El hombre que se juega la vida en el Bronx

Hoy está amenazado por las mafias de la zona, pero asegura que no dejará de atender a los habitantes.

Jhon Jairo Arbeláez, operador del comedor comunitario del Distrito en el Bronx./ Óscar Pérez
Jhon Jairo Arbeláez, operador del comedor comunitario del Distrito en el Bronx./ Óscar Pérez

Hace 18 años, Jhon Jairo Álvarez abandonó la llamada calle del Cartucho debido a tres atentados que recibió de parte de quienes dominaban la zona y se cansaron de un joven que reclamaba por una “buena droga”, porque la que le vendían ya no le causaba ningún efecto. Luego de sentir el filo de la muerte dejó su vida en la calle, las bichas y el trago. Sólo el año pasado regresó a lo que hoy es el macroexpendio de drogas conocido como el Bronx, pero no como un consumidor más sino para atender el comedor comunitario que el alcalde Petro les prometió a los habitantes de calle en uno de sus cabildos ciudadanos. Hoy su vida está nuevamente en riesgo por las amenazas de las mafias que operan en el sector.

En la mañana del 27 de febrero Jhon Jairo recibió la llamada: “Anoche hubo una reunión. Ya la orden está dada, viejo, y usted es el primero. Van a matarlo, así que mejor váyase de acá”. Fue la última de varias advertencias en las que los criminales le indicaron que no quieren el comedor, ni cualquier otra acción que suponga cierta pérdida de su poder o disminuya su lucro. Antes de la sentencia de muerte fue una orden de cierre dada por seis hombres que llegaron armados el 17 de diciembre. Luego vino un saqueo de ollas, estufas y pipetas de gas que terminó en un incendio.

Hoy el comedor continúa funcionando, pero Jhon Jairo tuvo que salir del Bronx para proteger su vida y la de sus hijos. Sin embargo, no desiste en su tarea. Primero, porque tiene un compromiso legal con la Alcaldía, que lo seleccionó para operar el comedor, pero ésta es sólo una inocente razón. La más fuerte es su convicción de atender a esos habitantes de calle que hoy viven lo que él alguna vez vivió: noches de hambre en las que no bastaba ni una bicha para calmar la ansiedad.

Ese rechazo de la sociedad, esa vulneración de los derechos que enfrentan los habitantes de calle, él dice conocerlos muy bien y fueron algunas de las razones por las que hace 14 años decidió crear una fundación para la rehabilitación de adictos. Esta tarea llamó la atención de los funcionarios de la Secretaría de Integración Social, que ya le había asignado la operación de un comedor comunitario en otra zona de la ciudad. Pero nadie mejor que él para atender el del Bronx. “Cuando me lo dijeron me quité las gafas, empecé a llorar y les pregunté que si hablaban en serio”, recuerda.

La labor que comenzó en diciembre fue tan impactante para algunos habitantes del deprimido sector, que algunos incluso decidieron ir al centro de rehabilitación y hoy lo apoyan alistando los alimentos para el comedor, como relata Mauricio, uno de ellos. Llevar comida al Bronx fue uno de los primeros pasos para la intervención integral que la Secretaría de Integración Social desplegó el 19 de febrero de este año. Una idea en la que, al decir de Jhon Jairo, también tuvo que ver.

“Les dije a los del comité del comedor comunitario que el alcalde no debía sacar a la gente como pasó cuando se tumbó el Cartucho. Al contrario, que lo mejor era pavimentar las calles, poner alumbrado, instalar un centro médico, pintar las fachadas, mejorar las condiciones del habitante de calle para que la gente piense en rehabilitarse”. Estas ideas son las que se han llevado a cabo en los últimos días. De hecho, ya hay un CAI Móvil, luz en varios puntos y duchas y alimentos disponibles para los habitantes.

Además de su vida, a Jhon Jairo lo preocupa el futuro que tendrá la intervención de la administración. Se sabe que el Distrito planea adaptar edificios donde habrá duchas y alojamientos permanentes para los habitantes de calle. Además, como ya lo reveló El Espectador, se estudia un proyecto que prevé sustituir el bazuco con la marihuana en el tratamiento de los drogodependientes. “No sé qué tanto pueda servirles este efecto a los adictos, aunque sí se puede bajar la ansiedad con este cambio”. Por ahora el hombre espera un esquema de seguridad de parte de la Nación.

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