ENTREGA IV #UNAÑODESPUÉSDELBRONX

El viejo y el nuevo Bronx desde los ojos de los comerciantes

Luego de un año de la intervención, los comerciantes recuerdan cómo era trabajar en medio de habitantes de calle, drogadictos y delincuentes. Su preocupación ahora es que el Distrito garantice el desarrollo económico del sector. En el sector hay 22.000 negocios

La principal queja de los comerciantes de Los Mártires es la presencia de habitantes de calle. /Gustavo Torrijos

En el sector del Voto Nacional, a algunas cuadras de la Presidencia de la República, a dos del Comando de la Policía y a una de un batallón, las bandas delincuenciales tenían su propia república independiente del crimen: el Bronx. En la olla más grande de la capital, la ley la imponían las mafias. Quien la incumplía podía sellar una muerte horrible en una casa de pique y quizás convertirse en relleno de empanada o comida para perros, como han asegurado varios testigos.

(Consulte aquí nuestro especial multimedia: Un año después del Bronx) 

No sólo los habitantes de calle, drogadictos, vándalos y comerciantes tenían que cumplir las normas. A visitantes y a clientes también los cobijaba la “constitución” de la calle del terror. La presencia de cientos de indigentes y consumidores era atemorizante, pero quienes conocían la historia detrás de la famosa L sabían que el verdadero mal se escondía más allá de las montañas de basura. Para muchos ciudadanos, la mejor decisión era no detenerse en la zona de influencia.

El miedo golpeó por años las finanzas de los comerciantes que dejaron crecer su sueño de emprendimiento al lado de esta meca del crimen. Álex Mejía*, dueño de un negocio de repuestos automotores, de los que abundan en el sector, cuenta cómo cada local tenía que poner un letrero informándoles a sus clientes los “mandamientos” del Bronx, para evitar problemas en su estancia.

“Las normas eran simples, pero no cumplirlas podía propiciar un mal rato. No se podía hablar por teléfono; los celulares tenían que estar guardados; nada de hacer contacto visual con los habitantes de calle y mucho menos con ‘ellos’ (delincuentes que vigilaban la zona). Tomar fotos y hacer preguntas era una provocación”, explicó Mejía, quien por 15 años tuvo su negocio cerca de la entrada a este infierno.

La mejor recomendación que los comerciantes les daban a sus clientes era que cortaran comunicación con el mundo exterior mientras estuvieran allí. Si necesitaban hacer una llamada, los dejaban entrar a los locales. La sugerencia no era para evitar que les robaran el celular, pues los atracos en la zona estaban prohibidos. La regla sólo tenía un motivo: evitar el espionaje de policías encubiertos o bandas enemigas.

Los negociantes aseguran que nunca tuvieron miedo. Vivieron los últimos años viendo cómo la humanidad se autodestruía entre drogas, armas y basura. Sin darse cuenta se convirtieron en parte de este ecosistema y, al ser residentes permanentes, su seguridad estaba garantizada si les pagaban a “ellos” la cuota de protección. Ver a un policía en estas calles era extraño, su autoridad se diluía en ese sitio y muchos, por miedo, preferían voltear los ojos. Los habitantes de la zona dicen que no eran más que mandaderos de los verdaderos amos de este centro de negocios delincuencial.

Los días después de la intervención

Aunque estaban acostumbrados a vivir entre delincuentes, indigentes, drogadictos y prostitutas, los habitantes del Bronx sabían que era necesaria la intervención de la Alcaldía o del Gobierno para acabar con esta calle del horror. Sus negocios necesitaban librarse de este mal para crecer. El 28 de mayo de 2016, a las 4:00 de la mañana, su deseo se cumplió. Un grupo de 3.000 miembros de la Policía, el Ejército y el CTI cruzaron la frontera e invadieron la nación del crimen. Más de 160 menores de edad fueron puestos a disposición del ICBF; fueron rescatadas 200 mujeres que eran explotadas sexualmente; se logró la incautación de varias armas de fuego, licor adulterado, droga y máquinas tragamonedas; se capturó a 20 personas (ninguna de ellas cabecilla de las bandas criminales), y más de mil indigentes abandonaron el sector.

Pero, contrario a lo que se podría pensar, la intervención no tuvo un efecto positivo en el comercio o, por lo menos, no durante los primeros meses. En la zona se había desatado una guerra por el control y los comerciantes estaban en medio. Además, la exposición mediática provocó que sus clientes habituales se abstuvieran de comprar en ese sitio. Por tres meses, la economía se paralizó.

“Hoy aún sentimos los efectos negativos de la intervención. La seguridad y las ventas mejoraron en las zonas más cercanas, pero los habitantes de calle ahora se esparcieron por toda la localidad de Los Mártires y las localidades vecinas. Su presencia afecta el comercio hasta en un 30 %”, opinó Lady Cárdenas, vocera de los comerciantes de Sanandresito, quien agregó que el tráfico continúa en el sector y los habitantes de calle se han robado varias cámaras de vigilancia en la carrera 16.

Así las cosas, las esperanzas de los comerciantes tras la toma rápidamente se diluyeron. Según expresan, antes el cáncer estaba concentrado en un solo punto, y la intervención provocó una metástasis que está afectando a zonas comerciales que antes no tenían este lío. Sus peticiones son dos: que la Alcaldía reubique a los habitantes de calle y que la empresa de aseo aumente la frecuencia de recolección, pues ya no hay tantos recicladores como antes.

Un futuro prometedor

Hoy, la administración distrital asegura que Los Mártires se convertirá en uno de los centros empresariales más importantes de Colombia. Además de la recuperación urbana, la visión del Distrito pretende darles un nuevo aire a los comerciantes del sector y potenciar sus negocios. Juan Miguel Durán, secretario de Desarrollo Económico de Bogotá, explicó en entrevista con El Espectador la estrategia de la Alcaldía para ayudar a los comerciantes que hoy dicen ser víctimas de la supuesta falta de planeación del Distrito y aseguró que en esta nueva etapa el impulso a la economía será uno de los pilares para la recuperación de la localidad.

“Queremos mejorar la calidad de vida y el proyecto empresarial de los comerciantes. El problema es que los compradores no se ven atraídos por culpa de la mala imagen que existe y por eso avanzamos en una estrategia de promoción llamada ‘Yo le compro a Bogotá’, con la que esperamos contrarrestar este mal momento económico en el sector. La idea es convertir esta zona en un gran centro comercial de cielos abiertos”, dijo Durán.

Según explicó la administración, secretarios distritales y comerciantes se reunirán cada mes para hacerles seguimiento a las estrategias de reactivación económica. En la zona de influencia del Bronx hay más de 22.000 locales comerciales registrados ante la Cámara de Comercio de Bogotá que están siendo sectorizados según su actividad, para hacer un mapa de prestación de servicios que sirva como guía a la ciudadanía.

Además de los negocios que funcionan allí, el proyecto urbanístico que reveló el alcalde Peñalosa el pasado lunes también comprende la apertura de nuevos escenarios comerciales que, en teoría, prometen revitalizar el centro de la ciudad y convertirlo en un nuevo motor de desarrollo económico del país.

“Los Mártires tiene un dinamismo económico muy importante y pronto se convertirá en un gran centro de creatividad. Será una de las zonas más atractivas de la ciudad. Vamos a consolidar la denominada industria naranja con actividades de diseño de modas, zapatos y desarrollo audiovisual”, aseguró el alcalde de Bogotá.

Ante las palabras del Distrito, los comerciantes no pierden la esperanza de un cambio en la localidad. Confiesan desconfiar de las promesas de los políticos, porque durante años la única autoridad que conocieron fue la del miedo, pero a pesar de eso sueñan con ver materializados los renders que la Alcaldía presentó con bombos y platillos. En este panorama de incredulidad, más allá de la inversión, las estrategias mercantiles y las mesas de negocio planteadas por el proyecto de revitalización de Los Mártires, el primer desafío del Gobierno está claro: recobrar la confianza de un pequeño país independiente que, hace un año, volvió a ser de Bogotá.

Volver al especial #UnañodespuésdelBronx