En la ciudad se instalarán 5.000 para material reciclable

Contenedores: son incómodos pero necesarios

Aunque el nuevo esquema de aseo obliga a los cinco operadores a ponerlos en toda la ciudad, el problema se ha centrado en que los habitantes no saben cómo usarlos y los ven como un estorbo. El Distrito asegura que sí ha hecho socialización y que reciclar es un deber de la ciudadanía.

El material reciclable va en bolsas blancas. / Uaesp

Mientras en el barrio Muzú, en el sur de Bogotá, los contenedores que instalaron los operadores de aseo sobre la autopista Sur, por lo general, están llenos de escombros, los que están en el centro de Bogotá, sobre la carrera 10ª, pe rmanecen llenos de basura. Ambas imágenes muestran que los ciudadanos no saben o no quieren usar adecuadamente estos dispositivos, que fueron ubicados para evitar la acumulación de basura en las calles y para que la gente empiece a separar desde la fuente de forma sencilla: depositando los desechos en los de tapa negra y el reciclaje en los de tapa blanca.

Sin embargo, es claro que este objetivo no se ha cumplido. En muchos casos, la gente ve los contenedores como cestas gigantes de basura donde tiran de todo. Aunque en primera medida se puede atribuir esta situación a la falta de cultura ciudadana, en la calle alegan que es producto de la poca socialización de los operadores sobre la forma como se deben usar. Debido a este desconocimiento, han surgido otros inconvenientes que no solo han hecho que se pierda su función, sino que ha dificultado la labor de los recicladores.

Por ejemplo, si en un contenedor de tapa blanca no se separan bien los elementos aprovechables o se depositan residuos como ramas o desechos de comida, se corre un alto riesgo de que nada de lo que hay allí adentro se pueda reciclar. En otros casos, si se depositan escombros, estos pueden dañar los soportes de las canecas o los camiones de basura no los podrán alzar por el peso.

De acuerdo con Alberto Uribe, experto en gestión de residuos y director del Departamento de Ingeniería Ambiental de la EAN, una de las razones de esta situación es que en el proceso de contenerización no se hicieron grandes campañas para explicarle a la ciudadanía cómo debía separar los residuos. “Es una tarea pedagógica que no debe parar. A la gente hay que insistirle hasta que aprenda. Es responsabilidad del Distrito hacer lo posible para que su uso sea estandarizado”, señala Uribe.

Una opinión similar tiene Diego Rivera, investigador del Instituto de Estudios y Servicios Ambientales de la Universidad Sergio Arboleda, quien considera que los mecanismos de socialización en los barrios donde se pusieron los contenedores no han sido suficientes: “Es diferente poner un cartel a que una persona vaya casa por casa explicando lo que se puede separar y lo que se debe botar”.

Ante esta crítica, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) aclara que estas campañas de socialización hacen parte de las obligaciones de responsabilidad social de los cinco operadores de aseo, los cuales debían informar a la entidad distrital su plan de comunicación para cambiar los horarios, las frecuencias e instalar los contenedores.

No obstante, agrega, si bien las campañas de socialización no son garantía de que las personas comiencen a reciclar de la noche a la mañana, el Distrito sí invirtió recursos públicos en dos campañas ciudadanas (“Reciclar transforma” y “Yo uso el contenedor”), se pagaron cuatro notas en Noticias Uno y se promovió la separación de residuos a través de dos emisiones del programa Guerreros, con un alcance de casi tres millones de espectadores. Asimismo, a final del año pasado trabajaron con dos influenciadores de Instagram, Carolina Cruz y Lincoln Palomeque, para promover la separación de los residuos. En relación con estas dos campañas, a través de redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram) publicaron 463 contenidos y lograron un alcance total de 768.574 usuarios, es decir, uno de cada 10 bogotanos.

Insuficiente

Los expertos señalan que esto no es suficiente. Uribe afirma que se debe insistir en educar a la ciudadanía en cómo debe reciclar, porque este es un proceso que no se logra de un día para otro. También considera que, si bien la responsabilidad recae en operadores, recicladores y en especial la ciudadanía, el Distrito es el que debe poner las pautas para que se haga un buen uso de los contenedores en la ciudad. “Hay que unificar criterios, ser insistentes, constantes y consecuentes con la política. No puede ser que el Distrito promueva la instalación de más de 10.000 contenedores y se desentienda de ellos”.

Pero esto no es todo. La concejal Xinia Navarro, del Polo Democrático, ha señalado que los contenedores han traído nuevos problemas a los recicladores. Por un lado, se ha empezado una especie de guerra del centavo, ya que no se han establecido frecuencias ni horas para recoger el material. Por el otro, preocupa que para sacar el material aprovechable los recicladores prácticamente deben meterse en los contenedores, pues estos, dice Navarro, no están diseñados para la descarga manual, lo que obliga a usar un mecanismo que la mayoría de organizaciones de reciclaje actualmente no tienen.

“Esta estrategia, en vez de solucionar el grave problema de los residuos de la ciudad, se convirtió en una herramienta que debilita la labor del reciclador de oficio, pues al no existir separación en la fuente, los residuos llegan contaminados a estos contenedores y no les permite aprovechar el material del cual puede obtener su sustento y el de sus familias”, dice la cabildante.

Para el Distrito, no todo ha sido malo. Contrario a lo que denuncia la concejal, asegura que los contenedores sí permiten que los recicladores obtengan los residuos separados. Agrega que se ha trabajado con la ciudad y que los operadores están cumpliendo su tarea social, por lo que piden mayor compromiso de los bogotanos, pues la meta es que la separación del material aprovechable se dé desde la fuente y para ello se necesita la acción de los habitantes, desde su propio hogar. De no ser así, cualquier plan fracasará.