El realismo agrietado

El Liceo Nacional de Varones, en donde Gabriel García Márquez estudió cuatro años, quiere convertirse en un centro de memoria literaria. El alcalde de Bogotá dice que el lugar se está derrumbando.

La plazoleta central del antiguo Liceo Nacional de Varones, colegio en el que estudió Gabriel García Márquez.
La plazoleta central del antiguo Liceo Nacional de Varones, colegio en el que estudió Gabriel García Márquez.

Las palabras de despedida para la promoción de 1944 del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá las dijo Gabriel García Márquez: “Yo no vengo a dar un discurso... ¿Qué hago yo encaramado en esta percha de honor, yo que siempre he considerado los discursos como el más terrorífico de los compromisos humanos?”. El recinto era propenso al eco; todas las esquinas son testigos fieles de los discursos que desde 1782 se pronuncian en este lugar. Los pasillos, las paredes, la plazoleta central, todo sigue intacto. La única diferencia con las épocas de García Márquez es que ahora reina el silencio en las aulas.

En la carrera 8ª con calle 7ª se asienta el antiguo Liceo Nacional, hoy centro de escuela cultural. Desde muy temprano llegan los maestros para tomar uno de los antiguos salones. “A veces llegan 15, 10 o 5 estudiantes...”, dice Jorge Talero, profesor de guitarra e hijo de Néstor Talero, el compositor más reconocido en la historia de Zipaquirá. Al lado de una cancha múltiple trabajan en silencio escultores de sal. Pese a que están ensimismados en su trabajo voltean la cabeza y alegan que quieren trabajar cerca de la catedral de sal para vender sus esculturas. Este lugar, dicen, no es para esculpir.

En 1955, cuando García Márquez publicó La hojarasca, escribió una dedicatoria para uno de sus maestros del Liceo Nacional de Varones: “A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo escribiera”. En el libro Gabo: cuatro años de soledad, el escritor Gustavo Castro Caycedo cuenta que los estudiantes del Liceo Nacional de Varones relataban que en la media manzana que ocupaba el colegio había “fantasmas propios”: “Gabo, luego de saber estos cuentos, sufría frecuentes pesadillas” dice el relato. Precisamente en Zipaquirá García Márquez escribió Psicosis obsesiva (1943), su primer cuento. Cuenta Castro Caycedo que en esta tierra también redactó sus primeros cinco discursos y algunas obras de poesía.

Fue por un consejo de Carlos Mario Alegrías, profesor de castellano del Liceo Nacional de Varones, que García Márquez dejó descansar la poesía y se dedicó a escribir prosa. En su libro, Castro Caycedo cuenta las historias del escritor con sus amigos de escuela: “Gabo tuvo varias amigas que organizaban o asistían a las tertulias literarias, a las ‘empanadas o melcochas bailables’, o a las fiestas más formales que realizaban en Zipaquirá, donde estaban presentes sus madres, tías y hermanas de aquella, y a los que turnándose, asistían algunos de los internos y los profesores solteros del Liceo”, dice Álvaro Ruiz Torres, compañero de colegio de García Márquez.

El Liceo Nacional de Varones no guarda solamente las historias del Nobel de Literatura. Desde 1782, año en que fue construido el edificio colonial, el alférez real Juan Salvador Algarra fungió como propietario. De su estadía poco se sabe, pero en 1935 el Gobierno asumió el manejo de la media manzana para convertir la casa en el Liceo Nacional de Varones. Años más tarde, el lugar sería ocupado por el Colegio Santiago Pérez y luego por el Gabriela Mistral. Luego de que la edificación comenzara a deteriorarse, el municipio se hizo cargo del lugar y desde 2005 comenzó a utilizarlo como centro de escuelas de formación artística.

En la década de los cincuenta el Liceo Nacional fue trasladado y pasó a ser administrado por la comunidad lasallista. Fue allí en donde estudió el actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. “Entré al colegio La Salle en 1969. Gustavo iba dos años atrás de mí, pero me acostumbré a aplaudirlo cuando en el colegio entregaban las menciones de honor. Él tenía un periódico clandestino que se llamaba El Estudiante Piensa... Nunca se arrodillaba en las misas, leía Engels, leía a Marx”, cuenta Bernardo Chinchilla, antiguo compañero de Petro.

21 de abril de 2013. El alcalde Petro escribió en su cuenta de Twitter: “El Liceo Nacional de Varones, el bachillerato donde estudió el Premio Nobel en Zipaquirá, hoy se destruye sin dinero para su funcionamiento. En homenaje a nuestro Premio Nobel bien deberíamos transformar el Colegio La Salle de Zipaquirá en sede universitaria de lengua y humanidades”.

Los trinos del alcalde generaron una polémica alrededor del antiguo Liceo de Varones. Pese a que en el municipio destacan al Colegio La Salle como uno de los mejores de Cundinamarca, en la Alcaldía municipal reconocen que la antigua escuela de García Márquez necesita una intervención: “El centro cultural está en buen estado, pero se proyecta una intervención para activarlo como atractivo turístico. Estamos esperando a que el Ministerio de Cultura expida el certificado de patrimonio. Cuando esto pase podremos presentar el lugar como el espacio en donde García Márquez pensó, escribió poemas y redescubrió el mundo en las habitaciones en donde cada noche leía un capítulo de literatura universal”, señala Felipe Durán, secretario de Desarrollo Económico del municipio. El Espectador consultó al Ministerio de Cultura respecto al certificado de patrimonio, pero al cierre de esta edición no había obtenido respuesta.

Bernardo Chinchilla caminaba cerca del Liceo Nacional de Varones cuando se encontró con Gustavo Petro: “Llegó Chucho Cuevas y empezamos a hablar. Preguntó si alguien sabía qué era el anillo de Giges. Gustavo respondió: es un mito griego que consistía en que aquel que se ponía el anillo se volvía invisible. Fuera de eso complementó y citó a Lévi-Strauss por las teorías del mito. Dijo que más allá de volverse invisible, con el anillo uno podía volar y ser inmortal”.

Esta característica, la de ser inmortal, es la que le atribuye el maestro Jorge Talero al Liceo Nacional de Varones, lugar en donde hoy da clases de bambuco: “A veces piso el salón en donde Gabo se sentaba a estudiar... La esencia es la misma”.