A corregir el crecimiento de las ciudades

En las próximas décadas, la ciudad duplicaría su área construida. La situación plantea retos técnicos y la necesidad de crear consenso político sobre la forma adecuada de crecimiento urbano.

Philipp Rode, Joan Clos, Enrique Peñalosa y Peter Calthorpe participaron, en la conferencia inaugural de la Cumbre Mundial de Líderes Locales. / Cristian Garavito

Bogotá está creciendo mal. Al igual que la mayoría de ciudades del mundo, se está urbanizando en desorden. Esa fue una de las conclusiones del taller, en la mañana inaugural de la Cumbre Mundial de Líderes Locales y Regionales, que reunió al alcalde Enrique Peñalosa con tres expertos mundiales en crecimiento urbano. Y aunque se habló de la problemática global, en muchos puntos se evidenció que los retos no son ni ajenos ni particulares, sino compartidos con la ciudad.

Actualmente, la Bogotá metropolitana tiene 2,6 millones de viviendas. Los cálculos del alcalde apuntan a que en 40 años se necesitarán casi el doble. El problema no es exclusivo. De hecho, Philipp Rode, investigador y consultor internacional que dirige proyectos en gobernanza urbana, catalogó la urbanización de las ciudades como el gran reto del mundo, junto al cambio climático. Y es que el cálculo apunta a que mientras en Bogotá se duplicará, en el planeta, en tres décadas, se triplicará el espacio urbano construido. Una proyección que traerá consigo desafíos sociales, ambientales y, entre otros, para los esquemas de transporte público. “El crecimiento debe ser compacto, conectado y coordinado”, esa es la fórmula guía que propone Rode.

Ante ese panorama, Joan Clos, director de Hábitat de Naciones Unidas y exalcalde de Barcelona, cerró las exposiciones haciendo un llamado de atención “sobre el mal direccionamiento de la urbanización en el mundo. Y sobre la necesidad de un cambio radical en el paradigma urbanizador. El de hoy no es ambientalmente sostenible ni asequible, y fomenta las desigualdades urbanas que añaden tensiones a la convivencia en las ciudades. Es necesario, además, revisar el diseño urbano, la segregación y la proliferación de barrios de ricos y de pobres. El modelo de ciudad actual es el de una especializada en territorios de castas sociales y no en la convivencia y la diversidad”.

Clos también adelantó detalles del informe que presentará la semana entrante en Hábitat III, la conferencia que se adelantará la próxima semana en Quito y que él dirigirá. El documento indica que la población mundial se va a doblar en los próximos 30 años, pero la gran urbanización va a suceder en los países en vía de desarrollo. Un panorama que pinta preocupante ante hechos como que el crecimiento de las áreas construidas es más grande que el demográfico. Lo que pone en riesgo, por ejemplo, las zonas agrícolas circundantes a las urbes. Es decir, ese crecimiento desordenado transforma el suelo fértil en urbanizable.

Frenar ese tipo de expansión es el reto de Bogotá. La ciudad está bastante densificada: 8,5 veces más que Los Ángeles y 3,2 más que São Paulo. Por eso necesita nuevas direcciones hacia dónde crecer. En ese sentido, el alcalde Peñalosa expuso el proyecto más ambicioso de su administración: Ciudad Paz, que contempla la urbanización en cuatro zonas: en las laderas del río; en Mosquera; en Bosa y Soacha, y en el norte. En total, se construirían alrededor de un millón y medio de viviendas. Insuficientes aún ante los cálculos del alcalde.

Pero las iniciativas apenas están en el papel. El único que ha empezado a enrutarse ha sido Ciudad Lagos de Torca, la primera fase de Ciudad Norte, que, como explicó El Espectador, el Distrito tiene listo el proyecto de acuerdo que reglamenta la urbanización del borde norte de la ciudad y que contempla que la financiación de vías y de servicios públicos correrá por cuenta de los constructores, que aportarían $3,5 billones.

Sin embargo, más allá de los debates técnicos, hay un obstáculo mayor para implementar los nuevos modelos de crecimiento: la falta de consensos políticos. De ello también es muestra Bogotá, donde las últimas administraciones, enfrentadas en la arena política, chocan en muchas de sus visiones de desarrollo.

Por ejemplo, mientras la apuesta para el crecimiento urbano del exalcalde Gustavo Petro era la densificación de las áreas ya construidas y cercanas a las zonas comercialmente activas, la de Peñalosa ha sido la expansión sobre tierras que hasta hoy han tenido otro destino.

Para Peter Calthorpe, pionero en crecimiento urbano sostenible y cofundador del Congreso de Nuevo Urbanismo, esa es una situación recurrente en el mundo. “Muchas cosas se saben, como la importancia de la recuperación de las laderas de los ríos o que el crecimiento de las ciudades permita espacios sociales, pero no se implementan por problemas políticos. Es necesario lograr consensos sobre las formas de crecimiento: políticas de uso de suelos, de calidad del aire o uso del agua”.

Y Clos va sobre el mismo punto: “Hay que crear alianzas entre grupos sociales, a veces con intereses opuestos, mediante el diálogo. Y convencer, no imponer por decreto ni por vía de la tecnocracia”. Otro desafío para esta administración, cuyas propuestas han sido controvertidas por sectores diversos, desde ambientalistas hasta políticos. El llamado en cuanto al crecimiento urbano fue entonces no sólo a crear modelos ajustados a los nuevos tiempos, sino a lograr unión entorno a ellos y su pertinencia.

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