¿División en la administración?

Guillermo Alfonso Jaramillo y Guillermo Asprilla, piezas claves del movimiento del alcalde Gustavo Petro, son dos polos de un complejo ajedrez político y electoral.

Guillermo Jaramillo y Guillermo Asprilla. / Archivo - El Espectador

Así están las cosas: durante los últimos días ha circulado el rumor de que el gobierno de Gustavo Petro planea cambiar a por lo menos 10 de los 20 alcaldes locales de la ciudad. Denuncias sobre corrupción, la necesidad de ejecutar cerca de $500 mil millones en la recuperación de la malla vial y de reforzar los vínculos políticos con las localidades tendrían al alcalde y al secretario de Gobierno, Guillermo Alfonso Jaramillo, a punto de tomar una decisión trascendental.

La dirección de Asuntos Locales de la Secretaría de Gobierno y el despacho de Petro niegan que el remesón esté cerca; los alcaldes locales afirman que no les han pedido la renuncia. Pero los concejales de la bancada de gobierno piden cabezas por denuncias sobre corrupción y dicen que es necesario que “Jaramillo tenga alcaldes fieles a su estilo de gobierno, diferentes a los que tuvo el exsecretario Guillermo Asprilla”.

Muchas de esas denuncias, que sustentan el pedido de los cabildantes, provienen de informes pormenorizados que la bancada oficialista le ha llevado al alcalde. El Espectador tuvo acceso a varios de ellos. Hay por lo menos cinco localidades que han ejecutado entre el 55 y el 95% mediante contratación directa, hay tres alcaldías que a noviembre de 2013 no han irrigado un solo peso para reparación y mantenimiento de vías, y redes de contratación enquistadas en los mandos medios de las administraciones locales.

“Las alcaldías, como están concebidas, son muy permeables a la corrupción. Los Fondos de Desarrollo Local resultan a disposición de la voluntad de cada alcalde, que ni siquiera tiene respaldo popular, lo que lo pone a negociar de entrada con los ediles. En promedio, los fondos son $20 mil millones anuales que terminan siendo disputados por las redes locales de corrupción. Aparecen las mismas fundaciones de siempre para ejecutar pequeños contratos. Por la falta de robustez institucional se teme abrir grandes licitaciones. Casi que es inexplicable que los alcaldes no participen o se tengan que hacer los de la vista gorda frente a la corrupción”, dijo uno de los concejales que le ha rendido informes a Petro.

“Creo que es necesario que se piense en un cambio del 50% de los alcaldes. Es necesario que Jaramillo tenga alcaldes de su entraña, muchos de ellos no están de acuerdo con su estilo de gobierno o tienen fidelidades distintas a la del actual secretario”, advirtió el concejal Diego García.

Fuentes de Gobierno, cercanas a Jaramillo y al encargado de asuntos locales, Milton Rengifo, dicen que “cometimos un error. Precisamente, para restar las posibilidades de corrupción, la administración, en tiempos de Asprilla, quiso concentrar en la Secretaría todo el presupuesto para la malla vial local y terminó exponiendo a los alcaldes a investigaciones de la Contraloría. Sin que el cambio en el modelo de inversión estuviera aprobado mediante acuerdo, congelaron el presupuesto de 2012 para vías y ahora los investigan por no ejecutar. Ellos seguramente saldrán, tarde o temprano, pues su destitución sería una derrota política”.

Ahora, la secretaría de Jaramillo está tratando de salir del rezago, pero la fórmula no dista mucho de la de Asprilla. Si bien no es centralizar los recursos de malla vial, sí busca establecer un plan transversal de inversión en el sector y, para eso, estaría en contactos con la Cámara Colombiana de la Infraestructura.

Aunque ese no es el único cambio que ha ocurrido en la Secretaría de Gobierno con la llegada de Jaramillo. “Para nadie es un secreto que la idea política de Asprilla giró en torno a fortalecer a los que él consideraba “los propios nuestros”, que eran las bases del M-19, y también para su entorno personal. Jaramillo, que tiene su propio proyecto político, sacó a muchas figuras que consideraba ineficientes y trajo cuadros del Tolima, a otras personas que él considera de confianza y a sectores que interpreta estratégicos para la política distrital”, dice uno de los concejales más cercanos a Petro.

Los opositores dicen que gran parte de la fuerza electoral de los diferentes sectores progresistas se disputa en las localidades y que, por ese poder, comenzaría una batalla entre Asprilla y Jaramillo. La oportunidad: un revolcón en el nombramiento de nuevos alcaldes locales. No obstante, Milton Rengifo, de asuntos locales, descarta el enfrentamiento. Y sostiene que, por ahora, el gobierno Petro no hará grandes cambios en las alcaldías.

Otro factor que desataría la disputa es que ambos, Asprilla y Jaramillo, como figuras protagónicas del movimiento del alcalde, tendrían sus propios candidatos para la Cámara de Representantes por Bogotá y, para aspirar a una victoria, necesitan hacer política en los barrios. Sin embargo, dicen en el Gobierno: “Si Jaramillo le ha ganado espacio a Asprilla, ha sido acá en la propia Secretaría. Si hay batalla, no está en las localidades”.

 

 

csegura@elespectador.com

@CamiloSeguraA