Cultivos de alimentos han perdido 43.282 hectáreas

Investigación de la Corporación Cactus muestra por qué han disminuido la tierras dedicadas a productos de pancoger y como esto generaría a futuro una escasez de alimentos. Gobernación dice que trabaja en una política para contrarrestar el problema.

La ganadería, la floricultura y la minería son las principales causas de que en la Sabana se tenga menos producción. / Gustavo Torrijos

Sólo el 8% de la tierra de la sabana de Bogotá se usa para cultivar alimentos . El resto se usa para ganadería, minería o se usa para viviendas. Así lo aseguró el estudio ’Más cemento, menos alimento’, de la Corporación Cactus, el cual alerta a las autoridades y a los ciudadanos sobre la crisis que, según la entidad, hoy atraviesa el departamento en materia de seguridad y soberanía alimentaria, especialmente en la sabana de Bogotá. El informe se dio a conocer en el foro “Derecho a la alimentación y uso del suelo”, realizado el pasado 21 de noviembre y organizado por la Gobernación de Cundinamarca y la Corporación Cactus. Allí se presentaron los tres ejes de la investigación: la producción de alimentos, el uso de la tierra y la propiedad.

La producción de alimentos

Cada vez se siembra menos en la sabana de Bogotá. La información recopilada indica que la producción de alimentos ha perdido 43.282 hectáreas en los últimos 50 años. Cultivos de trigo, cebada y maíz están en vía de extinción y ahora lo único que se cultiva es papa, que se siembra en zonas de páramo, donde está prohibido por la Corporación Autónoma Regional.

Para Alba Gallego, campesina del municipio de Facatativá, la discusión no puede quedarse únicamente en la seguridad alimentaria. “No se trata de pensar sólo en cómo el alimento llega a la mesa de los habitantes, sino también de qué está hecha esa comida. Muchas veces es de multinacionales que la manipulan genéticamente. Ahora, la leche, el fríjol, el trigo no son de acá”, manifestó esta mujer de 45 años.

Uso de la tierra

Si todo se está trayendo del exterior, ¿qué ocurre en Colombia, especialmente en Cundinamarca? ¿En qué se está utilizando la mayor parte de la tierra del departamento, que está acabando con la práctica de la siembra de los campesinos? El informe halló cuatro tendencias que amenazan el derecho a la alimentación en la Sabana. La praderización, es decir, la utilización de parcelas para que los animales se alimenten es la primera de ellas. Hay muchos lotes de engorde que podrían servir para cultivos, pero no es así.

La segunda tendencia identificada fue la ocupación de la floricultura en municipios como Madrid, la cual daña el suelo por los productos químicos que se usan para los cultivos. “Según el DANE, en la Sabana hay 525 fincas productoras de flores que ocupan un área total de 9.202 hectáreas, que se concentran en Madrid, Chía, El Rosal, Facatativá, Funza y Tocancipá. Entre estas poblaciones se destaca el municipio de Madrid, donde hay 73 fincas productoras de flores que ocupan un área de 1.675 hectáreas, cifra que representa el 15% del área rural del municipio”, asegura el informe. El suelo se vuelve poco productivo y nada se puede hacer con él.

La tercera es aún más preocupante: es el uso de la tierra para la minería. Alrededor de 26 títulos mineros, de acuerdo con los investigadores, se han firmado en esta zona entre 2012 y 2013. “El ejemplo claro es el del humedal La Herrera, en el municipio de Mosquera, con la explotación de materiales para la construcción, que ha acabado con este valioso recurso natural”, contó Darío García, investigador de la Corporación Cactus, quien añadió que el gran problema también radica en que las leyes no piden una consulta previa de la comunidad para la entrada de estas empresas.

Por último está el fenómeno de la urbanización de la Sabana, que “se caracteriza por un crecimiento expandido, informal y a favor de las firmas constructoras y del capital financiero que han modificado los usos del suelo a su antojo”, según la corporación.

La propiedad de la tierra

Pero si por un lado llueve, en el otro no escampa. A la anterior problemática se le suma que la mayor parte de la tierra pertenece a unos pocos, y los campesinos, quienes son la base de la seguridad alimentaria, no pueden acceder a ella por sus altos costos. “La estadística catastral muestra una tendencia a la fragmentación de la tierra y un aumento desmesurado del precio de la tierra particularmente en zonas urbanizadas por las clases altas. Sólo en Chía y Cota, el precio de la tierra según catastro ha aumentado en diez años más de 200%”, afirma el estudio. Para la Corporación Cactus, existe una estructura de la propiedad desigual, en la que cabe aclarar que los propietarios no son necesariamente productores de alimentos.

Ante este punto, Alba Gallego expresó que gran parte de la responsabilidad es de las alcaldías y la Gobernación, que no le apuestan a la agricultura como actividad económica principal y permiten que las grandes parcelas sean monopolizadas. “No hay apoyo estatal para los campesinos. Es muy difícil que le entreguen a uno la tierra para trabajar. Hicimos una huerta orgánica en un terreno de la Alcaldía, y cuando ya todo estaba montado decidieron cerrarlo, y se perdió nuestra inversión”.

Una solución lejana

Ante la preocupación expresada por la Corporación Cactus, la Secretaría de Agricultura explicó que la administración ya está trabajando en la construcción de una política pública de seguridad alimentaria, a través de la cual se busca involucrar todas las cadenas productivas y el uso adecuado del suelo. Pero sobre todo profundizar en la promoción de la producción de alimentos para el autoconsumo y algunos excedentes para garantizar la sostenibilidad.

“En 2015 se apoyará a 1.500 pequeños productores y continuaremos con el programa de las huertas caseras. Avanzamos también en el apoyo para el mejoramiento de praderas en beneficio de los pequeños productores de leche”, aseguró Fabio Lozano, asesor de la Secretaría de Agricultura departamental, quien participó en el foro.
Sin embargo, para Diego García, las soluciones de la Gobernación son paliativas y no arrancan el problema de raíz: “Se ha analizado este tema, pero desde una visión relacionada con el acceso a los alimentos y, por ello, la administración no propone soluciones de fondo”.

Para la Corporación Cactus, la solución está en tocar las fibras del modelo de desarrollo. En ese sentido, se deben limitar los crecimientos urbanos y destinar una tierra para la producción de alimentos, la cual sea de propiedad de la comunidad. Pero para que eso suceda hay que trabajar desde ya y empezar a cultivar estas propuestas porque, como dice Alba, “la única herencia que tenemos es la tierra y sus beneficios, que no podemos seguir regalando”.