Bogotá y Santiago, líderes en la región

El camino hacia el futuro del transporte público

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Hace unos años no estaba claro el camino hacia la electrificación del transporte, pero la ruta empezó a despejarse con los planes de las administraciones y el apoyo del sector privado. ¿Qué viene ahora?

Por lo menos tres generaciones de capitalinos se han movilizado en buses impulsados con combustibles fósiles, y lo más seguro es que usted sea parte de ese grupo. Por eso, para quienes ya han viajado en los buses eléctricos que transitan por Bogotá, es toda una novedad estar en un vehículo que emite menos ruido que los tradicionales, los cuales, después del Bogotazo, se multiplicaron por las calles de la ciudad. Esa transición, que quizá tardó, ahora avanza a toda marcha y en 2022 la capital contará con 1.485 buses eléctricos, siendo una de las flotas de energías limpias más grandes del mundo.

La cifra y el rótulo son buenos indicadores, pero lo cierto es que el salto tecnológico es un boom al que entró Latinoamérica hace un par de años. Y lo que viene es una sana competencia entre ciudades, a la cual ya entró Bogotá tras sumarse a una tendencia que puede considerar el futuro del transporte público. Y así se evidencia en los medios. A menudo, gracias a los avances, las autoridades de transporte de la capital han dicho que Bogotá es la ciudad del mundo con más buses eléctricos fuera de China. Lo curioso es que en los medios de Chile se leen los mismos titulares sobre su capital, Santiago.

La puja se debe a que ambas ciudades llevan la batuta en el tema. Y para resolver la duda sobre quién tiene la razón, solo basta consultar el “E-Radar”, una iniciativa del Laboratorio de Movilidad Sostenible de la Universidad de Río de Janeiro, que arroja en tiempo real los datos sobre la cantidad de buses eléctricos en las ciudades de la región. De acuerdo con ese mapa, de los 2.306 buses eléctricos que hay en Latinoamérica, por ahora, Colombia tiene 446, de los cuales 351 están en Bogotá, 69 en Medellín y 26 en Cali. Entretanto, Chile reporta 819 buses, de los que 776 están en Santiago. Eso sí, la proyección indica que con las licitaciones que se adjudicaron a principio de este año la capital colombiana tomará en un año el liderato, aunque en Santiago también se prepara la llegada de más vehículos.

Ese cabeza a cabeza por el primer lugar es lo de menos, si se tiene en cuenta que lo importante es el gran paso que se dio, pues hace algunos años no estaba tan clara la transición. De acuerdo con académicos y actores del gremio, esto se materializó gracias a la continuidad que les dieron las últimas tres administraciones distritales a los planes de electrificación del transporte. También a la sincronía entre el Distrito y el sector privado, pues si hay algo claro es que son buses más costosos e implican una inversión mayor y un despliegue importante de infraestructura.

El despegue de los buses eléctricos inició hace tres años, cuando la administración de Enrique Peñalosa empezó a renovar la flota de Transmilenio (TM). En ese momento comenzó una presión ciudadana y de expertos, que solicitaban mayor cabida a las energías limpias. Ese proceso no se concretó debido a que entonces solo había una marca que los fabricaba, así que la “revancha” se dio en la renovación de la flota del SITP, sobre todo para cubrir las zonas de la ciudad en las que siguen operando los viejos buses del esquema tradicional o SITP Provisional, por la quiebra o liquidación de tres operadores.

“Se planteó la adjudicación de seis zonas de la ciudad, que sumaban 1.295 buses”, cuenta Juan Luis Mesa, gerente de BYD, marca líder del mercado que fabricó 338 de los buses que tiene Bogotá. “Luego la administración de Claudia López dio un gran espaldarazo a la movilidad eléctrica, con incentivos que quedaron en las condiciones de la licitación”, agrega.

Así las cosas, en principio, la marca resultó adjudicataria de 406 buses y en una segunda licitación se compraron otros 596 buses. Otro aspecto que motivó el ascenso de la tecnología eléctrica fue la decisión de Enel-Codensa, compañía distribuidora de energía, de asumir la construcción de los patios con toda la infraestructura de carga, un punto de mucha discusión, pues representaba uno de los obstáculos para dar ese paso. “Enel le apostó a vincularse con los patios y con los buses asociados a la producción de esos patios. De los nueve patios eléctricos que tendrá Bogotá en 2022, que operarán en diferentes localidades, seis serán provistos por Enel y tres por grupos económicos patrocinadores, que también le apostaron a esta idea”, explica Mesa.

Como queda claro, este camino no era algo que se pudiera concretar de la noche a la mañana, sino que es un proceso que requiere apoyo continuo. Y, bueno, motivación, pues el saber que Cali y Medellín fueron las primeras ciudades en incorporar buses eléctricos a sus sistemas antes de Bogotá, fue algo que hizo ver mal a la capital y por eso ahora no quiere soltar ese liderato, propósito que va por buen camino. Al menos esa es la conclusión de Édder Velandia, docente de la Universidad de la Salle e investigador sobre movilidad eléctrica, quien considera que es todo un hito y recalca el trabajo de las administraciones distritales.

“El primero en llegar con un proyecto de movilidad eléctrica fue Gustavo Petro, pero curiosamente no lo pudo concretar. A Peñalosa le dieron palo, porque era solo un bus, pero era cuestión de hacer pruebas para traer los demás. Vale recordar que no saltamos del diésel al eléctrico, sino que fue todo un proceso donde hubo buses híbridos duales, que fue la primera innovación en ese sentido”, explica Velandia.

Ahora lo que viene es que se cumplan las normas expedidas por esas administraciones y por el Gobierno Nacional, que buscan que a partir de 2030 las licitaciones de buses sean 100 % para eléctricos. También queda que en el resto del país, más allá de las tres principales ciudades, se empiece a preparar, porque el tema dejará de ser opcional. Además, será clave que los gobiernos busquen salidas para evitar que la compra de buses eleve la tarifa del transporte, pues la gente empezará a migrar a otros modos de transporte. Por ahora es motivo de celebración que Bogotá y Colombia hayan emprendido el camino hacia una alternativa de futuro, que no solo pretende mejorar la movilidad, sino también la salud y calidad de vida de los ciudadanos.

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