Disputa en Bogotá por un fortín burocrático

En el semestre que lleva Guillermo Jaramillo en la Secretaría de Gobierno desapareció el círculo de Guillermo Asprilla. Movidas burocráticas con efectos en el ajedrez político.

Guillermo Jaramillo, secretario de Gobierno y Guillermo Asprilla, exsecretario de Gobierno.

Ayer, el secretario de Gobierno, Guillermo Alfonso Jaramillo, se reunió en horas de la mañana con los concejales progresistas. El encuentro fue de carácter urgente dados los rumores que rondan la ciudad sobre la supuesta salida de por lo menos la mitad de los alcaldes locales, que son 20 en total. Eso sumado a los vientos de crisis que soplan en el movimiento del alcalde por cuenta de una aparente división entre el sector liderado por el exsecretario de Gobierno Guillermo Asprilla y el comandado por el mismo Jaramillo, las facciones de los principales alfiles políticos que ha tenido el alcalde Gustavo Petro en los 22 meses que lleva su administración. ( Vea: Explotó crisis en el movimiento del alcalde Petro)

En la reunión, los cabildantes le entregaron al secretario informes pormenorizados sobre los problemas de corrupción, clientelismo y falta de gobernabilidad en las alcaldías locales.(Vea: ¿División en la administración?)  Según algunos concejales, aunque Jaramillo insistió en que no tomaría decisiones sobre los mandatarios locales, dijo que se reunirá con Petro la próxima semana, después de que llegue de su periplo por la Universidad de Harvard, para que sea él quien se apersone de decidir la continuidad o salida de los alcaldes.

El otro tema crucial de la reunión, el de la disputa con Guillermo Asprilla, está conectado con el de las alcaldías. “No sólo porque el exsecretario arremetió por Twitter contra Milton Rengifo, encargado de asuntos locales, sino porque los 20 alcaldes que ejercen fueron nombrados por el mismo Asprilla a lo largo de 2012, lo que ha causado que, en ocasiones, desobedezcan las órdenes de Jaramillo. Prefieren hacer caso a su jefe político y no al institucional”, le dijo a este diario uno de los asistentes. Jaramillo habría respondido, según las mismas fuentes, que no está interesado en entrar en polémicas con Asprilla. No obstante, las disputas no vienen de hoy. Existen prácticamente desde la llegada de Jaramillo a la administración en mayo de 2013.

De esa controversia entre los principales alfiles del progresismo dan cuenta los movimientos más notorios en la nómina de las principales dependencias de la Secretaría de Gobierno. El ejemplo que mejor lo ilustra es el de Milton Rengifo, a quien Guillermo Asprilla ha tachado a través de Twitter de intrigante y clientelista. Por años, Rengifo hizo parte de las unidades de trabajo legislativo de Petro durante su carrera en el Congreso, es tolimense, igual que Jaramillo, y entró a reemplazar a Alfonso Cabrera, un exmilitante de la extinta guerrilla del M-19 muy cercano a Asprilla.

Hoy, Rengifo tiene a su cargo la relación de la Secretaría de Gobierno con las alcaldías locales. Un puesto que, para muchos concejales oficialistas, es la cabeza del fortín político que Asprilla busca conservar para consolidar la candidatura de su hijo (Inti Asprilla) a la Cámara de Representantes 2014-2018.

Otro ejemplo es la salida de Camilo Castellanos, abogado y activista muy cercano al M-19 y a Guillermo Asprilla, de la Dirección de Derechos Humanos. Hoy, su lugar lo ocupa Andrés Idárraga, investigador en derechos humanos y admirador del estilo de hacer política de Jaramillo. Por otro lado, en la Subsecretaría de Seguridad, el caso no es muy diferente. Salió Édgar Ardila, amigo personal de Asprilla, para que entrara Hugo Zárrate Osorio, tolimense como Jaramillo y hoy considerado el cerebro de la seguridad y de medidas polémicas como los toques de queda y la limitación al comercio de licor.

Un caso más: “Desde el 21 de octubre, el abogado tolimense Ariel Lozano Gaitán asumió como responsable de la Dirección de Seguimiento y Análisis Estratégicos (DSAE). Su llegada a la dependencia se da luego de desempeñar una exitosa carrera profesional que incluye haber sido abogado en la Empresa de Acueducto de Bogotá, asesor en la Secretaría General de Alcaldía Mayor, apoyo jurídico en el Hospital San Juan de Dios, amén de su afinidad con el estilo administrativo del actual secretario”, dice la hoja de vida publicada en la intranet de Gobierno.

Lozano Gaitán entró a remplazar a Néstor García Buitrago, otro exmilitante del M-19 cercano a Asprilla que hoy se desempeña como secretario de Ambiente y de quien se rumora que es un enlace político de los Progresistas con el Partido Verde (movimientos hoy fusionados). Jaramillo, según se dice en los pasillos de la secretaría, nunca quiso recibir a García en su despacho y lo dejó sin mayor protagonismo en la administración hasta que fue encargado de la cartera de Ambiente. Sumado a lo anterior, el mismo Lozano quedó encargado provisionalmente de la Cárcel Distrital que, hasta hace pocos días, dirigía Jorge Arturo Lemus, nombrado por Asprilla en su momento.

Pero existe otro caso que llama la atención sobre la masiva presencia de funcionarios provenientes del Tolima, departamento en el que Guillermo Alfonso Jaramillo ha desarrollado su vida política y su caudal electoral. “La Dirección de Asuntos Étnicos de la Secretaría de Gobierno quedó bajo la dirección de Gustavo Ernesto Rondón Ayala, economista de Ibagué”, cuya principal función es “consolidar un grupo de trabajo multiétnico y multidisciplinario que permita desarrollar propuestas y proyectos de alto impacto social a la población indígena, afrodescendiente, palenquera, raizal y gitana, de conformidad con los retos y directrices que imparta el secretario de Gobierno”, dice la misma intranet.

“No es que exista una disputa política con Asprilla. Lo que ocurre es que muchos cuadros del M-19 y de la entraña del exsecretario no son efectivos en el plano laboral. Incluso, creo que Jaramillo se ha demorado en sacar gente, sólo para no molestar a Asprilla”, dice una fuente de Progresistas muy cercana al actual secretario. Entre tanto, en las alcaldías locales están en ascuas por su continuidad. Y en la alianza verde-progresista hay incertidumbre, pues aún no es claro hasta dónde llegará esta disputa entre Asprilla y Jaramillo y cómo afectará las ambiciones electorales de ese partido para 2014.