El restaurante que violaba la reserva Van der Hammen

Pese a que su suelo está protegido, en la reserva funcionaba un restaurante, ahora suspendido por la CAR. Casos como este se presentan en medio de la incertidumbre por el futuro del lugar.

La Reserva Forestal Thomas van der Hammen ocupa 1.400 hectáreas al norte de Bogotá. / Archivo - El Espectador

Desde que fungía como alcalde electo, a finales del año pasado, Enrique Peñalosa hizo público su interés de cambiar el estado actual de la Reserva Thomas van der Hammen para darles espacio a proyectos de urbanización. Sin embargo, en medio de la polémica y del anuncio de que allí pretende desarrollar un proyecto llamado Ciudad Verde, su administración no ha hecho ninguna propuesta formal ante las autoridades ambientales.

Por eso la reserva sigue bajo protección, aunque en ella se presentan todavía irregularidades en el uso del suelo. El Espectador conoció la más reciente resolución de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) como ejercicio de control de las actividades desarrolladas en esa zona al norte de la ciudad. La entidad encontró que allí, en medio del área de restauración —22,8 hectáreas (1,63 % de la reserva) que bordea el nacimiento de la quebrada La Salitrosa— funcionaba un restaurante en el que, además de la venta de comida, había espacio para celebrar eventos sociales. Es decir, se llevaban a cabo actividades prohibidas por la vocación del suelo.

En el área en la que se ubica el restaurante no sólo está vedada la actividad comercial, sino la minera, las nuevas construcciones y hasta los escenarios deportivos. Es un terreno donde se puede hacer uso “forestal protector con especies nativas y restauración ecológica”, según el plan de manejo de la reserva. En ese sentido, están permitidas, por ejemplo, las actividades científicas o de educación ambiental.

Por eso la CAR dio inicio a un proceso sancionatorio contra el propietario del negocio y ordenó la suspensión inmediata de la actividad comercial, que habría comenzado el 1º de marzo de este año, cuando el restaurante, que paradójicamente se llama La Reserva, fue registrado ante la Cámara de Comercio.

Estas irregularidades no son nuevas y representan la incertidumbre por el futuro de la reserva y los vacíos jurídicos que las autoridades ambientales han tardado años en llenar.

La Van der Hammen empezó a poblarse por familias de campesinos a mediados del siglo pasado, cuando se parcelaron las haciendas La Conejera y Las Mercedes, que ocupaban gran parte de las 1.400 hectáreas que componen la reserva. En los 70, la vocación agrícola campesina de esas tierras empezó a cambiar: llegaron las empresas dedicadas, sobre todo, a la floricultura. Y a finales de siglo, con la expectativa generada por la expansión urbana hacia el norte de Bogotá, la zona captó el interés de bancos, empresas de inversión y constructores.

En el 2000, sin embargo, el Ministerio de Ambiente le puso el primer freno a quienes veían la zona como área de posible urbanización: declaró la Van der Hammen como reserva. Pero la incertidumbre continuó porque no se definieron claramente las reglas en la zona. Apenas en 2011 la CAR reglamentó el área de protección.

En ese vaivén de intereses y normas se configuró el mapa actual de la Van der Hammen, que, pese a ser suelo protegido, está destinada, por ejemplo, en un 37 % a uso agropecuario y en un 2,6 % a uso industrial, según un estudio de la Universidad Nacional.

Para sumarle ingredientes a la complejidad que rodea a la Van der Hammen, buena parte de los propietarios de los 361 predios que la componen se agruparon en Asodessco, asociación que está a favor de la urbanización. Incluso presentaron un proyecto similar al que ha dejado ver el Distrito para expandir la ciudad sobre la reserva.

También hay quienes le apuestan a que mantenga su vocación ambiental, como María Elena Anaya, quien vive allí desde hace 50 años. Ella, que ha chocado con la visión de Asodessco y quiere que se conserve la categoría de suelo protegido, recibió con sorpresa el cobro del impuesto predial de este año, en el que, pese a que está prohibido, se había cambiado el uso del suelo de protegido a comercio puntual. La razón fue que uno de los copropietarios había empezado un negocio en su porción de terreno.

Irregularidades como esta y la del restaurante La Reserva se presentan en medio de la incertidumbre por el destino de la Van der Hammen. ¿Reserva forestal o área de urbanización? La polémica sigue y el Distrito aún no les ha solicitado a las autoridades ambientales que cambien, en una parte, el uso del suelo con el fin de adelantar su propuesta de vivienda. Entretanto, la Van der Hammen sigue siendo suelo protegido y esa es la condición que las autoridades defienden ante las violaciones a la norma que la cobija.

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