Desafíos de una revolución

El nuevo Plan de Ascenso Tecnológico implicará la compra de vehículos más costosos. La administración distrital busca que estos buses tengan publicidad exterior visual, para evitar utilizar el Fondo de Estabilidad Tarifaria.

La compañía china BYD puso a prueba uno de sus buses 100% eléctricos con el operador Consorcio Express. / Alcaldía Mayor

Durante los próximos meses el Distrito llevará a cabo uno de los ejercicios más ambiciosos dentro de su plan de desarrollo. Luego de la firma del decreto que establece un Plan de Ascenso Tecnológico para el Sistema Integrado de Transporte, Transmilenio deberá generar las condiciones para que los operadores privados adquieran 790 buses híbridos (diésel más electricidad) y los pongan a rodar de manera eficiente por Bogotá.

Detrás de este revolcón en la flota pública de Bogotá se encuentra el interés de reducir las emisiones vehiculares de gases causantes del efecto invernadero en la ciudad (el transporte público es responsable del 40% de este) y bajar los casos de enfermedades agudas respiratorias, que padecen especialmente niños y ancianos, y cuya prevención y atención le cuesta a la Secretaría de Salud considerables recursos.

Sin embargo, lo que viene no es fácil para la administración, pues, sobre sus hombros, recae una misión de altísima complejidad financiera y política: ¿cómo lograr que los operadores privados compren vehículos con tecnologías considerablemente más costosas, sin que esto implique hacer uso de recursos del erario?

En la mayoría de sistemas económicos el mercado establece los precios. Y en un mercado inexistente en Colombia, como es el de los buses híbridos, los precios de la tecnología están aún por el aire, hasta el punto de que, según las memorias del proceso, los operadores privados no saben aún cuánto costará cada uno de los 790 buses que se han visto obligados a comprar.

De ahí que un primer desafío para el Distrito haya sido “propiciar la creación de un mercado”, poniendo en contacto a más de 30 proveedores de buses con los operadores privados, a través de tres ruedas de negocio (una en mayo, una en septiembre y una más que se realizará en noviembre).

Ante la incógnita por el costo de estos nuevos vehículos, el viernes pasado, Susana Muhamad, secretaria general de la Alcaldía y líder del proceso que estructuró esta política, aseguró que los bogotanos podían estar tranquilos de que lo que se viene el año entrante: “No implicará una subida en las tarifas”.

¿Cómo, entonces, planea el Distrito darles una mano a los operadores para realizar este ascenso?

La respuesta se encuentra en la cláusula 64 de los contratos firmados con los operadores privados para poner a marchar el SITP. Esta cláusula permite renegociar la tarifa técnica (con la que se les remunera a los privados) en casos en que éstos decidan modernizar la tecnología de los vehículos.

La tarifa técnica está ideada para no afectar la tarifa a los usuarios cuando haya cambios en los precios de las variables que sustentan el negocio. Y a través de ella, a los operadores se les remunera la inversión que hacen en la compra de los vehículos, a través del Fondo de Estabilidad Tarifaria, que está en manos del Distrito a través de Transmilenio.

Hasta el momento la administración ha echado mano de varios mecanismos existentes para bajar el precio de estos vehículos, que pueden costar más de US$250 mil, más que el doble de un bus tradicional. Entre estos mecanismos se encuentra una reducción en los aranceles, la eliminación del IVA y una reducción del impuesto a la renta líquida, todas estas herramientas establecidas en el orden nacional.

De la misma manera, y con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, se abrieron dos líneas de crédito, que suman casi US$80 millones, para financiar la compra de los buses.

Sin embargo, con todo y esto, la secretaria Muhamad explicó el viernes pasado que los buses costarán entre 4 y 6% más que un vehículo diésel. Esto, según explica Sergio París, director de Modos Alternativos en Transmilenio, implica un aumento en el cargo que se le haría al Fondo de Estabilización Tarifaria. Un cargo que, dadas las múltiples incertidumbres que aún existen (precios, cantidades proveedores...) nadie se atreve a calcular.

“Para nosotros resulta vital lograr que estos nuevos buses puedan tener publicidad exterior visual”, explica París. “Si esto se trabaja bien puede acabar de plano con esa diferencia de costos (señalada por Muhamad)”.

Para lograrlo la administración deberá presentar un proyecto de acuerdo al Concejo de Bogotá que autorice a los propietarios de los buses verdes a explotar económicamente los buses como una suerte de avisos publicitarios rodantes.

Por su parte, el Distrito está realizando reuniones con centrales de medios para lograr establecer una matriz de precios que, como todo este proceso, está por ser definida y explorada. “Las centrales nos están ofreciendo muy poco por utilizar nuestras plataformas. Mientras que ellos creen que un aviso en el exterior del vehículo puede costar un millón de pesos, nosotros pensamos que cuesta siete”, explica un funcionario que ha participado en el proceso.

Lo cierto es que hasta ahora, mientras se definen estos detalles y, sobre todo, se procede políticamente a presentar el proyecto de acuerdo, Transmilenio deberá de alguna manera solventar los excedentes que aún queden de la compra de los buses.

El último reto para la administración será demostrar que los beneficios en salud y ambiente superan estos nuevos costos que asumiría la administración.

 

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