Las fuertes lluvias hicieron que cediera el terreno

El eterno problema del Divino Niño, en Ciudad Bolívar

Por más de 12 años el área de la emergencia ha sido desalojada por estar en riesgo. Pese a ello, los lotes se han vuelto a vender o han sido tomados por quienes habían habitado el lugar.

El Distrito identificó 51 familias en la zona afectada por las lluvias. / Cristian Garavito

Esta es la cuarta vez que a Rosa Urzúa le piden desalojar la vivienda que tiene en el barrio Divino Niño, en la localidad de Ciudad Bolívar, en el sur de Bogotá. La primera fue en 2006, cuando el Distrito llegó a advertirles que estaban en zona de alto riesgo por deslizamientos. Luego en 2010, 2013 y la última el pasado fin de semana, todas por cuenta de la amenaza que revive durante la temporada invernal. Aunque en 2013 dejó su casa durante unos meses, porque le pagaron un arriendo, asegura que en esa oportunidad no le dieron muchas garantías.

El Divino Niño es uno de los 370 barrios de la ciudad que se encuentran en emergencia por cuenta de las fuertes lluvias que se han presentado en los últimos días. Lo que lo hace diferente a los otros es que el pasado sábado un deslizamiento provocó afectaciones en una manzana, de al menos cinco hectáreas, en la que había 58 viviendas, la mayoría construidas en madera y tejas de cinc. Gran parte de las personas que vivían en el lugar han evacuado, pero quedan al menos siete familias que se niegan a salir de la zona.

Una de las familias es la de Martha Canro. Ella permanece junto a su mamá, sus hijos y sus nietos en lo que queda de su casa. En total eran 15 familias, pero dadas las circunstancias y los rumores de que el Bienestar Familiar se iba a llevar a los menores, poco a poco algunas han dejado la zona. “No es falta de voluntad, estamos mirando opciones. A nadie le gusta vivir así, pero no tenemos posibilidad de irnos. No tengo trabajo fijo, vendo dulces en los buses y no cuento con seguro ni nada. Por ahora lo único a lo que puedo aferrarme es a permanecer acá lo más que pueda”, manifiesta Canro.

Quienes han decidido quedarse, viven en medio de las casas que poco a poco han sido demolidas por miembros de la Defensa Civil, ante la amenaza de su colapso. Lo que antes eran pequeñas calles que separaban las viviendas, hoy son riachuelos llenos del barro que bajó el fin de semana de la montaña y algunos de los enseres de quienes habitaban allí. Una fila de llantas que sostenían parte de las casas, ahora se agolpan frente a un improvisado parque, con un columpio, que construyó la misma comunidad.

Ya no hay agua, ni luz, ni televisión por cable. Todos los servicios, que fueron instalados ilegalmente en la zona, los suspendieron apenas se presentó la emergencia. En el momento el Distrito aseguró que entregaría ayudas a las familias damnificadas. “En el caso del Divino Niño, les hemos dado camarotes, colchonetas y pagamos, a las familias que lo necesiten, un mes de arriendo”, dijo el alcalde Enrique Peñalosa.

Aunque algunos aseguran que sí han recibido las colchonetas y las cobijas, otros critican las condiciones en que se están dando las ayudas para irse a vivir a otro lugar. De acuerdo con Yulieth Castiblanco, los $570.000 que les están ofreciendo para el arriendo se los darían en un mes, lo que les dificulta conseguir un lugar para irse.

A pesar de las condiciones, algunos no tuvieron más opción que salir de la zona, como le ocurrió a la familia de Luis Alberto González, quien vive con sus dos hijos y su esposa. Como su vivienda se encontraba en una zona hueca, el paso del agua destruyó todo lo que había adentro. “Por la tarde echó a llover y cuando nos dimos cuenta fue que bajó el agua por la mitad de la pieza. De una vez tocó salir, porque el rancho comenzó a ladearse. Le dije a mi esposa: ‘ya nos tenemos que ir, porque no hay nada que hacer aquí’”, dijo González.

En similares circunstancias Wilson Castro volvió en la mañana del martes a recoger las últimas cosas que quedaban en su casa y la de su mamá. Como muchos otros también aprovechó para llevarse la madera que todavía sirviera, mientras que las tejas las estaban comprando a $300 el kilo. Es decir, por cada una estaba recibiendo entre $1.200 y $1.500.

La escena no es nueva para Rosa Urzúa. En este, su cuarto desalojo, está más segura que en ocasiones anteriores de que no dejará su casa. Se turna con uno de sus hijos, que también decidió quedarse en el terreno, para hacer guardia y evitar que les roben lo que les queda. Asegura que si una nueva avalancha se vuelve a presentar en la zona, la responsabilidad es del Distrito, que en los últimos 12 años no ha evitado que en constantes ocasiones la zona sea rehabitad,a y más aún, que algunos aprovechen las circunstancias para venderles los lotes a personas que no conocen las condiciones del terreno.

“No somos personas que están invadiendo predios. La mayoría de los que vivimos aquí pagamos por los lotes y hemos construido las viviendas”, afirma Urzúa.

En el lugar de la emergencia fue instalado un punto de reacción inmediata en el que hacen presencia el ICBF y las secretarías de Integración Social y Salud, que prestan ayuda a las familias que aún no han abandonado la zona. De acuerdo con el último reporte del Idiger, en el sector se contabilizaron 59 predios, en los cuales había tres bodegas y 41 viviendas habitadas por 51 familias, de las cuales 31 han recibido ayuda humanitaria y el auxilio de arriendo, que el Distrito extenderá a tres meses, debido a las condiciones de las personas que habitan el sector de la emergencia.

Richard Vargas, director del Idiger, asegura que el barrio Divino Niño se encuentra en proceso de legalización, pero el polígono donde se presentó la emergencia fue excluido por sus condiciones. “Creemos que estos terrenos fueron rellenos, pero eso solo lo podremos confirmar cuando se hagan los correspondientes estudios. Por ahora nos vamos a centrar en el tema humanitario y luego detallamos el asunto predial, ya que identificamos cinco procesos de reasentamientos, que se estaban realizando con personas que inicialmente vivieron en el sector”.

Mientras esto se realiza, quienes decidieron quedarse, lo hacen porque conservan la esperanza de poder seguir viviendo en sus casas, como lo ha hecho en los últimos años Rosa Urzúa. Por su parte, el Distrito promete adelantar acciones que eviten que una emergencia más grande no solo afecte más viviendas en el barrio, sino que ponga en riesgo a sus habitantes.

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2019-04-23T22:15:01-05:00

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Mónica Rivera / @Yomonriver

Bogotá

El eterno problema del Divino Niño, en Ciudad Bolívar

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