En alerta amarilla están 19 localidades

El reto para Semana Santa en Bogotá

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La ciudad acogió el toque de queda ordenado por el Gobierno Nacional y estableció parámetros para atender el posible aumento de contagios en las próximas semanas. Todo dependerá del comportamiento de los ciudadanos.

“Iniciamos Semana Santa con la pandemia bajo control”, indicó la alcaldesa Claudia López al referirse al nuevo toque de queda que habrá en Bogotá, por cuenta de las recomendaciones que hizo el Gobierno Nacional, ante el aumento acelerado de casos en algunas de las principales ciudades del país. Si bien la capital no enfrenta condiciones similares, sí espera un tercer pico en las próximas semanas. Todo depende del avance en la vacunación, pero principalmente del cuidado y las buenas prácticas de los ciudadanos en Semana Santa.

En esencia, la ciudad sigue en alerta amarilla. Hay 8.893 casos activos, la mayoría concentrados en las localidades de Suba, Kennedy y Engativá, pero en general los casos han venido descendiendo desde la tercera semana de enero. En similares circunstancias, el promedio de muertes diarias está en 13, mientras que la ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) es del 55 % en camas para pacientes COVID-19 y del 64,4 % en general.

“La ciudad se comprometió a tener 2.000 UCI solo para COVID y tenemos hasta 2.500 en total. Por eso en enero estuvieron a tope. Hoy decimos que tenemos 1.443 para los contagiados, pero no quiere decir que perdimos 600, sino que están inactivas. En la medida que se vayan necesitando las vamos habilitando”, aseguró López al referirse a la elasticidad de la capacidad hospitalaria.

El secretario de Salud, Alejandro Gómez, también se refirió al tema y explicó que probablemente el nuevo pico llegue para la segunda o tercera semana de abril. “Se acerca una temporada de descanso y tenemos que reforzar las medidas de cuidado y estar reunidos en espacios muy aireados, mientras que las personas que viajan en bus les insistimos mantener las ventanas abiertas para prevenir el aumento en los contagios”.

Por ahora, en Bogotá, no se tomarán mayores medidas aparte del toque entre la medianoche y las 5:00 a.m., que empezará este viernes 26 hasta el lunes 29 de marzo, y que se retomará desde el 31 de marzo hasta el 5 de abril. “No están permitidas las procesiones ni las visitas a monumentos, el camino a Monserrate estará cerrado, no habrá el lavatorio de pies ni el Vía Crucis. Todo ha sido de común acuerdo con la Iglesia por la pandemia”, dijo López.

Por ello se promoverán espacios virtuales y en medios de comunicación para transmitir estas celebraciones litúrgicas y se habilitarán más horarios para aumentar el número de misas. De otro lado, el piloto de apertura de bares, en estos días tendrán que cerrar más temprano, para que la gente alcance a llegar a sus casas antes del toque de queda; el madrugón de San Victorino no se realizará mientras dure la restricción, y en el caso de las ciclovías y las actividades programadas en la ciudad, por ahora, no habrá restricciones, más allá de las sugerencias de cuidado.

Y sin bien el panorama es de calma, el Distrito estableció los parámetros y las medidas que se tomarán en caso de que los contagios se disparen. Estas continuarán dependiendo de la ocupación de las UCI y la incidencia de los casos, pero ahora tendrá en cuenta otros factores territoriales a los que se le harán seguimiento por localidades (ver gráfico). En caso de decretarse la alerta naranja o roja en alguna zona, volverán a restricciones como las cuarentenas sectorizadas, el pico y cédula, los controles a los establecimientos o el cierre de instituciones educativas. Por ahora la mayoría de la ciudad permanece en alerta amarilla, mientras que en Sumapaz, dadas las condiciones de la ruralidad, la alerta es verde.

Para Luis Jorge Hernández, experto en salud pública de la Universidad de los Andes, es importante tener claros estos parámetros territoriales que serán claves a la hora de determinar nuevas cuarentenas sectorizadas, pues considera que se deben analizar los datos por UPZ y no por localidades, para tener consideraciones más detalladas a la hora de determinar nuevas restricciones.

“Se da la información por localidades y no por UPZ, ni se tuvo en cuenta los municipios aledaños y el gran flujo de personas que ingresan a la ciudad desde allí”, afirmó Hernández.A la vez señaló que no se debe bajar la guardia con otras medidas, como la toma de pruebas PCR, que pasaron de un promedio de 20.000 en enero a 6.000 en los últimos días.

Por su parte Diego Rosselli, investigador de Salud Pública de la Universidad Javeriana, cree que el semáforo simplifica las cosas y permite que la gente entienda con anticipación las medidas, mientras que con respecto a la Semana Santa considera que lo malo no es viajar sino lo que se hará en estos lugares. “Lo importante es evitar las aglomeraciones, los jolgorios y las discotecas, por eso se recomienda ir a lugares turísticos de naturaleza, en soledad o donde puedan alejarse y ser conscientes que el mejor mecanismo contra el contagio es lavarse las manos, el uso permanente del tapabocas y permanecer en lugares abiertos, con distanciamiento y el menor tiempo posible”.

La Alcaldía sostiene que ha mantenido el rastreo epidemiológico y que, de hecho, a la par se mantiene la carrera por vacunar al mayor número de personas, pues según indicó la alcaldesa, el reto es que esta semana termine la aplicación de la primera dosis para los mayores 75 años, de tal forma que el fin de semana se comience con el grupo de mayores de 70. “Lo estamos haciendo conforme el Gobierno Nacional nos va entregando el biológico”, dijo la mandataria.

Por eso, por ahora, lo único que puede detener el tercer pico sigue siendo el autocuidado ciudadano, que al lavado de manos, el uso de tapabocas y el distanciamiento físico se le sume evitar las aglomeraciones, viajar con el círculo familiar más cercano, así como permanecer en lugares bien ventilados, pues pese a que no se ha visto un incremento en las cifras, similar al que se dio en diciembre y enero, sí se espera un aumento en los contagios por lo menos dos semanas después de Semana Santa.

De allí la importancia no solo de tener claras las medidas, sino las condiciones bajo las cuales se debe estar más alerta, en especial por lo que vivió Bogotá en el segundo pico y porque no han terminado de vacunar a la población con mayor riesgo, es decir, los adultos mayores y las personas con comorbilidades, que son las más afectadas cuando se disparan los contagios.

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