La Empresa de Acueducto cumple 130 años

¿De dónde sale el agua de Bogotá?

En la ciudad se bombean 23,7 metros cúbicos de agua por segundo, que provienen de seis plantas de tratamiento, las cuales satisfacen a cerca de 10 millones de personas en Bogotá y 11 municipios aledaños. Aunque los recursos son limitados, los planes de expansión garantizarían el servicio hasta 2032.

Uno de los principales estandartes del Acueducto de Bogotá ha sido la recuperación de la zona donde se encuentra el embalse de Chingaza. / Archivo El Espectador.

Cada vez que se abre una llave del agua hay detrás una historia de 130 años. Bogotá cuenta con una red de 8.000 kilómetros de tuberías para la entrega de agua potable a los 2,2 millones de hogares en los que prestan el servicio; 4.000 kilómetros de alcantarillado sanitario y 2.500 kilómetros más para aguas lluvia. Si se extendieran en línea recta, desde la capital, llegarían un poco más allá de Moscú (Rusia).

Estas son cifras que han crecido al ritmo de la ciudad, pues hace 130 años, cuando nació la Empresa de Acueducto, tan solo existía una serie de pilas, a las que los ciudadanos llegaban en burro con sus tinajas, para abastecerse del agua que utilizarían en sus casas. Este sistema era suficiente, pues en la ciudad había 87.700 habitantes y cada casa gastaba alrededor de 25 litros diarios.

Pero todo comenzó a cambiar a finales del siglo XIX. Con la entrega de la administración del Acueducto al técnico Ramón Jimeno y, debido a los problemas sanitarios en la ciudad, se comenzó a trabajar en la instalación de tubos de hierro para llevar el agua directamente hasta las casas, aprovechando que la altura permitía distribuir el líquido por efecto de la gravedad. “Eso quiere decir que las fuentes del agua se definieron en una cota (los metros sobre el nivel del mar) tan alta, que se puede distribuir casi que sin la necesidad de bombearla, lo que hace mucho más eficiente su entrega y más económica su tarifa”, asegura la gerente del Acueducto, María Carolina Castillo.

Posteriormente se pensó en su almacenamiento. Ante la drástica disminución en temporadas de verano del caudal del río San Francisco, del que se surtía la mayor parte de la ciudad, en 1924 comenzaron a construir la primera planta de agua potable (PTAP), llamada Vitelma, con bases en la ingeniería norteamericana y bajo grandes expectativas, pues para 1938 fue la principal obra para suministrar el agua a las 325.650 personas que entonces vivían en el área urbana.

A partir de ese momento y en los siguientes 50 años fueron descubriendo que era insuficiente. Ante el crecimiento desmedido de la ciudad y el aumento de su población (que se multiplicó por 13), obligaron al Acueducto a crecer y a reorganizarse. Se estableció como empresa de servicios públicos del Distrito y tuvo que construir nuevas plantas de tratamiento. Fue así como nació la Wiesner, en el norte de la ciudad, y Tibitoc, en el occidente, convirtiéndose en las dos principales proveedoras del agua para los 4,2 millones de personas que vivían en la capital, a finales de los años 80. Así se conformaron tres sistemas: Chingaza-Wiesner, Norte-Tibitoc y Sur, dentro del que se encuentra Vitelma, que hoy apenas surte al 2,5 % de la ciudad.

El funcionamiento

Aunque dentro de las funciones del Acueducto se encuentra la recuperación y mantenimiento de ríos, canales y humedales, el principal trabajo de la empresa de servicios públicos es la entrega de agua potable y el alcantarillado de las aguas residuales y aguas lluvias. Por eso, desde finales del siglo pasado se comenzó a pensar en las plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR), con el fin de disminuir el impacto contaminante que tiene la ciudad sobre el río Bogotá. Así se construyó la planta del Salitre, que procesa el 30 % del agua que llega al alcantarillado, mientras que en los planes se encuentra la estructuración de la PTAR Canoas, en la que se tratará el resto del agua que desecha Bogotá.

En cuanto al agua potable, los planes siguen siendo de crecimiento en tres frentes. Por un lado, se estructura la licitación para la optimización de Tibitoc, que consistirá en la mejora de los parámetros de calidad del agua, y, por el otro, en Weisner, de donde sale 75 % del líquido que consumen los ciudadanos, se realizan obras para ampliar el caudal y la capacidad de abastecimiento. Además, en el sur se trabaja en mejorar las líneas de conducción, para evitar que haya robo del líquido.

El plan sigue siendo responder a la demanda, que aumenta con el crecimiento de la ciudad, y optimizar la capacidad, pues a pesar de que Bogotá se surte de diferentes cuencas, la capacidad de abastecimiento por ahora está garantizada hasta el 2032. “Con el actual plan de obras manejamos las proyecciones de consumo, hechas con las más recientes mediciones, y tenemos capacidad para abastecer a los 11 municipios que les prestamos el servicio o vendemos el agua en bloque, inclusive proyectando el ingreso de la línea la Mesa - Anapoima ”, dijo Castillo.

Balance urbano - ambiental

Sumado a los planes de mejoramiento de las seis plantas de tratamiento de agua potable, también trabajan en la protección de las cuencas hidrográficas y la sostenibilidad de los planes de ampliación de la ciudad. De acuerdo con Castillo, uno de los principales estandartes de la empresa ha sido la recuperación de la zona donde se encuentra el embalse de Chingaza.

“Entre 1978 a 1983 se optimizó la planta de tratamiento Weisner, con la construcción del embalse. Esto es bien relevante, porque el sitio había sido una mina donde hubo excavaciones y unas cementeras, que le hicieron perder su valor ambiental. Entonces comenzamos a comprar los predios y a hacer la recomposición de toda la capa ecosistémica, biológica y biótica del suelo, por lo que, posteriormente, fue declarada la zona como Parque Nacional Natural y como suelo especial de protección ambiental. Es un ejemplo de recuperación y sostenibilidad ambiental hecha a partir de un sistema de abastecimiento de ingeniería”.

Sumado a esto se realizan trabajos de revitalización de canales, con el fin de tener mayor control de la cantidad y la velocidad del agua que llega al río Bogotá. “Son cuerpos que amortiguan las temporadas lluvias, cuando el índice de pluviosidad es muy alto. Los canales dosifican la cantidad de agua que llega al río, evitando su desbordamiento y mitigando inundaciones”, agregó la gerente.

En el caso específico del canal de Cundinamarca se instalaron estaciones de bombeo, dado que su estructura impide que estos procesos se realicen con normalidad. En otros casos, como el canal de Comuneros, se restauraron las losas que se habían perdido y, ante la presencia continua de habitantes de calle, se realizan constantes limpiezas.

Por último, como una de las principales apuestas del Distrito, se encuentra la recuperación de la conectividad de los Cerros Orientales con el río Bogotá. Ya se comenzó con la intervención del río Arzobispo y los humedales Córdoba y Juan Amarillo. Ahora, el paso a seguir es el más grande y consta de la recuperación del corredor ecológico de la ronda del río Fucha. No es una tarea fácil, pues a largo plazo se espera constituir un sendero ecológico de alrededor de 111 kilómetros, que vaya desde Usme (en el sur de la ciudad) hasta Torca, en el norte.

A fin de cuentas, hoy la empresa de Acueducto atiende alrededor de 10 millones de usuarios, en Bogotá y 11 municipios cercanos. La meta, más allá de la ampliación, ahora consiste en la recuperación de los afluentes y sus cuencas, pues sin la rehabilitación no se podrá garantizar el abastecimiento de agua potable, para mediados de este siglo, ni el sostenimiento ambiental de la capital.

 

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