De Roux le responde a Zambrano

Luego de que Noticias Uno y El Tiempo revelaran las declaraciones entregadas ante la Fiscalía por el exsecretario de Salud de Bogotá, Héctor Zambrano, en el carrusel de la contratación, el concejal Carlos Vicente de Roux da su versión de los hechos.

Carlos Vicente de Roux y Héctor Zambrano. /Cortesía

Excuse el lector que escriba en primera persona pero es que voy a referirme a actuaciones de Héctor Zambrano que, además de ser de interés ciudadano, me atañen muy particularmente.

Zambrano, quien salió mal librado en el informe que suscribí con Petro y Avellaneda sobre el carrusel de la contratación, me ha acusado de hacer tráfico de influencias y ha dado a entender que he robado recursos de la salud. Como político, me corresponde dar cuenta y razón de todas mis actuaciones en relación con lo público –para los políticos no vale la afirmación de Camus de que los inocentes no tienen que dar explicaciones–. Así que voy a darlas, bajo el formato de un pequeño drama. Tendrá cinco actos, de una o dos escenas. Al final de cada acto, haré unos comentarios. Estimado lector: a pesar del formato teatral, lo que sigue es rigurosamente cierto.


Primer acto

Escena primera: Marzo o abril de 2008. Se me presenta en el Concejo la médica Martha Rodríguez Cubillos. Me dice que ha sacado el primer puesto en el concurso para gerente del Hospital de Tunjuelito, que la Secretaría de Salud no siempre escoge al de mejor puntaje y que varias personas en esas circunstancias han presentado tutelas y los jueces las han hecho nombrar. Me pide que ponga de presente su situación al secretario Zambrano para que se tome una decisión acorde a la ley.


Escena segunda: Pocos días después. El secretario va al Cabildo para un debate. Me le acerco y le cuento lo que me ha dicho la doctora Rodríguez. No realizo ninguna otra gestión al respecto.

Comentarios: Estábamos al comienzo de la segunda administración del Polo, y como concejal polista me interesaba que marchara bien. Así que me pareció del caso transmitirle a Zambrano lo que me había planteado la ganadora del concurso. La doctora Rodríguez fue nombrada gerente. Nunca supe qué tanto influyó lo que dije al secretario.
No conocía la trayectoria de la gerente y sólo hablé por ella por lo del concurso y la tutela. Sin embargo, el Hospital de Tunjuelito sería el mejor calificado por la Veeduría Distrital durante el tiempo en que ella lo dirigió.


Segundo acto

Escena primera: Año y medio después, comienzos de noviembre de 2009. Rodríguez me llama para decirme que la Secretaría de Salud entregará recursos de una adición presupuestal a los hospitales del Distrito para cubrir el déficit que siempre tienen a final de año, porque las EPS no les pagan lo que les deben. Pero advierte que el secretario distribuye discrecionalmente el dinero, dando prioridad a los que están en peor situación, así sea a causa de un mal manejo financiero y administrativo.

Escena segunda: Dos o tres días después. Llamo al secretario Zambrano y le transmito la inquietud sobre la necesidad del centro hospitalario de recibir recursos de la adición de 2009. Es mi única intervención sobre el particular.

Comentarios: El Hospital de Tunjuelito responde por la salud pública de más de 200.000 personas de la localidad. Presta atención a decenas de miles de personas sin seguridad social y de beneficiarios del régimen subsidiado que habitan en ella. Por ser de segundo nivel también presta servicios especializados a parte de las localidades de Ciudad Bolívar, Rafael Uribe, Usme y Kennedy. La población beneficiaria es en gran medida de estratos 1 y 2, y se habría visto muy afectada por la suspensión del servicio.


Tercer acto

Única escena: Un año exacto después, comienzos de noviembre de 2010. El informe de Petro, Avellaneda y de Roux sobre el cartel de la contratación en Bogotá es presentado a la dirección del Polo y es hecho público. El capítulo 4º está dedicado al sector salud, que en ese momento manejaba Zambrano. Reseña el caso de las ambulancias y los contratos de construcción de hospitales con Julio Gómez. Menciona el aumento en los recursos distritales para la salud (de $1.1 billones en 2005 a $2.1 billones en 2010). Plantea que varios hospitales subcontratan o dan en concesión, en condiciones desfavorables, servicios que podrían prestar directamente, que compran dotaciones y medicamentos en esas mismas condiciones, y que se endeudan a alto costo con los proveedores. El suministro discrecional de recursos a los hospitales redunda, antes que nada, en beneficios para los contratistas acreedores.

 

Cuarto acto


Única escena: Tres años después, mediados de agosto de 2013. Héctor Zambrano informa a RCN TV que ha declarado ante la Fiscalía contra 18 concejales, por diversos delitos. A mí me acusa de tráfico de influencias.


Quinto acto

Única escena: Un mes después, mediados de septiembre de 2013. El Espectador informa que Zambrano ha entregado a la Fiscalía un documento donde concreta sus denuncias. "Acerca de de Roux contó –según el diario– que solicitaba dinero para el Hospital de Tunjuelito". Dos párrafos atrás se ha indicado que “de acuerdo con el testigo varios de [los concejales mencionados] se enriquecieron ilícitamente a través de comisiones, cuotas burocráticas en hospitales del Distrito o recursos que pedían para manejar la contratación de la salud en Bogotá”. En esas declaraciones Zambrano crea, pues, la impresión de que yo solicitaba plata para meterle la mano a la contratación.


Comentarios: Según el Código Penal comete tráfico de influencias el servidor público "que utilice indebidamente, en provecho propio o de un tercero, influencias derivadas del ejercicio de su cargo". "Indebido" significa desviado, puesto al servicio de malos propósitos, “torcido”, en lenguaje coloquial. Por otra parte, la Ley 1474 de 2011 aclara que los miembros de las corporaciones no incurrirán en tráfico de influencias cuando "intervengan ante servidor público o entidad estatal a favor de la comunidad o región".
Ben Bradlee, director del Washington Post en su época de oro, la de Watergate, escribió que "el Primer Mandamiento del periodismo de investigación [es]: sigue al dinero”. Esto vale también para las investigaciones penales. Así que estoy tranquilo. Nunca controlé, ni orienté, ni intervine en el manejo del Hospital de Tunjuelito ni de ningún otro. No he recomendado a nadie para que haga negocios con los hospitales ni con la Secretaría de Salud, ni con ninguna otra entidad distrital, y no me he lucrado personalmente ni he ayudado a otros a que se lucren en contratos, negocios u operaciones distritales, lícitas ni ilícitas. La ruta del dinero no me toca ni me salpica. Porque lo único que saqué de esto fue la satisfacción de haber ayudado a que el Distrito se evitara un pleito, se respetara el derecho de la doctora Rodríguez Cubillos a ser nombrada directora del Hospital de Tunjuelito y se le evitara a las comunidades de la localidad el perjuicio de verlo paralizado.

Hasta aquí mis comentarios al Acto Quinto. Ahora voy a situar lo ocurrido en un contexto más general y a concluir. Vale preguntarse si conviene que los miembros de las corporaciones, cuyo oficio es producir normas de alcance general y hacer control político a los gobiernos, realicen gestiones ante ellos en casos concretos. La conciencia pública es contradictoria sobre esto. Se sospecha que quienes hacen las gestiones buscan lucrarse o conseguir votos y que llevan a los gobiernos a apartarse del bien general o descuidar los intereses de los no representados. Sin embargo, los políticos que no atienden a la gente de carne y hueso y no le ayudan a resolver sus problemas tampoco son bien vistos, porque se piensa que esa es una de sus funciones.

Yo hubiera podido sacarle el quite a las peticiones de la doctora Rodríguez sobre el asunto del concurso y, más tarde, sobre la adición presupuestal. Y hubiera podido citar a Zambrano a sendos debates de control político acerca de la designación de los gerentes y los salvavidas presupuestales de fines de las vigencias. Pero entre la presentación de un cuestionario de control y la realización del debate puede pasar más de un año. Probablemente la doctora Rodríguez habría puesto una tutela y se habría hecho nombrar e indemnizar, y habría crecido el riesgo de que el hospital de Tunjuelito quedara bloqueado por unos meses.

Hoy se sabe que Zambrano ejercía sus atribuciones con propósitos non sanctos, abusando de la discrecionalidad, para ponerse en mejores condiciones de dar y recibir. Pero hacia finales de 2009 no se conocían sus delitos, y el riesgo de que tomara decisiones inapropiadas parecía deberse a debilidades administrativas enmendables mediante información oportuna. Yo confié en el secretario y le transmití la que me llegó, aunque muy posiblemente ya la tenía.

La cuestión de las gestiones de los miembros de las corporaciones, en general y en casos como éste permanece, pues, abierta, aunque no en el plano penal, donde ya hay claridades básicas.
 

 

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