitantes del barrio Santa Inés, en la localidad de San Cristóbal, fue ayer el estruendo del choque de un bus del SITP contra una vivienda de la calle 27A sur con carrera 5ª este. “La casa roja de nuevo”, pensaron quienes viven por allí y han tenido que presenciar, con este, tres accidentes en los últimos dos años. (Lea: Dos muertos y 27 heridos deja choque de bus del SITP contra vivienda)

Eran las 7:00 a.m. y los vecinos, con los ojos aún pegados del sueño, salieron a rescatar a quienes estaban dentro del carro. Por las puertas y ventanas del bus saltaron 38 personas. Hubo, sin embargo, dos muertos: un peatón que estaba en la acera y a quien le cayó un poste de luz encima y un pasajero de 71 años.

Martha Salamanca, vecina del sector, cuenta que, según un pasajero, unas cuadras antes el bus había presentado fallas, pero el conductor se negó a detenerse ante la sugerencia de algunos ocupantes. Diez minutos más tarde, en la loma que está a 10 metros del lugar del accidente, los frenos no le respondieron. Las autoridades investigan.

Charlotte Parra, que vive en la reconocida casa roja, dormía cuando sintió un fuerte ruido y un suave temblor. Se paró a verificar que su abuelo estuviera bien, pues creía, con razón, que de nuevo otro bus había chocado contra la puerta.

Se asomó por la ventana, vio el azul característico de los buses del SITP y bajó rápidamente al primer piso. El vehículo estaba incrustado en los dos locales adaptados allí. Al fondo, un cuerpo irreconocible estaba en el piso.

Ha vivido sus 24 años en la casa roja. Su angustia, desde hace dos años, es la ruta del SITP que viene desde el sector de San Rafael y pasa por la puerta de su casa. Desde que se definió que por allí pasarían buses azules, se han presentado en esa calle tres accidentes: dos en su casa y otro al lado.

Su tía, Karina Aponte, de 33 años, comparte la misma preocupación. Recuerda que el 10 de abril de 2015 otro bus colisionó contra su puerta, aunque en ese momento no hubo heridos. Le preocupa que su cotidianidad se haya inundado de miedo. “Queremos que Transmilenio nos saque esta ruta del barrio. Los buses pueden pasar por la carrera cuarta sin problema. No queremos ser afectados por otros choques y tememos que nuestra vida peligre”, se queja. Y agrega, con risa nerviosa, que justo el día anterior le había comentado a su padre la idea de poner un muro en la acera de la casa.

Varios vecinos lo han hecho y parece que funciona, porque las placas de concreto han aguantado los golpes. Mientras muchos habitantes de Bogotá anhelan un parador del SITP en la puerta de su casa, en el barrio Santa Inés ruegan que el sistema esté lejos.

Además, a los residentes del sector les preocupa la imprudencia de los conductores, que siempre transitan a altas velocidades, sobre todo en la madrugada.

¿Por qué tantos accidentes?

De acuerdo con Transmilenio, en 2016 se registraron 4.602 accidentes de buses del SITP, que dejaron 29 muertos y 1.613 heridos. En promedio fueron 12 diarios. En el 72,3 % de estos hechos la posible causa fue una falla humana. Es decir, en 7 de cada 10 el presunto culpable fue el conductor.

La gente del común, como los residentes del barrio Santa Inés, no se siente segura en esos buses. Las razones son variadas: que los conductores carecen de experiencia y son imprudentes; que los vehículos fallan, o que, si ya no existe la “guerra del centavo”, habrá otros factores que los incentivan a mantener el pie en el acelerador.

Transmilenio explicó ayer, no obstante, que en 2016 fueron capacitados 11.930 conductores de los buses del SITP en jornadas “destinadas exclusivamente a la prevención de la accidentalidad”. Además, cada año estos conductores reciben 40 horas de actualización en generalidades de la operación. Y charlas donde se analizan los incidentes que se han presentado en el sistema y se explican las maneras en que se pudieron evitar.

A pesar de esto, en 2016 los accidentes de esos buses se incrementaron 7 % con respecto a 2015: pasaron de 4.296 a 4.602, de acuerdo con Transmilenio. Los muertos, sin embargo, bajaron de 43 a 29. En su mayoría fueron peatones, motociclistas y ciclistas.

La pregunta es: ¿por qué parece que los conductores de estos carros van siempre de afán, si la guerra del centavo, al menos para ellos, ya terminó? Ya no reciben el dinero de los pasajes y su salario no depende del número de pasajeros que recojan. Eso desincentivó las carreras por recoger más gente en cualquier parte. Las rutas y sus frecuencias las fija Transmilenio y cada empresa operadora debe ceñirse a esos mandatos.

Así, los buses que cubren una ruta deben salir, en promedio, con una diferencia entre tres y cinco minutos en hora pico, y entre ocho y trece minutos en hora valle. Como no cuentan con carriles exclusivos como los articulados de Transmilenio, se exponen a demoras por trancones. Pero como tienen geolocalización, cuando se identifica que dos carros que tienen el mismo destino están muy cerca el uno del otro, se le pide al conductor que debe ir más atrás que regule su marcha.

Por su parte, un conductor del SITP que estaba en el lugar del accidente explicó, bajo condición de anonimato, que las altas velocidades se deben al afán de terminar su jornada laboral y desmintió que los multen por incumplir tiempos, como se ha especulado. Corroboró que muchas veces incumplen las frecuencias por los usuales trancones, pero eso no les preocupa. En cambio, sí los multan por infracciones y por los colados. “Si nos demoramos dos horas más, no importa, porque a Transmilenio solo le interesa que lleguemos a nuestro destino. Lo que pasa es que muchos quieren hacer su recorrido rápido para irse a sus casas”, agrega.

Sobre las fallas mecánicas, manifiesta que son frecuentes porque las revisiones de los vehículos “son mediocres”. Y explica: “Como el sistema de Transmilenio les paga a los operadores por kilómetros recorridos, no les conviene tener un bus guardado varios días, así que las visitas al mecánico son rápidas”.

También se queja de los horarios extenuantes de algunas rutas, pues aunque tienen descansos, no saben qué hacer en ellos porque no tienen lugares adecuados para hacerlo. “Por eso a veces están dormidos en buses parqueados o en el pasto de los patios”, agrega.

Concluye que son necesarias campañas para que la ciudadanía use mejor el sistema. Muchas decisiones que afectan a los pasajeros no dependen de los choferes, pero son ellos quienes reciben los insultos: “Una vez me incapacitaron porque una señora me pegó con su termo y me dejó el ojo morado. Nuestra relación con los usuarios es muy mala y eso tiene que acabar, porque nos afecta a la hora de manejar”.

 

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