El mal estado de las plazas de mercado

Cada vez hay menos visitantes y su infraestructura es muy precaria. Distrito dice que invertirá $1.400 millones para sus mejoras.

La plaza de La Perseverancia tiene la peor infraestructura. Sólo la mitad de los locales están habilitados.

“Sumercé, esto ya es cosa del pasado. Aquí a la plaza de mercado ya nadie viene. Y es que la fruta ya no es la misma y cada día es más cara”, dice Manuel Antonio Sanabria, campesino de 70 años, que desde 1986 llegó a Bogotá para dedicarse a vender frutas y verduras en la plaza de mercado La Perseverancia, en la localidad de Santa Fe. Y tal vez don Manuel tenga razón. La Perseverancia es un lugar olvidado. La mayoría de locales están abandonados: por cada dos, sólo uno está ocupado. Las tejas están rotas, los puestos se sostienen con palos, el piso de cemento está desgastado, ya no va casi nadie y las visitantes más frecuentes son las palomas.

Por eso, Manuel no descarta la posibilidad de irse y comprar un nuevo local. Le parece que este lugar, que antes era cúmulo de saberes del campo y de tradición, no es más que una bodega desordenada y sucia, donde la fruta puede ser igual de cara que en un almacén de cadena. Ya no hay “surtido”, dice este hombre de ojos claros. Eso se debe, según un informe de la Gobernación de Cundinamarca y la Corporación Cactus, a que sólo el 8% de la tierra de la sabana de Bogotá se usa para cultivar. El resto se destina para la ganadería, la minería o la construcción de viviendas.

A los vendedores les toca comprar y vender caro. Manuel se queja por la renta de $135.000 por mes que le toca pagar por su local. Y aunque muchos dirán que no es tanto, para él es mucho si se tiene en cuenta que los propietarios de los locales son campesinos. Él cree que lo que paga no se ve invertido en las instalaciones del lugar y muchos menos en su promoción.

Pero esta situación no sólo se ve en la plaza de mercado La Perseverancia. Hay que visitar la del 7 de Agosto o la de Las Ferias para notar los problemas de infraestructura. “Falta organización en las tejas, en el piso. Siempre se inunda cuando llueve y se tapan los sifones de la entrada principal”, expresa Marta Nibia, vendedora de la plaza 7 del de Agosto. En Las Ferias, por ejemplo, el problema es que muchos vendedores ambulantes se ubican frente a la plaza y como no pagan arriendo, dejan sus productos más baratos. “Así es complicado competir. Nosotros cobramos más caro porque pagamos arriendo. Lo peor es que aquí viene el Instituto para la Economía Social (IPES), ve que afuera invaden el espacio público y no hace nada”, manifiesta otra vendedora de frutas de Las Ferias.

Según datos del concejal Diego García, de 19 plazas distritales registradas, solo 10 cuentan con servicios públicos y 11 no han visto mejoras en su infraestructura. Eso sin contar que apenas seis tienen plan de sismorresistencia y sólo una de ellas cumple con todos los requerimientos para funcionar.

En febrero de este año, el Distrito puso en marcha un proyecto para recuperar las plazas de mercado. Dentro de los objetivos está fortalecer los mercados campesinos, modernizar la infraestructura y hasta unir a los campesinos, distribuidores mayoristas y minoristas. Sin embargo, los propietarios de las plazas dicen que nada de eso se ha visto. El 96 % menciona que no ha recibido hasta el momento ayuda del IPES.

El IPES, entidad encargada de esta tarea, asegura que la mayor amenaza para el sistema distrital de plazas de mercado es la falta de modernización de los lugares, pero que ya se está trabajando en este asunto e invertirá $1.400 millones para hacerles mantenimiento. Desde adecuaciones eléctricas hasta la implementación de cuartos de basura hacen parte del proyecto. Según el IPES, plazas de mercado como la del 12 de Octubre o Carlos Restrepo ya están en etapa de recuperación.

Según Camilo Gómez, director del proyecto de plazas, con la Secretaría de Desarrollo Económico se está trabajando en reactivar las plazas, a fin de hacerlas más competitivas y atractivas. “Hemos ofrecido nuevas fuentes de oferta provenientes de los pequeños y medianos productores que están organizados en los municipios circunvecinos, con el propósito de disminuir los niveles de intermediación, mejorando precios y ofreciendo productos de calidad”, puntualiza.

Los vendedores aseguran que las nuevas generaciones poco o nada saben de cómo es una plaza de mercado de hace 30 años. Ahora sólo les piden al Distrito y a los ciudadanos que no los olviden porque, según ellos, estos lugares conservan la tradición y los saberes de las anteriores generaciones .

 

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