El regreso del “método Mockus” a Bogotá

Movilidad, riñas, machismo y Transmilenio serán los frentes de trabajo en los que se aplicarán las políticas de cultura ciudadana que legó el exalcalde. A Peñalosa pueden servirle para generar resultados y como golpe positivo de opinión.

Enrique Peñalosa y Antanas Mockus lanzaron la política de cultura ciudadana para mejorar la movilidad en las intersecciones viales. / Gustavo Torrijos

Antes de que Enrique Peñalosa llegara por segunda vez a la Alcaldía de Bogotá, y cuando el poder de la izquierda hacía agua tras una década en el Palacio Liévano, Antanas Mockus decía que a la ciudad le hacía falta una nueva dosis de cultura ciudadana. Él la aplicó a mediados de los 90. Ayer comenzó a cumplirse ese deseo, cuando el Distrito lanzó su campaña para mejorar la movilidad en las intersecciones viales, que será sucedida por otras contra el machismo y las riñas y para mejorar el comportamiento de los usuarios de Transmilenio.

La incursión de Mockus en esta administración era previsible luego de su espaldarazo a Peñalosa en la campaña electoral. En un principio, sin embargo, no parecía tan clara la continuidad de su legado, si se tienen en cuenta las críticas que formuló el concejal verde Jorge Torres, mockusiano consumado, al plan de desarrollo que Peñalosa presentó al Concejo, pues carecía de una política clara de cultura ciudadana.

Los partidarios de esa estrategia consideran que Bogotá necesita retornar a los tiempos en los que, como lo ha explicado el exalcalde, los ciudadanos asumieron un rol como agentes que se autocontrolaban para evitar la violación de las normas y que, al tiempo, se las hacían cumplir a los demás sin apelar a la violencia. Mockus pudo sacar a relucir logros como la reducción de la tasa de muertos en accidentes de tránsito, que pasó de 24,3 a 15,1 por cada 100.000 habitantes, o la disminución de los homicidios de 59 a 47 por cada 100.000 habitantes.

Su aplicación de políticas de cultura ciudadana está orientada a resultados, particularmente al cambio de comportamientos, y por eso ha criticado que las administraciones que lo sucedieron, puntualmente las de izquierda, no sólo no hayan puesto el mismo énfasis en estas estrategias, sino que, cuando intentaron hacerlo, se limitaron a campañas publicitarias que no generaron mayores efectos. Sin embargo, Mockus rescató el rechazo al porte de armas que mostraron las mediciones luego de la prohibición que decretó Gustavo Petro, pero luego insistió en la necesidad de las campañas que apuntaran a otros frentes.

Si la izquierda desdeñó la herencia de Mockus pudo deberse a tres factores: haber creído que se limitaba a campañas publicitarias, plantear otras prioridades y, por último, no compartir “el método mockusiano”. Sobre esto último, Aurelio Suárez, excandidato del Polo a la Alcaldía, considera que la propuesta del exalcalde se basa “en una concepción de que el hombre es malo por naturaleza y hay que aconductarlo a partir de premios y castigos, algo bastante reaccionario”. No obstante, tampoco defiende a Lucho Garzón, Samuel Moreno ni a Petro, pues considera que desdeñaron cualquier apuesta seria por educar a la ciudadanía con base en el respeto a los derechos.

El reto de Peñalosa, independientemente del enfoque, es mostrar resultados en los cuatro frentes en los que trabajará de la mano de Corpovisionarios, la organización que orienta Mockus. Y aunque este último no estará al frente de la estrategia como en los 90, su figura, sinónimo de liderazgo, también podría tener efectos políticos benéficos, de una magnitud aún incierta, sobre la menguada imagen del alcalde. Es un golpe de opinión similar al que dio en la campaña, cuando Mockus se le unió, opina el estratega político Carlos Arias. Pero lo que importa, en el fondo, es que gane la ciudad.

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