¿Qué dejó la intervención del Bronx después de seis meses?

Tras clausurar la olla más grande del país, la ciudad enfrentó debates de fondo sobre drogas, atención a habitantes de calle, entre otros. Los retos vigentes: atrapar a los capos criminales y garantizar la renovación del sector.

El 28 de mayo se hizo la intervención del Bronx. /Cristian Garavito

Para los comerciantes, fueron pérdidas; para los habitantes de calle, el detonante de su peregrinaje; para el ciudadano, inseguridad; para las autoridades, un triunfo. Hasta un amague de crisis política y un flanco para criticar las políticas sociales del alcalde Peñalosa. Seis meses después de ese despliegue cinematográfico de 2.500 uniformados en tres cuadras del centro de Bogotá que concentraban un amplio repertorio de acciones criminales, los ángulos de análisis de lo que significó la intervención, el pasado 28 de mayo, son múltiples. ¿Qué era el Bronx para cada uno de los involucrados en la intervención y qué les quedó tras el operativo?

Para las autoridades

Era un foco del crimen, la olla más grande del país. Por eso, las autoridades que participaron en la intervención - Fiscalía, la Policía y la Secretaría de Seguridad- lo mostraron como un triunfo.  La desarticulación se logró tras meses de inteligencia, que incluyó la infiltración de varios agentes en la olla. Cuando llegó el Día D, el 28 de mayo, pudieron tomar el control sin siquiera disparar una bala. Hubo aplausos hasta del presidente Juan Manuel Santos. Pero las críticas no tardaron en aparecer. Los índices de inseguridad de dispararon, sobre todo en el centro. Luego se cuestionó que los jefes de las organizaciones criminales que allí operaban no hubieran sido atrapados. De hecho, de las 20 capturas vinculadas al operativo, solo dos fueron de mandos medios de los ganchos, el resto eran expendedores rasos.

El Espectador reveló, además,  que quienes habían sido capturados y presentados como capos en 2013 (alias “Mosco “y su hermanastro “Homero”) fueron absueltos por un juez. También se puso en tela de juicio el papel de la Policía, pues al menos 15 uniformados que operaban en el centro, entre ellos un coronel, terminaron investigados por sus nexos con grupos criminales de la zona. El reto vigente es atrapar a las cabezas de  los ganchos y explicarle a la ciudadanía el rol de miembros descarriados de la institución en el surgimiento de las bandas que operaban en el centro. A la Fiscalía le corresponde seguir develando la barbarie del sector. En los últimos dos meses,  hallaron tres cadáveres enterrados bajo el concreto de los edificios de la zona.

Para los habitantes de calle

Era un espacio propio. Alberto López, líder de esa población, lo explica así. En esas calles estaban resguardados de las miradas que los juzgan y de la ciudad que los excluye. En el Bronx encontraban una completa oferta de droga, pero también el combinado de sobras de comida con el que trancaban el hambre por $100. Estaban las bodegas donde podían vender su reciclaje y los mercaderes a quienes algunos vendían lo que se robaban. Era también un lugar de interacción social, de los pocos donde podían concretar amoríos o amistades. Para los habitantes de calle, la clausura del Bronx fue el fin del espacio que se amoldaba a su estilo de vida. A muchos los obligó a buscar un nuevo espacio para vivir. Algunos abandonaron la ciudad, mientras que actualmente unos 550 reciben atención en los programas del Distrito. 

 

Para los criminales

Era una república independiente. Allí se consolidaron seis ganchos que incluso tuvieron licencia para desatar guerras internas, con tiroteos, a pocas cuadras de la Casa de Nariño. La ausencia de cualquier autoridad les permitió armar redes en las que traficaban armas, droga, torturaban y hasta explotaban sexualmente a menores de edad. Los testimonios de los pequeños dieron cuenta de lo macabro de sus acciones. Desde allí, expandieron sus tentáculos por toda la ciudad.

La intervención fue un gran golpe en su contra. No volvieron a tener un lugar donde delinquir a sus anchas. Su reto entonces era reorganizarse en otras ollas (en la ciudad se calculan alrededor de 400 plazas, ocho de ellas de gran tamaño). En San Bernardo y Cinco Huecos intentaron reamarse, pero vinieron más operativos. Hubo alrededor de dos decenas de capturas y desde entonces las incautaciones no se han detenido. El 17 de octubre, por ejemplo, las autoridades decomisaron 5.500 dosis de bazuco del gancho Mosco, la banda más poderosa del Bronx, en la localidad de Los Mártires (valoradas en $22 millones).

 

Para el Distrito

Era un dolor de cabeza. En las semanas previas a la intervención, los medios de comunicación mostraron cómo entraban y salían menores de edad de la olla. Los cuestionamientos y la presión para actuar eran grandes. El operativo, por lo tanto, fue presentado como uno de los mayores logros en los 11 meses que lleva el alcalde Enrique Peñalosa en el Palacio Liévano. Sin embargo, lo enfrentó a una crisis social. A pocos días de la intervención, se evidenció la diáspora de habitantes de calle por toda la ciudad. Cientos de ellos se aglomeraron en el caño de la carrera 30 con calle Sexta. Hubo incluso enfrentamientos de esa población con el Esmad. Desde distintos sectores criticaron a la administración, argumentando que no previó las consecuencias del operativo. Incluso Alirio Uribe, representante a la Cámara, dijo que denunciaría al alcalde por la negligencia que, a su parecer, mostró tras la acción.

El Distrito, para defenderse, mostró las cifras de atención a los habitantes de calle después del desalojo. De las 2.053 personas que mencionaron haber estado en el sector del Bronx y que fueron atendidas en los programas distritales–señala la administración– 550 se recupera satisfactoriamente, no consumen estupefacientes y  tienen un proyecto de vida.

Otros que se quejaron de la poca planificación fueron los comerciantes. En septiembre, Fenalco reveló que, en el trimestre que precedió al operativo, las ventas en el centro disminuyeron 40 % por la presencia esa población. Aunque la situación en la zona se ha ido normalizando, los retos persisten: atender a quienes habitaban la olla más grande del país,  garantizar la seguridad e impedir que un lugar de características similares a las del Bronx o el Cartucho vuelvan a conformarse. Además, el Distrito tiene pendiente la tarea de consolidar el plan de renovación urbana de esas tres cuadras. Allí se han proyectado proyectos inmobiliarios e incluso la ubicación de la sede de la alcaldía local de Los Mártires.

Eso sí, entre tanto, la intervención del Bronx dejó varios debates planteados que podrían aportarle a la ciudad en distintos flancos. Sobre la mesa se pusieron las formas de atención para los habitantes de calle, incluso se discutió hasta dónde llegan sus derechos y sonó la legalización de la droga como el tema de fondo de todo el problema. Se abrieron interrogantes que la ciudad debería aprovechar para, luego de la reflexión, avanzar en sus políticas públicas.