El tortuoso camino de la pólvora

El debate sobre su prohibición total revive. El Distrito tendrá listo esta semana el borrador de una iniciativa para que sea ilegal en otros departamentos del país. Empresarios piden mesa para discutir reglamentación.

Tienda de comercialización de pólvora en el sector de El Altico, municipio de Soacha. / El Espectador

Bogotá. Sobre una mesa de madera hay juegos de pólvora en cajas coloridas, desgastadas, rectangulares, piramidales, pequeñas, grandes. La escena está iluminada tenuemente. Al fondo se escucha un vallenato. “Dueña de mi alma, linda ilusión, que me domina, me hace feliz”, tararea antes de decir: “Tenemos el supervolcán. La mariposa, casi una bomba. Tenemos los totecitos, inofensivos. Los misiles, papeletas, la metralla, los voladores cinco golpes y trueno (marca El Vaquero). Todo aquí en el centro”. El hombre muestra la “merca” de su pequeña tienda que, cualquiera apostaría, no cumple con ningún control.

“Existe una enorme esquizofrenia institucional con el tema de la pólvora. Mientras en Bogotá está prohibida, en Cundinamarca se comercializa legalmente. El expendedor ilegal en la ciudad, surtido por las empresas legales, es un mercader de la muerte”, dice José Cuesta, subsecretario para Asuntos Locales del Distrito, quien ha tenido la tarea no grata de dirigir, con el apoyo de la Policía, los operativos de incautación. A la fecha, un poco más de cinco toneladas de pólvora han sido destruidas.

Bogotá lleva diez años prohibiendo la pólvora. En 1995, Antanas Mockus decretó su ilegalidad y desde entonces las administraciones han mantenido esa prohibición. Los índices de quemados han bajado de forma drástica, aunque hay quienes creen que también se debe a las campañas que se han hecho para concientizar sobre su uso y abuso. Aun así, estamos lejos de no presentar heridos o quemados. Sólo en la capital, sin contar las cifras que se reporten este fin de semana, cuando se celebre el centenario de la fiesta de Reyes Magos en el barrio Egipto, se han dado 38 casos de personas heridas por pólvora, 11 de ellas menores de edad. Diez menos que durante el mismo período de 2013.

Todos los finales y comienzos de año, el escenario se repite. Llegan las fiestas, la compra de pólvora se dispara, las autoridades dan a conocer una cifra de quemados y vuelve el debate: se debe prohibir en todo el país, dicen unos; se debe reglamentar, sostienen otros. Lo cierto es que la quema de pólvora sigue siendo una práctica que está lejos de desaparecer.

“El próximo martes vamos a presentarle al Consejo de Seguridad del Distrito un proyecto de ley que haga trámite en el Congreso para que prohíba en todo el territorio nacional la comercialización de pólvora al menudeo. La iniciativa exceptuará la producción de las empresas que administran juegos pirotécnicos”, sostuvo Cuesta, quien cree que la bancada de representantes a la Cámara por Bogotá impulsarían el proyecto. En el sur de Bogotá, sólo una esquina separa la capital de Soacha, donde la pólvora se vende legalmente. Allí, cualquiera puede indicar dónde quedan Chispitas Carnaval, El Dragón o El Vaquero, tres grandes de los juegos pirotécnicos.

“Vendemos productos legales”, sostiene Carlos Andrés Carvajal, vocero de la Federación Nacional de Pirotécnicos y gerente ejecutivo de El Vaquero, la empresa más grande que hay en el país. En sus 35 puntos, la gente compra pólvora sonora, craqueadora, giratoria, de mano, aérea o importada, como candelas romanas, tortas, carcasas, cañones y misiles.

Carvajal está en Manizales. Dice que esta semana cerró la feria taurina con un espectáculo pirotécnico que su alcalde agradeció con abrazo incluido. Así, recuerda, cómo Gustavo Petro lo abrazó cuando cerró un espectáculo pirotécnico para el Distrito el año pasado. Carvajal no está de acuerdo con la prohibición de la pólvora a nivel nacional que el Distrito busca legalizar.

“En lugares donde se formaliza la comercialización de pirotecnia, no suceden tantos accidentes. Nuestros productos tienen fechas y advertencias de uso. No se comercializan a menores ni a personas en estado de embriaguez. Prohibir es dejar la venta de juegos pirotécnicos al mercado ilegal, que nadie regula ni controla. ¿O alguien ha hecho algo con la práctica de encender esponjillas?”, sostiene Carvajal.

“Les vamos a enseñar cómo voliar esponjilla a lo ñero. Lo primero que necesitan es una esponja bombril y una cuerda”, dice entre risas un niño que no supera los 12 años, junto a su “socio” de edad similar. “Hay que echarle fueguito y comenzamos a darle vueltas como un gamín”, asegura. Los filamentos de acero de la esponjilla se queman rápido con cada vuelta en el aire. La estela que deja es naranja, bella y peligrosa. En YouTube hay varios videos de niños colombianos “voliando” esponjilla entre risas y sobresaltos. La chispa de acero caliente en un ojo puede dejar ciego a cualquiera.

“Reconozco que en la venta de pólvora hay mucha informalidad. Por eso propongo que nos sentemos con el Gobierno en una mesa para buscar una salida que vaya más allá de los controles que sólo hacen a final de año. Hay 25.000 familias que viven de la pirotecnia y sólo hay 160 licencias a nivel nacional, expedidas por el Ministerio de Defensa. Si bien con Mockus bajaron los índices de quemados, la prohibición alimentó una ola de informalidad que les abrió paso a los pitos, las culebras, los tumbaranchos, las matasuegras, los torpedos, las buscaniguas. Pólvora fabricada con fósforo blanco, inestable, que estalla con medio tocarla”, afirma Carvajal.

Aunque no es fácil saber cuántas personas se dedican en Bogotá al mercado ilegal de pólvora, hay algunas claridades. Un kilo de fósforo rojo o blanco, más el clorato (la mezcla de pólvora), puede valer $30.000, y la ganancia para esa mercancía puede ser de un millón en temporada decembrina, especialmente en la Noche de las Velitas. El negocio de pólvora no es pequeño. El año pasado trajeron 50 contenedores con juegos pirotécnicos de China. A un contenedor le caben 21 toneladas de pólvora. Es decir, al país entraron 1.050 toneladas por los puertos, que finalmente nacionalizó el Ministerio de Defensa.

Mientras el debate sobre la pólvora no se mire a fondo y se analice si la salida es la prohibición nacional de la actividad, el esfuerzo institucional de Bogotá seguirá siendo marginal e inútil. Sobre todo comparando cifras como éstas, que dan las empresas legales: desde hace cinco años, la venta de pólvora se incrementa un 20% anual. 

* [email protected] / @Natal1aH

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