Educación en Bogotá: el reto no solo es acceder, sino permanecer

Según el informe sobre calidad que presentaron el PNUD y el Distrito, preocupa que en promedio los alumnos no alcancen a estudiar siquiera 12 grados.

En Bogotá ha disminuido la brecha entre colegios públicos y privados mucho más que en el resto del país. En esta ciudad es menos probable que un alumno deserte por falta de dinero, porque necesita trabajar o porque no le gusta estudiar. Es muy difícil, en términos generales, que alguien se quede sin cupo en un colegio, si se tiene en cuenta que las tasas de cobertura tienden a ser mejores que las nacionales. Esto es apenas una muestra de que la capital colombiana tiene mucho que aportarles a las demás ciudades en términos de calidad educativa, pero, de todas formas, falta mucho.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó ayer el informe Educación de calidad: para una ciudad y un país equitativos, que avaló la Secretaría de Educación Distrital. Allí, por una parte, se describe la situación actual de la educación en Bogotá en comparación con el país, teniendo en cuenta una infinidad de datos como los descritos al comienzo; por otra, se dan a conocer las conclusiones de un estudio que recogió las respuestas que 10.355 personas del sector (estudiantes, padres de familia, profesores, rectores) dieron a entrevistas y encuestas de los investigadores, a partir de las cuales se construyó el panorama más deseable para la educación en un futuro.

Hay cifras que llaman la atención si se pone el foco en los retos que tiene Bogotá. Por ejemplo, en esta ciudad siete de cada diez estudiantes que se salen de estudiar del colegio explican que lo hacen porque, al ser discapacitados, necesitan educación especial. Eso es casi tres veces más que en el resto del país. Además, cuatro de cada diez estudiantes se sale de estudiar por razones de inseguridad o malos tratos (como el matoneo), una cifra que dobla el promedio nacional.

La segregación social también es notoria, y eso queda claro al ver las cifras localidad por localidad. Si se toma, por ejemplo, el promedio de años que estudian los estudiantes, queda claro que hacia el sur están los números más bajos (ver gráfico). San Cristóbal, Usme y Ciudad Bolívar, localidades de ese sector de la ciudad, apenas llegan a un promedio de 10 años, mientras Chapinero y Teusaquillo, más al norte, cumplen con el ideal de 12 años.

Ese número, según el estudio, es el mínimo ideal en Colombia para que una persona no caiga en la pobreza. Cursar al menos 12 años de estudio le implica a alguien una posibilidad mayor de acceder al mercado laboral. En general, en Bogotá el promedio de años de estudio que cursan las personas entre 15 y 24 años es de 10,9, mientras que el promedio nacional es de 9,2.

Alfredo Sarmiento, director del estudio, llamó la atención de que el sistema educativo en Bogotá expulsa, por diversas razones, 21 de cada 100 jóvenes en el paso de noveno a décimo. Para 2014 eso equivalió aproximadamente a 50.000 alumnos que no continuaron estudiando. “Por eso el reto es que no solo se acceda, sino que se permanezca”, concluyó.

A los 10.355 participantes del estudio en Bogotá se les preguntó por su visión sobre la calidad de la educación. Como era previsible, el espectro de respuestas fue muy amplio, pero los investigadores identificaron ocho puntos reiterativos que los encuestados consideraron fundamentales para lograr una educación de calidad. Entre estos están la necesidad de fomentar la participación, el conocimiento crítico por medio de la interacción con los otros, el manejo pacífico de los conflictos, el respeto por la diversidad y una mejor capacidad institucional.

Esto permite saber, según Sarmiento, hacia dónde ir en Bogotá, aunque la intención del estudio también es que sea útil como un espejo en el que pueda mirarse el país.

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