En promedio, cada día se varan 25 buses de Transmilenio

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Hasta julio pasado, 5.340 vehículos resultaron varados en pleno trayecto. Para hacerle frente a esta situación, está en marcha una licitación para remplazar 1.162 buses y poner en operación alrededor de 1.400 nuevos.

Las dificultades y cuestionamientos alrededor del proceso para renovar la flota más vieja de Transmilenio –del que el Distrito viene hablando desde finales de 2017– le han pasado factura al sistema y no deja de ser habitual que, a falta de buses nuevos, los más antiguos comiencen a fallar por el paso del tiempo. Según cifras del sistema, entre enero y julio de este año, 5.340 vehículos resultaron varados: un promedio de 25 cada día.

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Las estadísticas del sistema indican que abril, con 866 buses varados, fue el más crítico en cuanto a fallas mecánicas y que en el 71 % de los incidentes, el vehículo involucrado fue un articulado. El 30 % restante corresponde a biarticulados (715 buses varados) y padrones duales (795) que en pleno trayecto resultaron varados. El año pasado, el número de vehículos varados ascendió a 10.469, es decir, en promedio 28 cada día.

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Por estos hechos, solo este año 9.330 buses han requerido mantenimiento, frente a los 13.769 que necesitaron intervención el año pasado. Al revisar las causas de las fallas mecánicas, el informe señala que los principales daños ocurren en el sistema de refrigeración (20%), neumáticos (14%), inyección y combustible (7%), electricidad y electrónica de motor (6%) y puertas (5%).

“El mantenimiento correctivo o improvisto implica que estén fuera de servicio entre dos y 10 días. Prácticamente la mitad de los buses al mes, han requerido un mantenimiento correctivo, afectando la seguridad de los usuarios, más teniendo en cuenta que el 40 % tiene más de 10 años en funcionamiento”, reclamó el concejal Rolando González, quien dio a conocer el informe del sistema.

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El cabildante llamó la atención por el hecho de que, cada mes, entren a los talleres alrededor de 1.045 buses, un promedio de 35 diarios, pues la flota disponible es de 2.000 buses. “Entre el 2017 y 2016, el crecimiento de ingresos a mantenimiento de buses articulados fue de un 17 %, en biarticulados un 44 % y duales un 35 %”, agregó González.

Para hacerle frente a todas estas situaciones, Transmilenio puso en marcha una licitación para remplazar 1.162 buses (el 58 % de la flota actual) y poner en operación alrededor de 1.400 vehículos nuevos (entre articulados y biarticulados).

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Aunque se esperaba que en diciembre próximo ya estuviera operando parte de una renovada flota de vehículos, ahora se prevé que ese objetivo se cumpla no antes de marzo de 2019. Por cuenta de lo anterior, a la administración no le quedó de otra que seguir alargando la vida útil de los buses más antiguos, hoy célebres por sus frecuentes fallas mecánicas.

Esta tarea era un pendiente que había dejado la anterior administración, y que no había hecho la actual. Ambas prorrogaron los contratos de las fases I y II del sistema, y ahora, por tercera vez, fue necesario hacer un ajuste en los tiempos para alargar su vida útil, buscando garantizar la prestación del servicio mientras se concreta el proceso licitatorio y llegan los buses nuevos.

Se trata de dos concesionarios de la fase I: Express del Futuro (responsable de la calle 80) y Metrobus (a cargo del Tunal y un tramo del sur), cuyos contratos vencían el próximo 15 de diciembre. Sin embargo, ante las dificultades en la licitación, el Distrito les prorrogó por tres meses más, es decir, hasta el 15 de marzo de 2019.

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El proceso se efectuó en junio pasado, teniendo en cuenta que, para poder ampliar los plazos, Transmilenio debe requerir a los operadores con al menos seis meses de antelación. Así las cosas, no se descarta que en diciembre próximo haya una nueva prórroga por otros tres meses que extienda los contratos de estos dos concesionarios hasta junio de 2019.

Aunque el Distrito ha argumentado que se trata de procesos necesarios para garantizar la efectiva prestación del servicio, para los opositores las prórrogas son evidencia de falta de planeación y demoras para concretar la licitación, que implican que los bogotanos tengan que seguir lidiando con buses viejos, más propensos a fallas y contaminantes.

 

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