El precio de la paz de las barras

El cierre de fronteras y puestos de trabajo, puntos álgidos de la discusión entre barras y Distrito.

Tribunas del estadio El Campín con hinchas de Millonarios. / Archivo

Los episodios de violencia e intolerancia del pasado domingo en las calles de Bogotá y Medellín, tras el partido entre Millonarios y Nacional, no son una historia nueva. Jóvenes heridos en las salas de urgencias, como la del hospital de Meissen, o decenas de detenidos por batallas campales en los barrios, son el saldo de un partido que, más allá del resultado, deja una extrema preocupación en las autoridades policiales y civiles. Más aún porque, desde hace dos meses, los barristas de todos los equipos que hacen presencia en la capital están sentados en una mesa de concertación, de la que todavía no se ven resultados concretos.

El domingo, en la noche, una vez finalizó el partido entre Nacional y Millonarios por la Copa Colombia, varios medios de comunicación informaron de riñas e incidentes relacionados con supuestos hinchas de ambos equipos en por lo menos cuatro localidades de la capital. Sin embargo, el comandante de Policía de Bogotá, Édgar Sánchez, dijo que “no hay reportes de heridos, ni de centros de salud, ni de la ciudadanía, en la noche del domingo”. No obstante, sostuvo que sólo una de las 200 riñas que hubo en la ciudad en la noche obedeció a asuntos de hinchas.

Más allá de las cifras, y de si hubo o no peleas, hay otros episodios alrededor del partido que evidencian que las guerras entre barras están vivas. Comandos Azules, una de las barras de Millonarios, envió un mensaje por redes sociales a los hinchas de Nacional aglutinados en la barra Los del Sur: “en carretera nos vemos para medirnos los huevos”. Mensaje que se produjo como respuesta a los que la barra del equipo antioqueño produjo a través de Twitter, como “Campeones en su puta cara, xenófobos de mierda. ¡El país es un delirio!”.

Por su parte, los hinchas de Millonarios que viajaron a Medellín, pese a que la Alcaldía de esa ciudad había anunciado el “cierre de fronteras” para aficionados del equipo azul, denunciaron que las requisas a la entrada del estadio Atanasio Girardot las hicieron civiles que portaban armas blancas y que nunca hubo policía que acompañara su ingreso y permanencia en el estadio. Y, también, los jugadores del equipo capitalino mostraron balines de por lo menos dos centímetros de diámetro con los que habrían sido atacados por aficionados antioqueños. Agresiones por las que tuvieron que salir en tanqueta del Atanasio Girardot.

Y es que el cierre de fronteras, si bien es una medida autónoma de los gobiernos locales que pretende blindar la ciudad frente a hinchas violentos, tiene mucho que ver con las riñas que sí ocurrieron en la capital, según le confirmaron a este diario aficionados de ambos equipos. “Como los de Nacional no tienen limitaciones para viajar, la mayoría de ellos pudieron estar en Medellín. En los barrios nos reunimos los parches de Millos y, al salir de las tiendas, nos encontramos con ‘parches’ muy reducidos de Nacional que no pudieron viajar. Ahí se formaron pequeñas peleas”, dijo un hincha de la Blue Rain, otra facción de Millonarios.

Y es que el tema del cierre de fronteras es crucial en la mesa de concertación que miembros de las barras más grandes con presencia en Bogotá llevan con autoridades distritales desde el pasado mes de septiembre, cuando en menos de 72 horas tres personas murieron a manos de supuestos hinchas. No sólo porque es caldo de cultivo para riñas como las del domingo, sino porque ha despertado brotes de xenofobia frente a las hinchadas visitantes y problemas en la misma mesa de diálogo.

Por ejemplo, el Distrito se la jugó el 13 de noviembre cuando permitió la entrada de hinchas de Nacional provenientes de Medellín, en un ejercicio de tolerancia. No hubo incidentes, pero los hinchas de Santa Fe y Millonarios han exigido que, de manera recíproca, Bogotá les pida a alcaldías como la de Medellín que garanticen su ingreso y acompañamiento. Ello no ha podido ser gestionado ni por el Distrito ni por los clubes, pues son decisiones autónomas de las ciudades.

Pero ese no es el único impasse que ha tenido el diálogo. También, los dirigentes de la barras han demostrado que no tienen un control total sobre los miembros de las mismas. “Llevamos dos meses avanzando en soluciones, pero vamos a averiguar en las localidades cómo repercuten los acuerdos a los que llegamos y nos damos cuenta de que muchos de los muchachos que protagonizan incidentes en los barrios no tienen idea de lo que se está haciendo”, dijo una de las personas de la mesa, que no pudo dar su nombre por la confidencialidad que fue pactada desde el principio.

También, varios de los asistentes a esas mesas de diálogos confirman que las barras han pedido oportunidades laborales para los chicos que tienen antecedentes penales, pero que, por razones legales, el Distrito no puede ceder. Que el Gobierno ha ofrecido 10 empleos por cada barra en el programa Goles en Paz, con la exigencia de que tres de esos cupos se queden en mujeres. Algunas barras han desechado esos tres cupos. Además, que hay instituciones del Distrito, que manejan grandes recursos para la juventud, que abandonaron la mesa de diálogo desde hace un mes.

El panorama no es alentador. Menos aún si se ocultan verdades de lo que ocurre en estadios y calles. Los gritos de odio y xenofobia entre bogotanos y antioqueños muestran que la cosa están empeorando. Y, cansados, muchos hinchas y funcionarios se están preguntando por el papel de los clubes, por el lucro que puede haber detrás de una organización piramidal con tintes mafiosos que “defiende” el color de un equipo y por la ineficacia de pactos locales ante un problema de orden nacional.