El Río Bogotá debe ser la columna vertebral del POT

Las miradas están puestas sobre el principal afluente de la ciudad. A pesar de que persisten diferencias entre construir o no a sus orillas, arquitectos y líderes ambientales coinciden en su relevancia para tender puentes con los municipios vecinos.

ProBogotá Regional

La ciudad se prepara para un debate crucial el próximo año: la elaboración de un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que defina cómo debe crecer Bogotá en la próxima década. Y una de las grandes discusiones es hacia dónde debe crecer. Las miradas están puestas sobre el río Bogotá, que según algunos expertos debe ser la columna vertebral del nuevo POT. El dilema: construir o no a sus orillas. 

En el cuatrienio, el alcalde Enrique Peñalosa quiere construir 1.198.000 viviendas en la ciudad para atenuar el éxodo de habitantes a la Sabana de Bogotá, a pesar de que el déficilt es de casi 3 millones. Algunos de los proyectos de renovación urbana ya fueron anunciados: Lagos de Torca, Ciudad Norte y Ciudad Río, este último al borde del río Bogotá. La idea de construir a orillas del principal afluente de la ciudad fue punto de debate en el foro del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), organizado por la Fundación ProBogotá y que tuvo lugar en el club El Nogal.

Algo une a los ponentes del encuentro: consideran que el río Bogotá debe ser eje del POT para tender puentes con los 20 municipios aledaños a la ciudad. José Salazar, director del primer POT que tuvo la capital, señala que es inútil pensar en la creación de un gobierno metropolitano, que agrupe a los vecinos, sin haber juntado manos para acciones más pequeñas como implementar el tren de cercanías o rehabilitar el río. Las diferencias residen en cómo actuar frente a la fuente hídrica.

Para Andrés Ortiz, secretario de Planeación, la intención es poblar el terreno que bordea el río con conjuntos de edificios residenciales, ciclorrutas y parques. Con la urbanización, para el funcionario, se crearían los espacios recreativos que los barrios de la zona nunca han tenido. Una de las medidas para ganar espacio es hacer públicos los antejardines de las viviendas, como en Lagos de Torca.  “Tenemos el dinero para darle vida al sector y recuperar 15 humedales en el resto de la ciudad. No queremos que esos activos sigan siendo el patio trasero de Bogotá”, apuntó.

En contraste, Diana Wiesner, abanderada del paisajismo urbano en la Fundación Cerros de Bogotá, opina que toda ciudad debe tener un lugar libre para la naturaleza. “Me parece peligroso pensar en urbanizar el río. En los últimos años, sólo hemos aumentado dos metros cuadrados de parque por habitante, cuando lo ideal es que sean siete. Yo optaría por crear zonas silvestres, aprovechando el suelo fértil de la Sabana. Los habitantes que quieren espacios verdes no tienen que salir de la ciudad”.

Michel Hössler, director de la Agencia TER en París, donde han intervenido desde suburbios de esa ciudad hasta la peatonalización de una vía en Barcelona, piensa que el paisaje debe guiar al urbanismo. En su ciudad construyó una ciudadela de viviendas y espacios verdes al borde del río Sena, uno de los más grandes de Francia.

Para apoyar su intervención en el foro, hizo un recorrido fotográfico por las zonas verdes y azules de la ciudad. “En Bogotá se deshace del agua. El ruido de la corriente es lo único fascinante de varios de los canales que visité. Es importante reflexionar sobre la dimensión poética del líquido: es un ser vivo, que hace desastres o no, de acuerdo con características topográficas del sector. En Shánghai (China), una ciudad de 25 millones de habitantes, construyeron en el borde del río. Hay que recordar que los linderos no son el fin de un territorio, sino el principio de algo nuevo”, advierte.

Además de urbanizar las orillas del Río Bogotá, la propuesta del secretario Ortiz para liberar espacio público es acabar con la existencia de parqueaderos mínimos en zonas de alta densidad. Vale recordar que la ciudad, que hace años crece en un territorio que no es suyo, es la capital más densa en Latinoamérica.

La pregunta, en el fondo, es cómo romper la jerarquía entre un monstruo urbano de casi 9 millones de habitantes y municipios de 100.000 habitantes, cuyos alcaldes temen que la ciudad se los devore con su crecimiento.