El limbo que amenaza al humedal Moyano

En medio de las dudas sobre los límites del humedal Moyano, que tienen que ser definidos por la CAR, su existencia se ve en peligro por la acumulación de escombros propiciada desde los predios vecinos.

El humedal Moyano se encuentra entre el municipio de Madrid y Facatativá. / Fotos Jaime Camargo
El humedal Moyano se encuentra entre el municipio de Madrid y Facatativá. / Fotos Jaime Camargo

El humedal Moyano está a punto de desaparecer. Sus aguas, que en tiempos de sequía robustecen el río Subachoque y por extensión al Bogotá, están amenazadas por los escombros que quedaron de las obras que se adelantaron en las propiedades aledañas. Y aunque por muchos es reconocido como una zona con gran valor ambiental, la acumulación de residuos tiene una razón: como la Corporación Autónoma de Cundinamarca (CAR) aún no ha definido los límites de este ecosistema (pese a que la controversia entre propietarios y ambientalistas lleva ya, al menos, dos años), nadie sabe dónde empieza y dónde termina el humedal.

La lucha por conservar el Moyano (ubicado entre los municipios de Madrid y Facatativá) ha generado disputas entre organizaciones ambientales, particulares y entidades públicas desde febrero del 2014. La primera alerta sobre el peligro que corría el humedal la formuló un grupo de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional ante la CAR, después de ver que los propietarios de las fincas La Realidad y La Acacia estaban rellenando con tierra y escombros las zonas de inundación, que se conectan directamente con el ecosistema.

“Los propietarios de los terrenos aledaños al humedal no cuidan el lugar ni asumen a cabalidad su responsabilidad por haber vertido escombros, quemado parte de su flora y alterado la estabilidad de las especies que viven allí”, sostiene Patricia Veloza, geógrafa de Universidad Nacional.

La CAR atendió el llamado del grupo de investigación de la U. Nacional, que alertaba el riesgo que generaba un permiso que la misma Corporación había concedido el 18 de febrero de 2014, en el que autorizó a Alfredo Corredor (dueño del predio Las Acacias) y a José Vicente Sánchez (propietario de La Realidad) a usar 5.000 viajes de tierra negra, para nivelar sus terrenos y así evitar que sus predios y la carretera se inundaran.

Y aunque esta autorización fue cuestionable, lo fue aún más la que otorgó ese mismo año la Secretaría de Desarrollo Urbanístico del municipio de Madrid, en ese entonces a cargo de Jorge Ortiz Velásquez, quien autorizó el uso de escombros en la nivelación del terreno, a sabiendas de que el Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente “prohíbe el descargue de residuos, basuras, desperdicios y desechos que deterioren los suelos”.

En efecto, el uso de escombros y tierra sobre zonas de inundación que colindan con el humedal generó graves daños al suelo. En la visita que la CAR hizo al humedal Moyano después de las advertencias de los investigadores de la Universidad Nacional, la entidad observó que “es irrefutable el cambio que se ha producido en el suelo por los efectos del relleno (…) sus propiedades físicas: textura, estructura y color, han sido desmejoradas durante el proceso de nivelación”.

Por eso, la entidad les ordenó a Sánchez y a Corredor, como medida preventiva, retirar los escombros e idear un plan de restauración y recuperación ambiental en un tiempo menor a dos meses. Sin embargo, después de dos años, y pese a que ellos cumplieron la orden de forma parcial, aún hay escombros en el humedal.

Los veedores del municipio de Madrid se pusieron en la tarea de pedirle a la Contraloría que visitara la zona, para revisar su condición actual y el cumplimiento de las medidas preventivas. Lo hicieron porque consideraban que la CAR había sido poco severa con los responsables de la contaminación del humedal. “A mí me preocupa la suerte del ecosistema. Cada vez veo menos agua. Hace 60 años era grandísimo, tanto que mi papá me llevaba a pescar. Ahora, los dueños de los predios aledaños se han dedicado a taparlo con cultivos agrícolas y ganado”, asegura Rosendo Romero, veedor del municipio de Madrid.

Las denuncias de los veedores las confirmó la Contraloría, que en abril visitó el humedal. En un informe, el ente de control sostuvo que “en el recorrido por los predios La Realidad y Las Acacias se ve que en la ronda del río Subachoque todavía hay terreno sin cobertura vegetal, con disposición de recebo, cascajillo y gravilla, lo que se traduce en el no cumplimiento de las medidas preventivas impuestas por la CAR”. A pesar de que en la inspección estuvieron cinco delegados de la CAR Cundinamarca, ellos no aceptaron las conclusiones del contralor y se negaron a firmar el informe.

Limbo en la delimitación

En medio de la polémica, la defensa de Sánchez, propietario del predio La Realidad, ha sido que el sitio donde está el ganado y el sector en el que se hizo la nivelación no hacen parte del humedal. Agrega que la acumulación de agua que allí se forma es producto de la lluvia.

Sin embargo, un informe que la CAR elaboró el año pasado contradice a Sánchez. El documento señala las coordenadas preliminares de la ubicación del Moyano y sostiene que desde 1940 hay rastros de la existencia de un ecosistema en esa área. No obstante, el informe no aclara con precisión los límites.

Carlos Rodríguez, director de la regional Sabana Occidente de la CAR, aclara que apenas hace un año se identificó el humedal. El problema, ahora, radica en que no se sabe en detalle qué porcentaje de la zona es propiedad privada. Por eso, urge la delimitación del Moyano, para que los propietarios tengan claro qué porción de sus fincas es área protegida.

Para Rodríguez, el informe de la Contraloría falta a la verdad, al decir, por ejemplo, que todavía hay escombros cerca de la ronda del río Subachoque. “Aunque sí quedan algunos por sacar, están apartados de las zonas húmedas y ya no representan un peligro para el medio ambiente”, indica.

Esta afirmación la refuta el contralor, al señalar que si bien pueden estar alejados, no es posible saber si ponen en riesgo el ecosistema y menos cuando la misma CAR no ha terminado de delimitar el área total del humedal Moyano.

Llevar a cabo esa labor es la deuda pendiente de la autoridad ambiental para poner fin a la incertidumbre de los propietarios y los ambientalistas. Entretanto, la Contraloría está recogiendo pruebas para elaborar un informe final en el que definirá quiénes son los principales responsables del presunto deterioro ambiental que ha sufrido el Moyano.