El juego de los ediles

Cerca de 2 millones 160 mil ciudadanos votaron hace cuatro años en las elecciones para juntas administradoras locales.

En campaña, a la puerta no toca el candidato a la Alcaldía. Quizás lo haga el aspirante a concejal, pero en esa cadena que viene de arriba abajo es el edil el llamado a ir hasta su casa, señora, señor, a invitarlo a que asista a una u otra reunión; a convidarlo a usted, joven, a que vaya a una fiesta o se anime a jugar en un campeonato de fútbol. Y a todos, el día de la elección, a que voten. Lo explica Christian González, que lleva 17 años en la Junta Administradora Local (JAL) de Rafael Uribe Uribe, en el sur: “uno dice: ‘soy fulano de tal’ y presenta un folleto, una hojita donde dice qué quiere hacer por la comunidad. Es duro, desgastante, pero es el mejor método para que le crean a uno. La gente busca que los ediles sean personas comunes y corrientes”.

González quiere repetir, así que en caso de que lo reelijan ajustará, al final de su nuevo período, más de 20 años en la JAL de su localidad. Esa experiencia le dice que el trabajo de los 186 ediles que hay distribuidos en las 20 localidades de Bogotá es apetecido por quienes están en la parte alta de la pirámide. Él y sus colegas de Rafael Uribe Uribe ya recibieron en la sede de la JAL a los candidatos a la Alcaldía Rafael Pardo (Liberal-Partido de la U) y Antonio Sanguino y Carlos Vicente de Roux (Alianza Verde). “En las próximas semanas viene Clara López (Polo Democrático)”.

Su importancia radica en que son parte de la base, y la mueven. Eso, sin embargo, no los hace ser los más votados. Hace cuatro años votaron para JAL 2 millones 168.894 ciudadanos en Bogotá. Aunque de entrada la cifra suena abultada, la abstención fue de 55,7%, mayor que para Concejo (54,1%) y para Alcaldía (52,5%).

Así y todo, son los ediles, o quienes están en campaña para serlo, los que tienden el tapete para que concejales y candidatos a Alcaldía —incluso representantes a la Cámara y senadores— caminen cómodamente en los barrios. “Tenemos equipos de trabajo de mujeres, de LGBT, organizaciones sin ánimo de lucro y amigos”, explica González.

Su elección, finalmente, termina configurando parcialmente el mapa político de Bogotá. Como se ve en el gráfico, el Partido de la U reina actualmente en las JAL, muy por encima, por ejemplo, de Progresistas, el movimiento del alcalde Gustavo Petro.

La implicación de esto es que hace la relación menos fluida entre Alcaldía Mayor y líderes de base. Las JAL tienen como función aprobar planes de desarrollo y presupuestos locales, y en Chapinero, por ejemplo, por tres años los ediles han hundido el proyecto de presupuesto de la localidad, cuenta el edil Germán Ricaurte.

Operan como un Concejo que debe sesionar mínimo 20 días mensuales, y les pagan honorarios por cada sesión a la que asisten. Los más cumplidos reciben unos $5 millones al mes. Así que cuando no están de puerta en puerta, deberían ocupar sus curules. También deben hacer control político, aunque ahí hay un pero grande: pueden invitar a funcionarios a que rindan cuentas, pero estos no están obligados a ir. Edith Parada, edil de San Cristóbal, considera que esta es una limitante grande, aunque busca medios alternativos para que le respondan: “Todo mi trabajo de investigación, de denuncias, me toca pasarlo arriba, a un concejal o representante a la Cámara, dependiendo del tema. También tengo cierta influencia gracias a las redes sociales”.

Otros buscan la influencia yendo directamente a las oficinas. González, el edil de Rafael Uribe Uribe, y Ricaurte, el de Chapinero, asumen esta labor como una más en la que cumplen su papel de voceros. Parada, al contrario, la considera un tráfico de influencias disfrazado de gestión. Los dos hombres aclaran, sin embargo, que nada hay de malo siempre y cuando se respeten ciertos límites, como no recomendar ni presentarles contratistas a los funcionarios que atienden sus peticiones. La línea, de todas formas, es delgada.

Es ese el trabajo que los catapulta: Ricaurte, que tiene el apoyo de un senador, prepara su campaña al Concejo y ya tiene candidatos para que lo sucedan en la JAL. Parada también quiere ser concejal, pero los costos y la falta de un aval la hacen dudar. Y son precisamente los costos los que hacen que González quiera mantenerse como edil, porque “para llegar al Concejo se necesitan muchos votos y el tema económico es fuerte”. La campaña para un edil debe costar el 10% de la de un concejal, es decir, poco menos de $30 millones.

González afirma que el dinero generalmente es propio, pero advierte sobre “personas que llegan con maletines llenos de plata a patrocinar campañas. Hay gente que no tiene base y suple ese trabajo con plata”. Aunque no todo es plata, dice, porque finalmente se trata de elegir a alguien cercano, en quien la gente de a pie confía. La Misión de Observación Electoral, sin embargo, da razones para no dejar las elecciones a JAL como algo secundario, pues en sus estudios ha detectado comportamientos atípicos que implican riesgo para el proceso electoral (ver parte superior de la página). Sí, señor elector: un riesgo en las elecciones de esas personas que tan amablemente tocan a su puerta.

Los riesgos en las elecciones de JAL

El más reciente estudio que ha hecho la MOE sobre riesgos en las elecciones de juntas administradoras locales de Bogotá data de hace cuatro años, previo a los comicios de 2011. Los investigadores, basados en el comportamiento electoral de las elecciones de 2003 y 2007, hallaron 149 puestos de votación con riesgo medio, 23 con riesgo alto y 15 con riesgo extremo. Estos últimos se concentraron en las localidades de Sumapaz, Usme, Ciudad Bolívar, Bosa y Santa Fe, todas del sur de la ciudad. Las razones del riesgo fueron los niveles atípicos y variaciones bruscas de la participación, cantidad atípica de votos nulos y no marcados, limitaciones a la competencia electoral y denuncias sobre delitos electorales. Ese mismo año, la MOE realizó una encuesta nacional a concejales, en la que les preguntó, entre otras, cuáles eran las prácticas que representaban mayor amenaza en las elecciones de sus respectivas ciudades. El primer lugar lo ocupó “la compra de líderes”.

 

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