El sabor agridulce del Bazuco Cero

La Alcaldía ha dicho que no hay razón para no compaginar la acción de la Fuerza Pública con la garantía de derechos de los habitantes de calle. No obstante, algunos funcionarios criticaron el momento escogido para la operación.

Así se veía la calle del Bronx cuatro horas después de iniciado el operativo. / Gustavo Torrijos

En algunas dependencias del gobierno de Gustavo Petro no fue bien recibido el operativo policial en la calle del Bronx, que pretendió recuperar el espacio público y adelantar acciones contra las estructuras criminales. No cayó bien por el momento en que se produjo. Fue simultáneo a la rueda de prensa en la que Guillermo Jaramillo, secretario de Gobierno, expuso los pormenores del plan del Distrito para garantizar los derechos de los habitantes de calle. “Quedamos mal desalojando el Bronx mientras prometíamos que venía una apuesta por los derechos, precisamente, de quienes fueron desalojados”, le dijo una fuente de Progresistas a este diario.

Lo que estaba explicando Jaramillo era Bazuco Cero: una hoja de ruta para aminorar la violencia y mitigar el riesgo y el daño en salud asociados con el consumo de esa sustancia. Una apuesta riesgosa de la administración que consiste, en buena medida, en suministrar marihuana a los consumidores abusivos de bazuco y así reducir el síndrome de abstinencia y los períodos de disforia. Pero esa política reviste un debate urgente y del cual depende todo el plan de derechos del Distrito: ¿Cómo trabajar en el mismo terreno que las mafias sin negociar con ellas y sin que se disemine el fenómeno de las ‘ollas’ y haya un desplazamiento masivo de habitantes de calle?

Según las mismas fuentes, la molestia por el operativo de cerca de 700 efectivos también se produjo porque, como el mismo general Édgar Sánchez, comandante de la Policía Metropolitana, lo dijo a medios radiales, se hizo “con orden judicial, por un mandato presidencial y siguiendo órdenes de la Dirección General”. Es decir, no por órdenes de la administración distrital. Sin embargo, sus resultados fueron indiscutibles: cerca de 10.000 dosis de bazuco incautadas y la liberación del espacio público que estaba copado por cambuches que, según la Policía, servían como expendios para las mafias que persisten en ese lugar de la ciudad.

Así lo reconocen en la Secretaría de Gobierno e incluso desestiman que haya algún encontrón con la Policía. Uno de los asesores más cercanos de Jaramillo le dijo a este diario que “el operativo no es aislado ni desautorizado. Es un mensaje político: así como vamos a avanzar en el tratamiento alternativo con marihuana para adictos al bazuco, apretaremos a las mafias. Vamos a profundizar derechos, pero somos enfáticos en que no toleramos la criminalidad y en que el espacio público es de la ciudad y no de los jíbaros”. Tesis que confirma otra fuente de la administración, que sostuvo que el operativo estaba pactado desde un consejo de seguridad realizado en la primera quincena del año.

Según investigadores sociales de la misma Secretaría de Gobierno, el operativo se presentó con orden judicial, pues, desde hace seis meses, hay una acción de inteligencia sobre las mafias que allí persisten. Las dos estructuras fuertes que venían operando desde 2006, cuando la aglomeración de expendedores y consumidores del Bronx tomó forma, fueron las de Homero y Mosco. Sin embargo, luego de la intervención policial de 2013, cuyo fin también era la recuperación del espacio público, quienes han mantenido su fuerza son el Mosco y un ‘gancho’ que le quitó el mercado a Homero, el de Morado.

Precisamente, la orden judicial que llevó a la entrada policial al Bronx tenía que ver con información de inteligencia sobre caletas de ambas estructuras. Aunque, pese a los buenos resultados, volvió a ocurrir lo del operativo del año pasado: los habitantes de calle que deambulan por allí se dispersaron. Al cierre de esta edición, los reportes de la administración daban cuenta de concentraciones en los barrios San José y Santa Fe, y en el centro histórico.

Y no sólo eso, sino que, ahora, como lo reconoció el mismo Sánchez, es inminente la conformación de ‘ollas’ en localidades como Suba, Kennedy y Ciudad Bolívar. Por eso, Policía y autoridades civiles están trabajando en una tesis que cobra cada vez más fuerza: la distribución de bazuco se diseminó, se fue a las localidades y está en busca de los jóvenes de estratos uno, dos y tres. Es decir, la victimización no es, y no será, sólo para los habitantes de calle que consumen esta droga.

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Camilo Segura Álvarez

Bogotá

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