El Bronx: Cien días de autoridad

El Distrito afirma que desde el 19 de febrero ha atendido en salud y derechos básicos a 5.351 personas en el sector de El Bronx.

Imagen del 19 de febrero. /Archivo
Imagen del 19 de febrero. /Archivo

El pasado 18 de febrero, un operativo humanitario que terminó en disturbios y detenciones en la calle del Bronx, marcó el inicio de uno de los proyectos más ambiciosos del Distrito: llevar la institucionalidad civil a ese sector del centro de la ciudad para convertir en sujetos de derechos a cerca de 7500 habitantes de calle.

En principio, las dudas surgieron. Un intento de intervención que consistía en brindar condiciones de salubridad, llevar alimentación digna, atención médica y psiquiátrica así como el acompañamiento de las entidades públicas, terminó en una gresca de la Policía con los habitantes de calle. En voz de algunos representantes de la población, no legitimados por las instituciones, “solo pedíamos que antes de que el Estado entrara al Bronx consultara con la comunidad”. Sin embargo, el Estado, en su conjunto, advirtió que esa no sería una zona vedada para las entidades públicas.

El primer día no fue un buen augurio pues lo que se pensaba como un proceso de diálogo y ayuda a la comunidad terminó en una batalla campal. Sin embargo, de ahí en adelante, las cosas mejoraron, según el Distrito. Una de las intenciones de la administración era quitarle el poder a las mafias. Para ello, fue necesaria, y sigue siéndolo, la intervención de la Policía, que logró desmantelar los tres principales ganchos (estructuras criminales) de la zona en tiempo record. Se trata de los ganchos Homero, Mosco y Manguera. Pero también, y es el énfasis que le quiso dar la administración, el objetivo fue consolidar la presencia institucional para reducir la vulnerabilidad de los habitantes de calle y así quitarle las víctimas y ‘la carne de cañón’ a los criminales que durante más de 10 años reinaron en la zona.

Hoy, la administración distrital cuenta con doce inmuebles, que se encontraban ocupados por las estructuras criminales y los negociantes informales antes de la intervención policial que puso esos edificios a disposición de la Dirección Nacional de Estupefacientes. Sobre cuatro de esas edificaciones, ya está listo “el diseño para un nuevo centro autocuidado que dará la posibilidad de 240 cupos - dormitorios para hombres y mujeres, duchas y baños- y se trasladará allí el comedor comunitario para 600 personas”, dice un informe interno de la secretaría de Integración Social.

También, se han desarrollado operativos diarios que consisten en el traslado de los habitantes de calle a dos centros de acogida con 600 cupos, un centro de autocuidado con 500 cupos, un hogar de paso del IDIPRON que tiene actualmente 400, un centro de desarrollo personal integral Hogar el Camino con 100 cupos y un centro de Protección Integral para Ciudadanos Habitantes de Calle con deterioro funcional en condición de dependencia física, mental o cognitiva con 90 cupos.

El comedor comunitario “Recuperarte” ubicado en la Carrera 16 No. 10-04, es otra de las apuestas de Integración Social. Pese a que inició su operación el 19 de diciembre de 2012 con 250 cupos y a partir de 2013 aumentó su cobertura a 600 cupos diarios, no ha sido fácil implementarlo. Desde el momento en que el alcalde Gustavo Petro aseguró que el Distrito no se iría de allí, las amenazas contra los operarios y las agresiones por parte de habitantes de calle, que al parecer actúan bajo la influencia de los mafiosos, han sido recurrentes. Sin embargo, el esfuerzo continúa y “se ha garantizado la seguridad alimentaria con una minuta balanceada entregando 60.000 almuerzos en los 100 días. La inversión ha sido de $304 millones. Igualmente, garantiza seguridad alimentaria en los demás servicios con 16.900 almuerzos”, dice el informe de Integración Social.

Otra de las intervenciones ha sido la casa de desarrollo integral La Libelulosa con cupo para 70 niños del sector, entre los 0 y los 5 años, que reciben atención integral por parte de seis pedagogas infantiles de lunes a viernes. En este espacio no convencional, las madres, que en su mayoría son habitantes de calle, reciben asesoría sobre el cuidado de los menores y se involucran en actividades lúdicas y artísticas.

El Distrito es consciente de que falta bastante para que la intervención se consolide. Ahora, el reto es desarticular las pequeñas estructuras, brindar tratamientos efectivos para las personas que tienen consumos problemáticos de sustancias como el bazuco, brindar oportunidades de ocupación y educación a las personas y desarrollar un aparataje estatal muy fuerte que evite que una vez deje de estar la presencia policial intensificada no se vuelva a consolidar el poder de las mafias y las personas pierdan los derechos de los que hasta ahora comienzan a gozar.