El lío de llamarse Torrado

Catorce años después de asesorar políticamente y manejarle las relaciones con la comunidad al senador del Partido de la U Armando Benedetti, Rubén Darío Torrado Pacheco decidió salir de la trasescena para aspirar al Concejo de Bogotá.

Ahijado político de su jefe de toda la vida —acompañó a Benedetti desde que éste era concejal—, el pasado 29 de abril Torrado renunció a su contrato con el Congreso para comenzar una campaña que lo ha llevado a recorrer buena parte de los barrios de la capital con el lema “Por la familia y los valores”.

“Siempre le he dado toda mi lealtad a la familia Benedetti, por eso soy el candidato de Armando Benedetti, que en su aspiración al Senado logró 34 mil votos en Bogotá”, cuenta, pero advierte que comenzó a tener particulares tropiezos en su empresa hace un mes, cuando el aspirante a la Alcaldía Gustavo Petro denunció las presuntas relaciones de algunos políticos con el cartel de la contratación en el Distrito. Puntualmente, Petro habló de los hermanos Efraín y Édgar Torrado, senador y concejal, respectivamente.

Desde entonces, casi no hay visita barrial o evento público liderado por la campaña de Rubén Darío Torrado en el que no lo confundan con los mencionados políticos, con quienes no tiene ninguna relación familiar.

“’Ah, usted es de los cuestionados Torrado’, me dicen. Incluso en varios medios lo han insinuado. Hasta a mi hermano se lo han preguntado en la empresa en la que trabaja”, relata el aspirante a concejal, quien anuncia que, aún así, continuará firme en su idea de ayudar a “renovar un Concejo en el que nadie merece ser reelegido”.

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