Audiencia y foro sobre este fenómeno social

¿En qué va la atención a los habitantes de calle?

Esta semana se abrirán dos escenarios con visiones opuestas de cómo atender a esta población. Mientras organizaciones sociales los ponen en el centro de los planes, el Distrito defiende el trabajo técnico que ha venido adelantando.

En la ciudad hay 9.538 habitantes de calle (8.477 hombres y 1.061 mujeres), según el Distrito. / Archivo

La habitabilidad en calle en Bogotá tuvo un cambio drástico luego de la operación que le puso fin al céntrico sector del Bronx. Luego de la intervención, los edificios que durante años fueron sede de un imperio criminal pasaron a conformar un proceso de transformación urbana, mientras quienes habitaron la zona se asentaron en territorios aledaños o se acogieron a las estrategias de atención del Distrito. La renovación de los callejones avanza, pero el debate sobre cómo atender a quienes habitan las calles no cesa. Por eso, esta semana se abrirán dos espacios que pretenden aclarar qué pasa con este fenómeno y cómo mejorar las estrategias para abordarlo.

Las visiones sobre la atención de esta población vulnerable son opuestas. Redes altruistas, como organizaciones sociales y religiosas, creen que los habitantes de calle pueden opinar más sobre lo que necesitan. Por este motivo, hoy realizan una audiencia pública en el parque Tercer Milenio, en la que se centrarán en escuchar a quienes viven en esta condición. Por su parte, el Distrito, que busca desarrollar un trabajo más técnico, adelantará entre miércoles y viernes un foro internacional en el que se intercambiarán experiencias y modelos de atención con varias capitales de la región.

Prevenir y no remendar

Quienes durante años han colaborado para que los habitantes de calle tengan una vida más digna consideran que los métodos para atenderlos parten de imaginarios y por eso no arrojan los mejores resultados. También creen que la política de drogas será determinante en la situación de los sin techo y que el fenómeno lleva años siendo atendido con “remiendos” y no con un plan a gran escala y a largo plazo.

Uno de ellos es fray Gabriel Gutiérrez, un sacerdote conocido como “Fray Ñero” por su cercanía con quienes habitan la calle. Recién llegó de Medellín, donde estuvo verificando la situación de quienes fueron desalojados en los operativos de hace un mes en la avenida de Greiff, conocida como el Bronx de la capital antioqueña. Según dice, allá tampoco hubo un plan de contingencia. “En Medellín se está dando el mismo proceso de intervención que en Bogotá, con un enfoque de recuperación urbana y no humana. Demolieron edificios y ahora los habitantes de calle están a tres cuadras, en el centro y sobre la orilla del río Medellín”.

Para que no se repita lo que ocurrió en ambas capitales, el sacerdote, que va a estar en la audiencia pública de hoy, propone que estos eventos se realicen más seguido, a manera de cabildos, para que los habitantes de calle puedan participar en los planes que diseñan para sus vidas. Agrega que es necesaria una política de drogas más profunda, que no esté basada en la prohibición, pues, dice, eso solo lleva a fortalecer las estructuras de microtráfico.

En esto coincide Alberto López de Mesa, un arquitecto que habitó el Bronx por 13 años, quien manifiesta que se debe romper el paradigma de que la habitabilidad en calle es directamente proporcional a la droga. “Ese imaginario tiene enredada la atención del fenómeno y es tenaz porque termina obviando otras grandes causas, como la pobreza, la soledad, la exclusión, la decisión voluntaria y el desplazamiento. La droga es un ritual que forma parte de la cosmogonía del habitante de calle y eso no lo entenderán nunca las autoridades”.

Según ambos defensores de los habitantes de calle, se deben plantear soluciones más allá de los centros de atención del Distrito. En este sentido proponen crear una ciudadela en la que puedan vivir tranquilos y bajo techo, con asistencia técnica y supervisión del Estado. “Si la ciudad sigue creciendo de forma dispareja y nadie toma decisiones urbanísticas, ellos lo van a hacer y van a crecer en cualquier parte de la ciudad”, concluye López de Mesa.

Hay trabajo integral

El Distrito ve la intervención del Bronx como el primer paso del proceso de atención. El siguiente fue la aparición de los Ángeles Azules, quienes se encargan de convencer a los habitantes de calle de que asistan a los centros de acogida, y ahora el plan es georreferenciar cambuches, cuerpos de agua y otros asentamientos, con lo que, según la Secretaría de Integración Social, se ha facilitado la definición de estrategias de prevención y abordaje a esta población.

En los centros de atención, la intervención es psicosocial y se busca mitigar las condiciones de riesgo en las calles. “En los centros de atención se desarrollan talleres orientados a la reducción del daño, que incluye la promoción de hábitos saludables que ayuden a disminuir el impacto de las agresivas condiciones que implica la vida en calle. También acompañamos la asistencia a los servicios médicos y a los programas de rehabilitación”, indicó la secretaria de Integración Social, Cristina Vélez.

Asimismo, el Distrito defiende avances en la creación de un plan indicativo que medirá el impacto de los programas para habitabilidad en calle y manifiesta que se trabaja en la implementación de una política pública para resignificar este fenómeno social, y en la caracterización mediante georreferenciación, que complemente el censo poblacional que se conoció en marzo.

Pero la propuesta de crear una ciudadela humanitaria no ha pasado por la cabeza del Distrito. No obstante, se plantea ampliar la infraestructura y prestar nuevos servicios, para lo cual se adelantan cuatro procesos licitatorios que superan los $12.000 millones y que están en etapa de observaciones a prepliegos. Incluyen la construcción de dos hogares de paso (uno con enfoque de género y otro para carreteros) talleres ocupacionales y centros agrícolas.

Si Bogotá es modelo o no de atención a habitantes de calle, se definirá cuando los planes comiencen a arrojar resultados. Por ahora, más allá de las posturas sobre qué se debe hacer con quienes habitan las calles, es claro que los habitantes de calle quieren ser parte de este proceso y que las acciones no deben hacerse esperar, pues se caería en el riesgo de que las mutaciones de este fenómeno sean más rápidas que sus soluciones.