Aumentan niveles en ocho de las doce estaciones de medición

Controlar la polución, asunto pendiente

El informe del Ideam sobre la calidad del aire revela leves mejoras en las estaciones históricamente más contaminadas, pero da las primeras alertas sobre aumento en otras zonas de la ciudad.

Pixabay.

En 1967 se realizaron en Bogotá los primeros esfuerzos por medir la calidad de su aire. No obstante, sólo en 1998 se empezó a hacer un monitoreo ininterrumpido, en sintonía con la preocupación mundial por el aumento de la contaminación atmosférica que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), causa tres millones de muertes en el planeta. Recientemente, el Ideam presentó su informe del estado de la calidad del aire en Bogotá, que deja más preocupación que satisfacción. Pese a que hay reducciones en las zonas históricamente más contaminadas, hubo aumento en otras. (LEA: Bogotanos ahora pueden vigilar la calidad del aire)

En la ciudad hay doce estaciones que detectan la concentración de material particulado suspendido en el aire por cuenta de la emisión humana (industrias, transporte público y quemas de basuras y llantas) o natural (incendios forestales y cambios meteorológicos). Estas actividades generan varios tipos de contaminantes, de los cuales se les hace seguimiento a seis, atendiendo los protocolos internacionales.

Los tipos más comunes, y los que más inciden en la calidad del aire, son el PM10 o partículas que miden hasta 10 micrómetros (la millonésima parte de un metro) y que se encuentran en el humo que expiden las industrias, y el PM 2,5 o partículas con un tamaño de 2,5 micrómetros o menos, y que se encuentra en el humo de los carros. Este último tipo de partículas, al ser las más pequeñas, son las que generan más riesgo para la salud, ya que llegan más fácilmente a los pulmones, causando enfermedades cardiacas o respiratorias.

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Es por esto que el informe del Ideam centra su especial interés en este indicador. De acuerdo con el monitoreo, diez de las doce estaciones de Bogotá cumplen los estándares internacionales que señalan que la concentración debe ser inferior a los 25 ug/m³. Las que se rajan son las estaciones ubicadas en el suroccidente de Bogotá, específicamente la de Kennedy, que llegó a 30 ug/m³ y Carvajal-Sevillana, que según el último monitoreo alcanzó los 32 ug/m³.

Ambas están en el top 10 de las zonas más contaminadas del país, superada por cuatro de Medellín, unas de las ciudades más contaminadas de Colombia. Otra que genera preocupación es la estación de Tunal que, a pesar de cumplir los indicadores, está al límite del estándar internacional, al registrar 24 ug/m³.

Al analizar las cifras con la medición del PM 10, el panorama es más preocupante. En este sentido, hay cuatro estaciones que sobrepasan la concentración permitida a nivel nacional, que es de 50 ug/m³. Se trata de las zonas Carvajal-Sevillana (76 ug/m³), Kennedy (58 ug/m³), Puente Aranda (52 ug/m³) y Suba (52 ug/m³). Según el informe, en estos sectores la concentración de material contaminante puede poner en peligro la calidad de vida de los habitantes. Eso sí, se debe destacar que, pese a este indicador, hay una disminución en Carvajal y Kennedy.

Como queda en evidencia, el sur de la ciudad es la zona más contaminada de Bogotá. Según Óscar Julián Guerrero, investigador de la Subdirección de Estudios Ambientales del Ideam, esto se debe al flujo industrial que se reúne en ese sector de la ciudad.

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“La estación de Carvajal-Sevillana es la tercera más contaminada del país. Alrededor hay una importante actividad industrial; está la autopista Sur, por donde transitan muchos buses de servicio público e intermunicipales, y tiene una cantidad mayor, comparada con otras vías, de vehículos pesados. La avenida Boyacá está muy cerca y en los alrededores hay zonas residenciales donde, en muchos casos, las vías no están todas pavimentadas. También hay actividades mineras, que podrían tener efecto en la calidad del aire”, explica el experto, quien participó en la elaboración del informe.

La Secretaría de Ambiente es la encargada de poner en marcha estrategias para mitigar la concentración de emisiones y su posible efecto en la ciudadanía, por lo que actualmente adelanta controles en las fuentes fijas (industria), pero, sobre todo en las móviles (transporte público), buscando mantener los niveles de emisión de los vehículos que funcionan con diésel por debajo de la norma.

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“Hay operativos en vía para verificar el cumplimiento de los límites de emisión de los vehículos; están el Programa de Autorregulación Ambiental para vehículos diésel y la vigilancia de Centros de Diagnóstico Automotor, para garantizar la correcta operación y la aplicación de procedimientos para la medición de gases en vehículos”, sostiene Óscar Ducuara, subdirector de calidad del aire de la Secretaría de Ambiente.

Para el Ideam, efectivamente las acciones se deben enfocar en el control de las emisiones vehiculares y la renovación de la flota antigua del transporte público. No obstante, el llamado también es para los ciudadanos, que pueden aportar su grano de arena usando medios alternativos para movilizarse.

 

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