El circo, más allá de la carpa

Aunque el “show” tradicional e itinerante se niega a desaparecer, cada día crece el nuevo circo, del que Bogotá es epicentro. Les presentamos cuatro de las más destacadas compañías de la ciudad.

Las acrobacias, combinadas con el arte y la danza son la materia prima del nuevo circo. / María Fernanda Arango
Las acrobacias, combinadas con el arte y la danza son la materia prima del nuevo circo. / María Fernanda Arango

Al circo ya no lo limita una carpa. Se vive en los escenarios, las calles, las plazas, los coliseos, los centros comerciales… en cualquier lugar que abra espacio a su espectáculo. Y es que la concepción del show itinerante, que recorre el país con un gigantesco toldo presentando animales amaestrados, malabaristas, payasos, magos y bailarines, viene cambiando. Su nueva relación con otras artes escénicas, e incluso con el escenario, ha dado pie a un nuevo concepto: circo contemporáneo o nuevo circo. Y Bogotá es epicentro de esta corriente.

Si bien aún hay 350 carpas que recorren el país y están en el 84 % de los departamentos, según Marcela Trujillo Quintero, asesora del Área de Teatro y Circo del Ministerio de Cultura, la nueva tendencia viene creciendo. Por un lado, gracias a la incursión de grupos artísticos, y por el otro, a la prohibición del uso de animales silvestres en los espectáculos, lo que obligó a muchos circos tradicionales a transformarse.

En la actualidad, estos artistas han establecido una nueva relación con el teatro y la danza. El circo se ha convertido en un espectáculo que reúne diferentes disciplinas y que se enfoca más en el trabajo del cuerpo. Por eso, los integrantes de las nuevas corrientes son, en gran número, atletas de alto rendimiento, músicos profesionales e ingenieros que han creado espectáculos innovadores, en los que también pueden retomar algunas prácticas del circo tradicional.

Según la última caracterización que hizo el Ministerio de Cultura, en la capital hay 13 de los principales circos contemporáneos, que vienen inspirando a nuevos artistas en las regiones.

Pasos de Payaso: en el circo todos somos iguales

Creado en 2009 por Luis Eduardo Guzmán, surgió luego de la desintegración del proyecto Circo Ciudad. Allí no hay malabaristas, magos ni animales. Sólo payasos. Se han presentado en festivales de teatro como el de Manizales, el Iberoamericano de Bogotá y algunos en España. Sin embargo, cada año, como iniciativa social, hacen una presentación en alguna zona vulnerable del país. “No le hacemos propaganda, porque nos gusta más actuar que hablar”, comenta Guzmán. Explica que la importancia de llevar el circo a zonas de conflicto radica en que este espectáculo convoca y como “circo viene de círculo, cuando estamos allí, todos somos iguales”. Pero ¿por qué un circo sólo de payasos? Guzmán cuenta que, aunque hay muchas líneas, prefirieron ese enfoque. “El payaso me escogió a mí y yo lo escogí a él. Esto es lo que hago desde el 2006”. Para él, los payasos son la esencia de los circos. “Sin un malabarista, sin animales, sin magos sigue siendo circo, pero no sin payasos”.

Muro de Espuma

Esta compañía capitalina, además de ser la pionera del circo contemporáneo en Bogotá, es reconocida por haber liderado la iniciativa de sacar los animales del espectáculo, defender el derecho a la vida y oponerse al maltrato. Sus integrantes fueron ponentes de la ley que prohibió su uso en las carpas. Su lema es “Muro de Espuma, donde el único animal es el hombre”.

Nació en 1983, gracias a la idea de Felipe García Silva, artista que cree en el poder del arte como un medio para sobrellevar el mundo. En sus inicios hacían teatro y luego encontraron en el circo una forma poderosa de ser y hacer. “El circo es un cuento que no he terminado de entender”, dice García. Con el tiempo, la agrupación se fue posicionando en la escena circense local y luego su prestigio trascendió las fronteras.

Su nombre nace de la idea de crear un punto de encuentro en una realidad que es de espuma, porque es frágil y amorosa. “En los muros se condensa la imagen de la ciudad. Están hechos para separar, pero este muro de espuma es de acercamiento y amor”, comenta García. Con 33 años de recorrido, la compañía realizó en abril el XIV Festival Internacional de Circo, con la participación de Francia y Brasil, donde reafirmaron su ideología animalista.

La Gata Cirko: trabajo con el cuerpo

Todo empezó en 1998, con un grupo de amigos de la U. de los Andes, dice Luis Felipe Ortiz, uno de sus fundadores. Venían de diversas áreas: artes plásticas, antropología y diseño gráfico. Nunca pensaron en el circo tradicional, sino en trabajar con el cuerpo. En esa exploración nació la idea de incluir más acrobacias en el teatro y la danza.

Así comenzaron, sin tener claro lo que querían hacer. Poco después llegó el “boom” del Circo del Sol y los primeros videos en VHS. Felipe quería definir un estilo, pero gracias al video “Quidam” encontró la respuesta: “Esto es lo que yo hago”. Recuerda que entonces no había llegado el concepto de nuevo circo a Colombia. Su primer “show” fue una combinación de “clown” y banda musical.

A raíz del “show” de malabares con fuego que hacía Ortiz en algunas fiestas electrónicas, conoció a algunos empresarios y empezó a realizar eventos corporativos. “Nos empezó a ir bien porque éramos los únicos”, cuenta.

Tras esa experiencia, hicieron su primer espectáculo de sala. En 2006 lanzaron la obra “Djabu”, en el Teatro Libre de Chapinero. Hicieron más de 100 funciones en tres años. Este circo continúa con eventos corporativos, pero también se sostiene con participaciones en festivales a nivel nacional e internacional. Su fundador comenta que un espectáculo de circo puede costar entre $6 millones y $200 millones, dependiendo de la complejidad, el tiempo, la utilería, los participantes y la entidad para la que se realice.

Ecocirco: yoga, teatro y danza

Trabaja en los municipios aledaños a Bogotá y fusiona artes circenses con la ecología. Para Alejandro Cano, su productor, el circo es un generador de experiencias sociales. “Puede cumplir una función pedagógica, ser herramienta para invitar al cuidado de los recursos e incluso tener un papel sanador”, afirma.

Cano piensa que el circo se identifica por la gente y, aunque antes era importante la carpa, hoy ha tomado otros elementos para crecer. Ecocirco promueve una actividad que le permite a la gente encontrarse con su cuerpo y liberarse de sus cargas, a través del yoga, el teatro y la danza.

De la compañía hacen parte bailarines, músicos, artistas plásticos y visuales, entre otros talentos de distintas disciplinas, quienes desarrollan creaciones artísticas con temáticas ambientales y místicas. La diferencia de su propuesta consiste en que cualquiera puede participar, sin necesidad de una técnica perfeccionada. Cualquiera que desee vivir una experiencia multisensorial y despojarse de las cargas del mundo, con algo de risas.