Entrega III #Unañodespuésdelbronx

"En el Bronx, el tráfico de droga era lo de menos": secretario de Seguridad

Un año después de la toma del Bronx, el secretario de Seguridad, Daniel Mejía, insiste en que el panorama era peor de lo que la gente conocía. Dice que fue una operación exitosa, que dejó retos y lecciones.

Daniel Mejía, secretario de Seguridad. / El Espectador

Daniel Mejía, desde la academia, llevaba años investigando y opinando sobre seguridad. Con la elección de Enrique Peñalosa le llegó la oportunidad de pasar de lo teórico a lo práctico. El mandatario le encomendó la política de seguridad y su cargo lo estrenó con la toma del Bronx. Si en algo hay consenso, es que la intervención era necesaria. Sin embargo, la diáspora de jíbaros y habitantes de calle, así como la falta de una captura ejemplar, hacen parte de las críticas. A esto se enfrentó Mejía y, pese a todo, no duda en decir que fue una operación cuidadosa, rápida y exitosa: rescataron a las víctimas del narcotráfico y desarticularon un imperio criminal. Hoy, un año después de la operación, habla del antes, durante y después de la toma. (LEA: Arquitectura criminal del Bronx: Torturaban hasta en edificios del Distrito)

(Consulte aquí nuestro especial multimedia: Un año después del Bronx) 

¿Qué encontró en el Bronx?

Desde que asumí, me reuní con el CTI y con inteligencia de la Policía, que me presentaron un informe. Ellos me preguntaron si esta administración estaba dispuesta a intervenir esa zona y nuestra respuesta fue un contundente sí. A partir de ahí montamos mesas de trabajo y una burbuja de inteligencia. Sumamos a Integración Social, Salud, Idiprón y el ICBF. Desde enero empezamos a planear la intervención. (LEA: Así fueron los dos meses que vivió un policía infiltrado en el Bronx)

¿Qué fue lo más difícil antes de la toma?

Que no se fugara información. Desde la campaña dijimos que no íbamos a permitir sitios vedados para las autoridades. Al asumir, queríamos intervenir cuanto antes, para frenar la explotación sexual, los asesinatos, los secuestros, las torturas, el tráfico. Pero, también sabíamos que debíamos hacerlo bien, para no tener muertos ni heridos. (LEA: ¿Qué hacer con los habitantes de calle en Bogotá?)

¿El Bronx era tan terrible como lo pintaban?

Y mucho más. El tráfico de droga era lo de menos. Por ejemplo, antes de la toma no sabíamos que había fosas en el Bronx y a la fecha se han hecho varias exhumaciones. Había sitios de tortura y explotación sexual infantil. Desde la planeación sabíamos de personas desaparecidas, como el niño de 12 años que se ve en un video cuando se lo llevan los sayayines. El panorama era más grave de lo que la gente conocía.

¿Cómo se ajustó esa operación?

Se corría un riesgo grande. Por ejemplo, enfrentarnos a una toma de rehenes, de niños o habitantes de calle, o una balacera. La operación tenía que ser rápida, milimétrica y que no se hiciera ni un disparo. Por eso participó tanto personal como comandos urbanos de la Policía, CTI, Ejército. Lograr una toma sin hacer un disparo habla de una operación bien planeada.

Cuándo pudo entrar, ¿con qué se encontró?

La toma fue casi a las 5:30 de la mañana. Encontramos 163 menores de edad, muchos habitantes de calle y unas condiciones muy riesgosas para toda la población. En bares como Tiny Toons, Millonarios y Hulk encontramos niños, todo tipo de droga, licor adulterado. El olor a bazuco, excremento y basura mostraba condiciones que no eran aptas para ningún ser humano.

¿Qué pasó con los habitantes de calle?

Con la zona asegurada vino la intervención del Idiprón, Integración Social y el ICBF. Teníamos protocolos y una oferta institucional definida. Los menores quedaron en proceso de restablecimiento de derechos y a los habitantes de calle les ofrecimos los albergues. Muchos aceptaron, otros no. Ahí nos enfrentamos al debatible fallo de la Corte que dice que no los podemos obligar a aceptar la oferta. Muchos habitantes de calle empezaron a merodear otros sitios, como La Estanzuela, Cinco Huecos, los parques de Los Mártires. Eso aumentó la percepción de inseguridad. Pero hoy, al hacer un monitoreo de las estadísticas de delitos, vemos cómo ha mejorado el panorama.

La gente criticó mucho los efectos colaterales.

El reto fueron los habitantes de calle, pero en eso trabajó muy bien la Secretaría de Integración Social. Lo que notamos en los meses posteriores fue que los problemas surgían cuando los habitantes de calle se aglomeraban, porque aparecían los expendedores y empezaban las amenazas contra los funcionarios que les ofrecían los programas de asistencia. Sin embargo, eso se fue sorteando a medida que fuimos atacando las taquillas de venta de droga.

¿En qué momento se tranquilizó el panorama?

Muchos expendedores y habitantes de calle creían que iban a recuperar la zona y eso los mantuvo en el área. Sin embargo, cuando empezamos a demoler se notó un punto de quiebre y disminuyeron las aglomeraciones. Se dieron cuenta de que era el fin del Bronx.

Hay críticas porque no cayó ningún capo.

Eso no es cierto. Hicimos un centenar de capturas, pero los capos ya estaban en poder de las autoridades, como el Mosco y su hermano. El día de la toma capturamos a 20 jefes de finanzas y los sicarios que se encargaban de la seguridad. Después capturamos otra cantidad de gente, incluso en la costa. (LEA: Alias “Mosco”: asesino sí, pero no le probaron que fuera jefe del Bronx)

A muchas bandas las protegían policías.

Descubrir que algunos policías estaban involucrados con estas organizaciones fue uno de los temas más dolorosos. Recuerde que antes de la toma capturamos a 14 agentes del CAI de San Victorino y el año pasado el comandante de la Policía desvinculó a cientos de policías. Hubo una purga muy grande. Lamentamos esta situación, porque son personas que le hacen mucho daño a la institución.

Ese tipo de relación no se da sólo en el Bronx.

A diario recibimos quejas similares, de policías vinculados a ciertas ollas, pero hay que resaltar esa voluntad de la Policía de seguir depurando la institución. En una fuerza de 18.000 uniformados, seguro hay algunos que se deja corromper. Esas personas deben salir y enfrentar a la justicia.

El microtráfico se desplazó a otras zonas. ¿Cómo lo están enfrentando?

Siempre he tenido claro que la política no es contra el consumidor, sino contra las estructuras criminales y los delitos conexos como el tráfico de armas y el homicidio. Por eso estamos haciendo énfasis en desarticular estructuras, especialmente las que amenazan entornos escolares y parques. Lo otro es acabar con los focos de microtráfico. Los principales estaban en el centro, como San Bernardo, Cinco Huecos, el Bronx y La Estanzuela. Hoy hay otros como El Cartuchito, en Ciudad Bolívar y Suba, que estamos interviniendo. Lo que tenemos que hacer es acabar con esas estructuras y en eso estamos trabajando fuerte con la Policía y la Fiscalía.

¿Cuál es hoy su balance?

Sostengo que el objetivo de esta toma fue salvaguardar los derechos de los menores de edad y de los habitantes de calle, que estaban siendo torturados y explotados sexualmente. Estábamos en la obligación de recuperar esa zona. El caso del secuestro de los detectives del CTI demostraba la gravedad de lo que allí ocurría. Era inconcebible que allá no pudiera entrar la policía y que los uniformados que lo hacían, ya sabemos a qué iban. Había que limpiar esa zona de esas estructuras delincuenciales. Insisto, la venta de droga era lo menos grave en el Bronx.

¿Qué viene?

Recuperar la zona con el plan de renovación, con el que vamos a llevar la institucionalidad al sector, que estuvo muy olvidada por las autoridades. Además, seguir trabajando en garantizar la seguridad.

¿Qué lecciones le quedan?

Una es el éxito del trabajo en equipo con la Fiscalía, la Policía, el Ejército y el brazo social del Distrito. Que si se hacen las cosas bien planeadas, pueden salir bien. Uno de los retos es la atención de los habitantes de calle, pero tenemos que perseverar. Aunque muchos no acepten la oferta institucional, hay que insistir, porque hay casos de éxito.

¿Cuál es su mayor satisfacción?

Recuperar a esos menores, que estaban siendo explotados sexualmente y los que estaban siendo explotados por las redes de tráfico de drogas.

¿Y lo que lo atormenta?

Hay un episodio que no me puedo borrar de la mente. Es el de un niño habitante de calle, que se ve en un video de seguridad cuando lo raptan los sayayines. Nunca lo encontramos. Lo buscamos y una vez pensamos que lo habíamos encontrado, pero no era él. Los otros niños dicen que lo mataron. No poder encontrarlo es un gran sinsabor.

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