El MAMA, del 26 de julio al 4 de agosto

En Sopó enseñan cómo vivir en armonía con la naturaleza

Se cumplen diez años de un festival que invita a los capitalinos y habitantes de la sabana de Bogotá a reconciliarse con la tierra de mil formas.

Técnicas para cultivar y para cuidar el medio ambiente, otros de los talleres y actividades del festival. / Cortesía

¿Cómo convertir un bus averiado en una hermosa casa? ¿Cómo construir un domo geodésico con guadua? ¿Cómo transformar una bicicleta vieja en una bicilicuadora? ¿Cómo realizar un bombardeo de semillas? ¿Cómo viajar de mochilero por Suramérica? ¿Cómo realizar un festival de diez días con poco dinero? Estas son unas pocas preguntas de las tantas que se han respondido durante los 10 años de vida del Festival a la MAMA, un festival bastante particular que desde 2008 se realiza en el municipio de Sopó, 40 km al norte de Bogotá, y que a partir del 26 de julio celebrará su décima edición.

La historia comenzó en una finca en el hermoso valle de Sopó, territorio ancestral muisca, cuando un grupo de jóvenes se reunió para preparar acciones concretas ante el avance vertiginoso de las industrias, las basuras, la urbanización, la contaminación y, en resumen, la cotidianidad de esta época confusa en que nos correspondió vivir. La respuesta fue un festival, una convocatoria abierta para que las personas con inquietudes similares pudieran encontrarse y aunar esfuerzos, un vendaval de actividades gratuitas para que muchas personas se detuvieran por un momento a reflexionar sobre su aporte a la crisis ambiental y conocieran las opciones para adoptar hábitos amables con la naturaleza.

La acogida sorprendió a los mismos organizadores, quienes desde entonces tienen el reto de optimizar los pocos recursos económicos que se logran gestionar, para que las abundantes propuestas se puedan realizar y lleguen a tantas personas como sea posible. “Cuando vas a la ciudad y ves tantos problemas parece que la crisis ambiental no tiene solución. Pero este festival nos ha demostrado que hay personas que tratan de llevar un estilo de vida en armonía con la naturaleza, una ‘inmensa minoría’ con conocimientos, experiencias y herramientas útiles para vivir sin destruir”, afirma Natalia Agudelo, fundadora del Festival a la MAMA.

En el festival, que normalmente dura 10 días, se han realizado talleres prácticos de permacultura, agroecología, cocina vegetariana, medicina alternativa, arte con reciclaje, energías alternativas, yoga, meditación, entre otros. Además, el arte se ha convertido en una poderosa herramienta para sensibilizar a los asistentes acerca de los problemas ambientales que enfrentamos. A través del circo, la danza, el teatro y la música, artistas de todo el mundo han compartido su talento para crear conciencia sobre el cambio que requiere nuestro estilo de vida. En el Salón Verde, la exposición de artes plásticas del festival, las técnicas tradicionales comparten espacio con el arte realizado a partir de materiales reciclados, y es común ver acuarelas, óleos o cerámica, junto a instalaciones elaboradas con residuos electrónicos o muñecas abandonadas, esculturas con armas blancas y cuadros con tapas de cerveza.

“Mucha gente quiere compartir conocimientos relacionados con el cuidado de la Tierra. Saben que es urgente. Nosotros nos encargamos de que no les cueste nada hacerlo, les damos transporte y alimentación vegetariana, conseguimos los espacios, las herramientas y el público para que el saber se comparta de la mejor manera posible, y ofrecemos un aporte económico simbólico, aunque sabemos que la verdadera retribución se da en otros niveles”, dice otro organizador.

Así, convocando saberes para el cuidado de la Tierra, han llegado a Sopó propuestas de todo el mundo: un médico nepalí que estaba de gira por Colombia y dictó un taller de ayurveda; una compañía de teatro mexicana que solicitó una carta de invitación y con ella gestionó los pasajes aéreos para participar en tres versiones del festival; un músico proveniente de Chicago, viajeros argentinos, españoles, ecuatorianos y chilenos, artistas y activistas de Medellín y del Cauca, de los pueblos vecinos, de Bogotá, y muchos soposeños, se han reunido en este festival para denunciar la destrucción de la Pachamama, la Madre Tierra, y proponer alternativas para remediarla.

Las voluntades no faltan, y el trabajo más complejo ha sido gestionar el presupuesto para cubrir los gastos inevitables. Para los organizadores, la opción más coherente ha sido solicitar recursos públicos para permitir la gratuidad de todos los eventos. “El dinero del Estado es de todos. Tenemos el derecho, y quizás el deber, de organizarnos para utilizarlo de la mejor manera. Nosotros nos esforzamos por administrar lo poco que recibimos en actividades que aportan al bienestar de la comunidad, y hemos demostrado que con ese poco se pueden hacer muchas cosas”, dice Agudelo.

A pesar de los esfuerzos, la trayectoria y los argumentos, el presupuesto del festival siempre ha sido escaso, y es allí donde el trueque se ha convertido en la piedra angular. Esto se hizo más evidente antes de la realización de la segunda edición, cuando algunos de los organizadores realizaron una protesta pacífica en respuesta a una acción controvertida del alcalde, que fue castigada con el corte total del presupuesto para ese año. Ante tal situación, y decididos a realizar el festival a como diera lugar, el trueque apareció para enseñar que la voluntad es más importante que el dinero.

Ese año los trueques se sucedieron unos a otros, sin planearlo: el arreglo de una casa abandonada a cambio de habitarla; alojamiento durante varios días a un dúo musical a cambio de presentaciones; las fotografías para el portafolio de una artista a cambio de talleres de teatro; el maquillaje para una presentación artística a cambio de publicidad al salón de belleza; el diseño publicitario a cambio de mangos; mangos a cambio de trabajo...

La primera Feria de Trueque, realizada en 2009, abrió las perspectivas de forma ilimitada, demostrando que la abundancia es inevitable cuando prevalece la intención de compartir. Desde entonces se han realizado más de 50 ferias en distintos lugares, para promover el intercambio de una amplia variedad de bienes, saberes y servicios sin mediación de dinero; se estableció una tienda de trueque durante un año, con éxito inusitado, y, sobre todo, se incorporó el hábito del intercambio como una opción ante el consumismo, ya normalizado.

La décima edición

Este año el festival celebra su décima edición, que se realizará del 26 de julio al 4 de agosto, bajo el lema “Disoñando la utopía”. La programación, además de las actividades tradicionales, como la Feria de Trueque, el Salón Verde o los talleres, incluye un concierto de la banda Aterciopelados, que gracias a una alianza entre la Secretaría de Ambiente, el festival y la Semana de la Juventud, se presentará por primera vez en Sopó, haciendo un poderoso llamado al cuidado de la naturaleza. La entrada será gratuita, como todas las actividades del festival durante sus 10 años de trayectoria, pero a la entrada se solicitará material reciclado, que será administrado por los recicladores de Sopó.

Cada vez son más las propuestas y las ideas innovadoras que surgen en respuesta a la crisis. La gente es cada vez más consciente de que el cambio debe empezar en casa, y existen muchos conocimientos útiles para vivir con bienestar sin destruir la naturaleza. Ojalá algún día podamos contar con los recursos necesarios para apoyar tantas acciones urgentes que emergen en tantos lugares. Que el Festival a la MAMA sea todos los días...

* Periodista y fundador de IBI-Tekoa, Aldea de la Tierra. Más en www.ibitekoa.blogspot.com.

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Juan Carlos Rocha * / Especial para El Espectador

Bogotá

En Sopó enseñan cómo vivir en armonía con la naturaleza

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