El proyecto de vida de Sergio Urrego

Esta es una pequeña autobiografía que escribió este joven antes de decidir quitarse la vida en medio de una supuesta persecución discriminatoria y homofóbica de parte de las directivas de su colegio.

Semanas antes de suicidarse, Sergio Urrego, que cursaba once grado, escribió para una tarea de clase una pequeña autobiografía y su proyecto profesional. Su madre, Alba Reyes, encontró el archivo hace poco, en el computador de su hijo, y leyó sus palabras en el homenaje en su memoria que se realizó el jueves en la biblioteca Virgilio Barco. Por su valor social, este diario publica su escrito.

Autobiografía

“Nací el 25 de noviembre de 1997 en la Clínica Palermo en Bogotá, aparentemente normal y con toda una vida por delante. Mis padres, altruistas y esperanzados, creerían que una existencia tan mísera como la mía llegaría a cambiar el mundo algún día. Claro, aún conservo esa misma esperanza aunque esta sea el peor de los males de la humanidad.

No recuerdo muy bien las edades y fechas en las que empecé a hablar, escribir, leer, pero hago una aproximación: a mis tres años hablaba casi perfectamente, sin fallas en la dicción y con el léxico limitado de todo niño o niña de esa edad. En esos mismos años comencé a leer y a escribir, siendo El mago de Oz y otros cuentos, los primeros que terminé y empecé a amar…

Los primeros años de mi vida convivía con mi madre y padre; aunque en ocasiones me visitaba mi abuela, quien era la que me cuidaba cuando ellos se iban a trabajar o a estudiar, junto con una niñera. Mi abuela, mi abuelita, es el pilar de mi educación, la mujer que me ha aportado experiencias, sueños y lecciones de vida.

En estos primeros años me inculcaron el amor por la música, pequeño éxtasis de surrealismo en una vida apagada, junto con otros artes, como lo son el cine o la pintura. Mis padres, siempre preocupados por hacer crecer mi intelecto de la misma manera que crecía yo, desarrollaron en mí el buen gusto por un sinfín de cosas. Probablemente, el buen gusto haya prevalecido, pero nunca desarrollé habilidad para ninguno de estos… solamente los disfruto y me pierdo en ellos como si fuesen dimensiones alternas de nuestra realidad.

En esta trayectoria descubrí a Edgar Allan Poe, el hombre que se convertirá en mi escritor favorito hasta la actualidad. Sus relatos llenos de oscuridad, misterio, escenas detectivescas, desolación, increíbles enseñanzas y demás, hicieron que viese la literatura desde la perspectiva maldita. A la par con Poe (quizás un poco antes) leía las historietas de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino. Me enfoqué en Mafalda, que será mi personaje guía en muchísimas cosas, y Quino, una de las personas que más admiraré. También cabe recalcar que, en lo que se refiere a la música, crecerá dentro de mí un gran aprecio por la banda colombiana Aterciopelados, que escucharé hasta hastiarme, pues este dúo es digno de todo tipo de admiración.

Alrededor de los 5-6 años conseguí una pequeña mascota, una labradora color negro que me acompañaría largo tiempo de mi vida hasta que algún mequetrefe con carro la asesinaría. También tuve un pequeño canario amarillo con naranja que a causa de un estruendo moriría… Ella y él fueron quienes me acompañarían en muchas de las situaciones difíciles y alegres, con quien aprendería el valor de la fidelidad y el amor incondicional, e inclusive el sufrimiento de perder algo para siempre.

Como muchos y muchas, pensaba en qué quería ser cuando fuera grande; las opciones parecían inacabables y yo deseaba ser veterinario, astronauta, piloto, chef, superhéroe, ninja, etc… Sabía que todo esto era poco probable que sucediera, pero cuando uno es niño hay un mar de posibilidades e ilusiones. Más tarde la vida se encargaría de destruirlas todas, con esa barrabasada que llaman incorrectamente ‘madurez’.

Saltando algunas cosas irrelevantes, me remonto a la separación de mis padres a los ocho años, lo que supuso un rompimiento en la visión que tenía de la familia tradicional, que ahora me parece obsoleta y que, si bien puede conservarse, no es la única forma en que se puede construir. A partir de la separación comencé a formarme como persona autónoma e independiente en muchos aspectos y a expandirme en ámbitos que desconocía.

Aproximadamente a los 10 años y a punto de graduarme de quinto de primaria, mientras me encontraba ‘miqueando’ (como dice mi madre) en un rodadero de metal mojado, perdí el equilibrio, me resbalé y me fisuré la tibia derecha. Afortunadamente me eximieron de exámenes gracias a mi rendimiento académico y pasé a sexto. Lo único que me pareció humillante fue pasar al frente de todo el colegio en mi graduación con un caminador de abuelito a decir unas palabras que se me olvidó llevar… Un grado de porquería, diría yo.

Hablando de mi anterior colegio, quiero decir que fue uno de los mejores en los que he estado, gracias a la compañía de mis compañeros y compañeras, y de todo el cuerpo docente, que siempre me respaldó, junto con las directivas, que con ideales revolucionarios y de emancipación crearon un colegio, quizás no muy grande, que seguía una línea educativa nada coercitiva. Una institución que probablemente Ferrer i Guardia habría admirado con orgullo. Lastimosamente me tuve que salir de este debido a la distancia y el deseo de conocer otras perspectivas de la educación (que me han desilusionado).

A mis 13 o 14 años abordé temas sobre política, religión y sexo. Los tres temas que considero la trinidad nefasta e infernal de cualquier conversación, pero sin los cuales no se podría hablar de humanidad. Es a esta edad cuando me inclino hacia la izquierda y me autodenomino marxista (comunista para aquel entonces). Más tarde conozco otro tipo de autores y autoras, así como personas que me hablan de anarquismo, y opto por avanzar hacia el comunismo libertario o comunismo anárquico, ideología de la cual todavía me considero parte y defiendo siempre con los valores de la autocrítica y erradicando cualquier migaja de dogmatismo.

Sobre la religión no hay mucho que decir, desde temprana edad la consideré poco relevante. Poco a poco caminé por el camino del agnosticismo y finalmente decidí dejar de lado cualquier tipo de religión y cualquier tipo de ser sobrenatural, ya que entendí que soy el único creador de mi destino. Cuando hablaba de sexo parece que no faltaban los y las moralistas que encontraban en este un acto pecaminoso o algo de lo que no se debe hablar en público. Hoy en día acepto todas las sexualidades y me parecen maravillosas manifestaciones de la mortalidad hedonista del ser humano.

A esta misma edad empiezo a pensar sobre mi futuro universitario y concibo la idea de ayudar al planeta de una manera práctica, por lo que decido (y mantengo esta idea hasta el momento) estudiar como pregrado ingeniería ambiental en una universidad pública o privada. Después de observar los diferentes planes de estudio en las universidades, escojo la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, por ser una de las mejores en ingenierías y porque me agrada su pénsum académico.

A mis 15 años comienzo a desligarme de cualquier tipo de patriotismo e inclusive amoldo sentimientos de odio y recelo contra un país de gente mediocre, descarada y pobre (mentalmente) al cual han fundado con el nombre de ‘Colombia’. Un país que no es sino el reflejo de una educación paupérrima y de siglos y siglos de letargo auspiciado por el Estado, los diferentes gobiernos, la Iglesia y demás opios del pueblo.

Es por lo anterior que estoy dispuesto a renegar de donde vengo, porque me siento supremamente asqueado de este cuchitril infestado de roedores de toda clase. Por supuesto, no negaré dónde me crié, de mi núcleo, de las personas que considero importantes, sino de toda esa masa aglomerada que conforma el resto de la población y que carece de real importancia.

A esta misma edad planeamos junto con mi madre el primer viaje al exterior, queríamos conocer Cuba. En este viaje se aglomeraron bastantes cosas en mi cabeza, toda la historia política de la isla me parecía muy interesante y ahora que ya conozco cómo es la vida allá he comenzado a replantearme ciertos conceptos que tenía y he fortalecido algunos otros. Ese viaje ha sido una de las mejores experiencias que tuve en toda mi vida, lo único horrible fue el calor insoportable (nunca he tolerado el calor).

Como cualquier adolescente tuve problemas con mis padres a través de toda mi etapa puberta e insoportable. Claro, sigo siendo adolescente, así que sigo teniendo los mismos problemas por las mismas cosas, aunque ya no tan frecuentes, supongo.

En los 15 años que llevo relatando aprendí varias cosas: los y las amigas se pueden contar con los dedos de las manos, el motor de la historia es la lucha de clases (gracias, Marx), hay que desconfiar de absolutamente todo el mundo, la maldad es inherente al ser humano, libertad sin socialismo es privilegio e injusticia, socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad (gracias, Bakunin), el poder autoritario corrompe, la estupidez es abundante, la ignorancia es fuente de conocimiento, ser íntegro conmigo mismo es mi principal objetivo.

En noviembre cumplí 16 años, no hubo fiesta. La verdad es que me fastidia un poco ese tipo de contacto por conveniencia, por eso no decidí hacer nada, pero de igual forma recibí regalos de las personas más importantes para mí. No es que me interese demasiado recibirlos, solamente me siento halagado de que lo hagan las personas que me importan de verdad.

Con 16 años las maneras de ver el mundo han cambiado demasiado, además de que mis errores han aumentado y, por ende, los aprendizajes de forma proporcional. Ya hay un cúmulo de experiencias que me han forjado como persona y con estas, los recuerdos buenos y malos que traen consigo… La realidad es cruel y cada vez más difícil de soportar, el ansia de libertad crece incontrolablemente, la supuesta superioridad humana es escatofílicamente despreciable y en ocasiones asombrosa. Todo esto y mucho más ronda por mi mente, a veces quisiera dejar de preocuparme tanto por estos análisis, críticas y pensamientos.

Para finalizar con esta autobiografía, solamente quisiera decir: a lo largo de esta gran obra fatídica, tragicomédica y absurda, que la mayoría llama ‘vida’, he conocido un montón de personajes que han sabido enseñarme lo que hay en ella de bueno y de malo, de interesante y de estúpido; muchos de estos yacen tres metros bajo tierra y los otros aparentan estar vivos mientras caminan muertos entre las muchedumbres. A todos estos les debo mucho de lo que soy ahora, aunque no achantaría todo esto a simples monigotes de carne y hueso, también me lo debo a mí mismo, y eso lo considero uno de mis grandes méritos”.

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La visión a futuro

“Me veo en un futuro como una persona íntegra, emancipada, productiva, autosuficiente, materialista (desde el punto de vista filosófico-científico) y conocedora de una cantidad de cosas casi inimaginables. En aproximadamente cinco años seré un profesional en muchos aspectos, me desempeñaré laboralmente en la carrera que escogí estudiar y tendré siempre presente los principios que me han motivado y he creado a partir de muchas situaciones, esta vez aplicándolos a mi trabajo. He escogido estudiar Ingeniería Ambiental puesto que me interesa de sobremanera el aplicar de una forma práctica mi deseo de ayudar al medio ambiente, en este caso, conociendo y solucionando los diferentes problemas que hoy en día tiene el anterior mencionado en las diferentes regiones geográficas de nuestro país y el mundo”.

La misión según Sergio

“Mi misión como persona principalmente es ser eso: persona, dejar de lado todo ese sistemático odio que nos vienen heredando y reemplazarlo por un individualismo productivo, tal vez un poco egoísta (esto lo digo desde la perspectiva stirneriana) y formarme como un ser rico en valores, por supuesto, no los valores que pretenden vendernos algunos prototipos de personas, sino aquellos que uno adquiere empíricamente y consideramos realmente correctos desde el ámbito social. También considero que mi misión ha de ser la de transformar nuestra realidad socio-político-económica, al punto de cambiarla de manera radical y erradicar a como dé lugar la inequidad y desigualdad que produce hoy nuestro sistema imperante”.

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