"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 9 horas

El té en saco y corbata

En uno de los sectores comerciales con más historia de la capital, al nororiente de la metrópoli, abundan espacios de encuentro entre lo tradicional y lo moderno.

María de los Ángeles Cevellero llegó a Colombia en 1981 con la ilusión de traer la cultura del té a la capital. En su vida siempre ha estado latente la obsesión con los sabores, las teteras, los cultivos de té en Asia Oriental y todo detalle relacionado con el ritual inglés de tomarse una tacita de té a las cinco de la tarde.

La vida nómada la obligó a familiarizarse con el té. Lo que aprendió en viajes a Suiza, Alemania, Japón y en diferentes ciudades españolas (su tierra natal) fue la inspiración para crear The Tea House, un pequeño local en la calle 121 con carrera 18, a tres cuadras de Unicentro.

La historia de The Tea House comenzó en Berna, Suiza. En una tarde gris, frente al lago Leman y a espaldas de la catedral gótica de Berna, María de los Ángeles probó un té negro que definió el rumbo de su vida. Sólo tenía 13 años cuando saboreó por primera vez la segunda bebida más consumida en el mundo.

Años después abrió un pequeño local en la 85 con 15, ofreciendo 40 tipos de té que se vendían por gramos. “El té tenía que venderlo en hojas, porque me parecía increíble que en Bogotá sólo vendieran té Lipton en bolsitas”. Hojas, hojas envueltas en una bolsita, era todo lo que había que hacer para vender el té de la forma más natural posible.

El sueño cosmopolita de muchos capitalinos se acercó a la realidad cuando The Tea House empezó a vender todos los artículos para tomar té como se hace en Europa. Las teteras para tipos de té especializados, así como instrumentos para su preparación, fueron puestos a la disposición de la ciudadanía por Cevellero.

“Lo primero que debemos saber es que las hojas no pueden caer en un ambiente hostil. Ponemos el agua en la tetera y encendemos el fuego, ¡no muy caliente!, porque se vuelve más pobre en oxígeno. Si la tetera es de barro, como las chinas, las plantas se curan, como pasa con las botas de vino. Así es más rico”, dice la dueña de The Tea House.

Para los matrimonios, Cevellero recomienda regalar teteras de hierro, pues, según dice, “es una tradición familiar muy relacionada con la herencia”. Las teteras de hierro que vende en The Tea House son del estilo kyusu, especiales para servir té verde.

Las hojas de té que llegan a este local han pasado por un proceso de selección que Cevellero conoce muy bien. “Durante mi vida pude recorrer los campos de plantación de té en India y Japón. Allí pude conocer las hojas cosechadas en las montañas. El té verde japonés es de los mejores que tenemos. El más caro es el té de agujas de plata: lo cultivan sólo una vez al año y yo me aseguro de que las hojas vengan enrolladas a mano”.

Dentro de las 200 variedades de té que tiene este lugar se encuentran algunas plantas con sabores a fruta, agregados en un proceso de selección y procesamiento de las cáscaras. “Tratamos cada planta de forma diferente. Para los niños es recomendable el rooitea, muy suave y bueno para la digestión”.

El olor es quizá lo más llamativo de la casa del té. Doscientas canastas con plantas de diferentes colores aromatizan todo el lugar. Cada gramo, dependiendo de la variedad, cuesta entre $50 y $1.500.

Los filtros, las teteras, las frutas deshidratadas, entre otros complementos del ritual del té, son el atractivo de este pequeño local que no tiene más de 10 m². En su templo, María de los Ángeles Cevellero sólo espera una llamada para ir a Japón o China a encontrarse con lo que más quiere: los cultivos de té.

Onces en Yanuba

La semana que viene, la pastelería danesa más famosa de Bogotá cumple 65 años. Yanuba ha sido, desde sus inicios, el sueño que el danés Kai Hassen logró hacer realidad. Desde que se enamoró de una colombiana a finales de los cuarenta en Nueva York, Hassen se dedicó a crear escenarios europeos para simular de la forma más real la hora del té en Bogotá.

Con la música de Frédéric Chopin de fondo, dos señoras vestidas de gris y con sombreros Coco Chanel entran a preguntar por una torta negra de matrimonio. El gerente del lugar, Humberto Rincón, hace una venia para saludar. “A las cuatro de la tarde comienzan a llegar los clientes más cachacos, que no han perdido la costumbre de la hora del té. Llegan hasta niños que se sientan a ver a sus abuelos conversar mientras disfrutan un sándwich danés”.

Las damas de gris se sientan al lado de una ventana y tienden sobre la mesa una baraja de cartas de bridge. El ruido de la 15 no parce molestarles. Humberto comenta que “este plan tradicional le gusta mucho a Juan Lozano, a Eduardo Montealegre y hasta al mismo presidente Juan Manuel Santos”.

Los trabajadores de Yanuba se han acostumbrado a atender personajes públicos de la historia colombiana como Luis Carlos Galán o Carlos Lleras Restrepo. Los platos que en algún momento probaron los expresidentes todavía se conservan. Las recetas más apetecidas del lugar, el pescado blanco o el pollo a la danesa, no superan los $40.000.

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