¿Cuántos votos dan la ciencia y la innovación?

Tres expertos y un político debatieron sobre la necesidad de articular mejor los esfuerzos en estos campos y sobre la falta de compromiso de los gobernantes para incluirlos en su agenda.

Los invitados al debate: Fernando Viviescas, arquitecto urbanista; Mónica Salazar, del BID; Fabio Zambrano, investigador del Instituto de Estudios Urbanos de la Nacional; Diana Gaviria, directora de Connect Bogotá, y Horacio José Serpa, concejal. / Gustavo Torrijos
No por ser la capital del país Bogotá va a la vanguardia de todo. Desde hace 15 años, por ejemplo, se habla de la necesidad de contar con un parque tecnológico de ciencia y tecnología y de un anillo de innovación, espacios en los que empresa, Estado y academia se unan para hacerles honor a esas palabras con proyectos, eventos y desarrollos que le permitan a la ciudad insertarse de lleno en eso que de forma tan abstracta suele llamarse el futuro. Y nada. En Medellín, el Eje Cafetero y la Costa Caribe se han concretado esfuerzos en esta vía, mientras aquí están los planes de desarrollo en los que esas iniciativas quedaron en el papel. 
 
Ayer se reunieron a debatir sobre este asunto una representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un investigador en estudios urbanos, la directora de una organización que promueve la innovación y un concejal. Y para fomentar la discusión, el profesor Fernando Viviescas, encargado de la moderación, preguntó: ¿cómo hacemos para conseguir votos defendiendo la ciencia y la tecnología?, afirmando que los políticos parecen desinteresados del tema. El nombre del debate, de hecho, era: Innovación: deuda política con Bogotá.
 
Primero respondió el concejal. Horacio José Serpa, del Partido Liberal, fue realista: “En Bogotá hay problemas que atraen más la atención de la gente: inseguridad, movilidad, metro y los políticos tienden a hablar más de eso. Además, la gente piensa que la ciencia y la tecnología no tienen que ver con su día a día. Los políticos piensan en obras que los ciudadanos vean, pero el reto está en hacer entender cómo con la tecnología podemos facilitarle la vida a la gente”. Su diagnóstico, por demás, fue pesimista: en el Distrito no hay una dependencia responsable de estos proyectos, así que prima la desarticulación. “Mientras llegamos a tener una entidad que se encargue del tema, podemos buscar que haya responsables en cada entidad”, propuso.
 
Eso de que la apuesta de los políticos siguen siendo las obras que se vean lo ilustró Fabio Zambrano, del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, al hablar del síndrome del faraón: esa necesidad de los gobernantes de construir obras gigantescas, cuando en esta época son necesarias “las infraestructuras invisibles, en donde está el futuro de las ciudades”, y mucho tienen que ver con la innovación, pero no representan moles de cemento.
 
La política, afirmó la representante del BID Mónica Salazar, debe ser el elemento que potencie las iniciativas de innovación, pero “la clave es la coordinación y en Bogotá cada quien camina por donde quiere”. Un punto de partida es tener una Secretaría Distrital para que articule proyectos y mantenga los programas. Ahora bien, sobre la pregunta del comienzo, opinó que estos temas “ni ponen ni quitan votos, y eso es un problema para la construcción de la ciudad del futuro”.
 
Una voz en cierta medida discordante fue la de Diana Gaviria, directora de Connect Bogotá, que promueve la innovación. “Estoy cansada de que todo el mundo diga que no estamos articulados. No es verdad. Tenemos a Probogotá y los esfuerzos que ha hecho la Andi… A Connect Bogotá la integran 55 instituciones entre universidades, gremios y fundaciones. ¡Dígame dónde hay una red de 55 organizaciones que ponen plata todos los años para promover la innovación!”. Aceptó que la ciudadanía desconoce los beneficios prácticos de estos temas, pero hizo énfasis en que al menos la élite, sobre todo la empresarial, cada vez es más consciente de ellos.
 
Buena parte de la responsabilidad sobre el rezago de estos temas en la agenda pública se la achacó a los líderes políticos, de quienes tomó como ejemplo a los candidatos a la Alcaldía. En un reciente foro en la Andi, recordó, “ninguno nombró la ciencia y la tecnología en su propuesta. Todos están preocupados por el hueco, pero nadie en cómo será la ciudad en 15 años. Sin líderes que entiendan esto es difícil que transformemos esta ciudad”. Sin embargo, también hizo un mea culpa: “Es verdad que esto no produce votos, pero también es culpa de nosotros, porque no hemos sabido explicar cómo es que esto puede generar votos”.
 
La sensación que quedó fue la de que, más allá del interés electoral, Bogotá requiere una apuesta política consistente por la promoción de la innovación en ciencia y tecnología, y los encargados deben tener como meta hacer entender que, en el fondo, todo esto sí tiene que ver con la cotidianidad de los ciudadanos. Es tan sencillo como lo dijo el profesor Zambrano: “el objetivo de esto debe ser facilitar la vida”.